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El 1º de octubre de 1949, Mao Zedong proclamó, ante una inmensa masa popular que lo acompañaba en la plaza de Tiananmen, la fundación de la República Popular China. Este año se cumplen 75 años de ese acontecimiento y el país lo celebra con mucho orgullo. Hay razones de sobra para ello, pues hoy China se ha convertido en un modelo a seguir para todo el mundo, especialmente para los países pobres de la Tierra, que son la inmensa mayoría.
En 1949, la situación de China era la de un típico país pobre y sometido. Económicamente, su PIB per cápita era similar al de los países más pobres de África. Tecnológicamente, no tenía la capacidad de fabricar ni siquiera un carro. Socialmente, el hambre, la ignorancia y la enfermedad asolaban al pueblo chino, lo que conllevaba una efervescente actividad criminal. Políticamente, el Estado no controlaba realmente el territorio nacional y había una grave fragmentación interna. Internacionalmente, China era un país que nadie respetaba.
En 2024, la situación de China ha cambiado radicalmente, es la segunda economía más grande del mundo y su PIB per cápita está muy cerca de alcanzar al de los países desarrollados. Tecnológicamente, es el país que más patentes registra y está a la vanguardia de las tecnologías del futuro, como las telecomunicaciones y la energía verde. Socialmente, su esperanza de vida ya superó a la de Estados Unidos, cuando en 1962 un estadounidense vivía, en promedio 19 años más que un chino. Políticamente, el Estado chino no sólo es capaz de gobernar eficientemente a mil 400 millones de personas, sino que tiene una aceptación ciudadana superior al 90 por ciento. Internacionalmente, todo el mundo respeta a China, su soberanía y su autodeterminación.
75 años parece mucho tiempo, sin embargo, si nos detenemos a pensar qué países han dejado de ser pobres y sometidos para convertirse en países ricos y libres, es difícil encontrar alguno. En América Latina, África y Asia, en general todos los países están ahora en una situación similar o peor a la que tenían en 1949, en relación con los países desarrollados del mundo. Hay excepciones, como los países petroleros de Asia occidental (Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudita) o países asiáticos como Corea del Sur y Singapur, pero, precisamente por ser muy pocos casos, no alcanzan a marcar una tendencia general. Es decir, incluso vistos en la perspectiva de un siglo, los cambios que ha tenido China son gigantescos.
Aunque China no se lo propone ni lo anuncia así, lo cierto es que el país se ha convertido en un modelo de desarrollo para todo el mundo. Para los países desarrollados, China es un modelo porque ha podido desarrollarse exitosamente sin invadir a otros países, sin colonizar a nadie y sin llenar el mundo de bases militares. A diferencia de Europa y Norteamérica, el desarrollo de China ha sido pacífico. Gracias a ello, los países pobres y débiles del mundo no ven a China como una potencia que impone sus intereses con la fuerza, sino como un socio que puede ayudarlos a desarrollar sus propias capacidades. Por otro lado, la estabilidad política, la nula criminalidad, el compromiso con el desarrollo verde, el combate a la pobreza y el crecimiento económico también son rubros en los cuales los países desarrollados pueden aprender de China.
Los países pobres y sometidos del mundo tenemos mucho que aprender. En primer lugar, China es un ejemplo vivo de que sí es posible transformar radicalmente la situación de nuestros países, dejar de ser países pobres y sometidos para volvernos países ricos y libres. En segundo lugar, podemos aprender cómo le hizo China para desarrollarse económicamente, combatir la pobreza, impulsar el desarrollo verde, avanzar tecnológicamente y mantener su estabilidad política y social.
China no es un modelo para calcar, pues las condiciones de todos los países son diferentes y el desarrollo de cada pueblo exige medidas diferentes. Pero sí es un modelo en el sentido de que demuestra que sólo con un partido científico y popular a la cabeza los pueblos pueden liberarse de la pobreza y la opresión. En China, ese papel de vanguardia lo ha desempeñado el Partido Comunista en los últimos 75 años. Urge que nosotros pongamos a la cabeza de México a una fuerza política igualmente preparada en el terreno científico e igualmente comprometida con los intereses de las grandes masas populares.
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Escrito por Ehécatl Lázaro
Columnista de politica nacional