La verdadera felicidad proviene de condiciones de vida materiales que posibiliten el desarrollo pleno del ser humano.
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En la biblioteca de Chetham, en Manchester, “hay una mesa con una pequeña placa que dice: ‘Aquí se sentaban Marx y Engels cuando escribían el Manifiesto’. Debo decirles que eso es lo más cerca que he estado de una experiencia religiosa, ¡porque podía sentir la fuerza de aquellos dos jóvenes que dedicaron su vida a cambiar el mundo! Pero, ¿cómo lo hicieron? Estudiaron el capitalismo, que era la fuerza dominante en aquel mundo, entonces como ahora (…). Aquellos dos jóvenes eran personajes extraordinarios: ¡lo leían todo! No lo hacían por entretenimiento, sino para alcanzar una comprensión del mundo con fundamentos científicos. Sentaron las bases de un análisis de una manera que nadie había logrado antes. Deberíamos tomarnos más en serio la dimensión económica de su legado”.
Esto dijo en una entrevista el científico social Anwar Shaikh, quien dedicó toda su vida adulta a eso: a avanzar en la comprensión científica del capitalismo, tomando como fundamento la obra de Carlos Marx. Todo esto antes de fallecer el pasado seis de octubre. Su obra enciclopédica, pareciera, pertenece al ámbito de la economía académica, accesible solamente para los especialistas. Sin embargo, sostengo que es importante que un público más amplio la conozca, entre muchas razones, porque es una muestra de lo que es capaz de lograr el pensamiento humano cuando se decide a asumir una actitud verdaderamente crítica ante el mundo y las ideas dominantes sobre el mismo.
Esta actitud llevó a Shaikh a enfrentarse, desde muy temprano en su carrera, con dos de las ortodoxias más importantes. La primera no tiene nada de sorprendente: se trata de la teoría económica dominante en el mundo (en ese entonces llamada economía neoclásica), que constituye una idealización del capitalismo, al que representa como un sistema armónico que, dejado a sus libres fuerzas y en ausencia de interferencias o factores “externos”, conduce necesariamente a la mayor eficiencia posible.
La segunda, por el contrario, es mucho menos intuitiva. Shaikh se enfrentó frontalmente con la ortodoxia marxista de su tiempo en el ámbito de la economía: la teoría del capital monopolista, según la cual, llegado el capitalismo a su etapa imperialista, la competencia entre capitales desaparece para dar lugar al monopolio generalizado.
Generaciones de marxistas tomaban esto como una verdad incuestionable, hasta que Anwar, con un estudio riguroso de la teoría y de la evidencia disponible, mostró sus enormes debilidades. El resultado no fue una simple defensa ni un retorno mecánico a El capital, sino una concretización de la teoría de la competencia desarrollada por Marx, es decir un desarrollo que permitió detallar de manera más completa la teoría original. A esto, Shaikh lo denominó la competencia real, para oponerla directamente a la idea de “competencia perfecta”, que constituía la base de la economía neoclásica y de la teoría del capital monopolista.
Una vez establecida esta base teórica, Shaikh la utilizó para estudiar gran cantidad de aspectos fundamentales para la comprensión del capitalismo contemporáneo: el comercio internacional, las finanzas, la deuda, la inflación y el desempleo, entre otros. Es decir, ahondó, partiendo de la obra de Marx, pero enriqueciéndola con los nuevos desarrollos de la ciencia económica, en aspectos del capitalismo que Marx no pudo estudiar ni sistematizar teóricamente, pero que son fundamentales para entender el mundo actual.
Su obra, evidentemente, no está exenta de crítica, debate y refutación, pero constituye un avance fundamental que nos obliga a actualizar nuestra concepción del capitalismo y, por lo tanto, nuestra forma de enfrentarlo. Las implicaciones no son menores.
A modo de ilustración, detengámonos un momento a considerar lo siguiente: ¿cómo se puede explicar el surgimiento del llamado mundo multipolar a partir de la idea del capital monopolista? ¿Cómo se puede hablar de la disputa de la “hegemonía económica”, si la idea de monopolio en principio excluye la posibilidad de tal competencia? Estas simples preguntas nos obligan, por ejemplo, a desarrollar la teoría marxista del imperialismo partiendo de la competencia realmente existente entre los grandes capitales del mundo, tomando en cuenta, por supuesto, el papel que desempeñan los Estados nacionales en tal competencia a escala global.
Uno de sus numerosos alumnos sintetizó con mucha precisión su posición ante la investigación y la docencia: no lo hacía para tener razón, sino para entender. En la coyuntura actual, caracterizada por un aparente caos generalizado, y en el que las expresiones políticas más reaccionarias se esfuerzan por imponer la irracionalidad total, se vuelve más urgente que nunca adoptar este espíritu crítico y tratar, seriamente, de entender qué es lo que está sucediendo, por qué, y actuar en consecuencia. Por eso invito a todos los lectores a conocer la obra de Anwar Shaikh, un verdadero gigante de la ciencia económica.
La verdadera felicidad proviene de condiciones de vida materiales que posibiliten el desarrollo pleno del ser humano.
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Escrito por Jesús Lara
Licenciado en Economía por El Colegio de México. Doctorante en Economía en la Universidad de Massachusetts Amherst de EE.UU.