La expoliación de la clase trabajadora, sometida de mil y una formas al dominio de las grandes corporaciones, es lo que verdaderamente representa el imperialismo.
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Al abrir este libro de Voltaire, sus páginas comienzan a chorrear vicios y maldades que el gran francés ilustrado denunció en esta magnífica obra. Voltaire ‒ampliamente conocido por una intelectualidad cada vez menos numerosa y más ampliamente desconocido por la mayoría de los trabajadores de los pueblos del mundo‒ es el seudónimo usado por Francois Marie Arouet (1694-1798), varias veces recluido en la tenebrosa cárcel La Bastilla, de París, y perseguido casi de por vida por defender siempre la razón, la verdad y mostrar a sus lectores las terribles consecuencias de la intolerancia y la superstición; fue el campeón defensor de la convivencia pacífica entre personas de distintas creencias y religiones: ello le costó que algunas de sus obras fueran prohibidas y quemadas.
En Cándido o el optimismo crea un personaje que permanece desesperadamente ingenuo a lo largo de toda la obra, Cándido, a pesar de ser víctima de todos los males posibles. Pero admirablemente no nacen en él la malicia y la resistencia, puesto que las enseñanzas filosóficas de su preceptor Pangloss “lo vacunan”, diríamos hoy, contra cualquier oposición a cambiar la realidad dado que “éste es el mejor de los mundos posibles” y hay que aceptarlo como tal. La optimista candidez, no tan imposible en la vida real, permite al autor contraponer al personaje central a los males de su tiempo con tal claridad y eficacia literaria que inevitablemente enseña, educa, previene al lector; porque lo obliga a razonar y oponerse, con las entrañas, a los creadores de tales perjuicios y daños contra Cándido.
La crueldad y la deshumanización que permean por toda la obra nos manchan y violentan, logrando que las rechacemos: allí reside su actualidad y gran valor formativo y sensibilizador. Con ayuda de Cándido, también podemos aprender a repeler las modernas guerras y feroces agresiones contra los pueblos del mundo encabezadas por los fascistas actuales, los inhumanos sionistas y otanistas.
En este cuento filosófico del Siglo XVIII hallamos los antecedentes ideológicos directos de la barbarie a la que nos ha conducido el imperialismo dominante, que oprime y agrede a Palestina; el mismo imperialismo que ha arremetido y provocado continuamente a Rusia durante más de un siglo con las llamadas guerras mundiales y hoy la acosa desde Ucrania con toda la fuerza y armamentos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); que por más de seis décadas ha bloqueado a Cuba y se prepara a exterminarla. La brutalidad de las clases poderosas denunciadas por Voltaire en aquel tiempo se ha perfeccionado, remasterizado y reeditado por el capitalismo.
Así describe a los inhumanos de su tiempo en el capítulo XXI: “‒¿Cree usted ‒dijo Cándido‒ que los hombres siempre se hayan matado entre sí, como lo hacen ahora?, ¿que hayan sido siempre mentirosos, bribones, pérfidos, ingratos, bandidos, débiles, volubles, cobardes, envidiosos, glotones, borrachos, ambiciosos, sanguinarios, calumniadores, avaros, disolutos, fanáticos, hipócritas y estúpidos?”, y más adelante llama a un cura perigordino “descarado, adulador, acomodaticio”, etcétera: males de los que hoy siguen siendo víctimas, por activa o por pasiva, millones de seres humanos.
La solución que ofrece Voltaire peca también de cierta candidez utopista pequeñoburguesa; pero corresponde a usted encontrarla en las páginas de este enciclopedista francés. ¡Bon appétit!
La expoliación de la clase trabajadora, sometida de mil y una formas al dominio de las grandes corporaciones, es lo que verdaderamente representa el imperialismo.
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Escrito por Luis Miguel López Alanís
Periodista y escritor. Autor del libro “Ecos de los organizadores”.