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Economía
México sin soberanía alimentaria
Si bien el maíz blanco es el que se emplea principalmente para consumo humano, el amarillo es un elemento clave para la soberanía alimentaria porque se usa para alimentar pollos, reses, cerdos y demás animales del sector.


En los dos primeros meses del año, México rompió nuevamente récord en importación de maíz proveniente de Estados Unidos (EE. UU.): el total importado en 2026 fue de tres millones 952 mil 249 toneladas, lo que representó un aumento de 11 por ciento respecto a enero y febrero de 2025. En 2025 se importaron de EE. UU. alrededor de 26.1 millones de toneladas. El maíz que se importa es principalmente amarillo (transgénico), que se emplea en el consumo pecuario (49.5 por ciento en 2025) y en la agroindustria –almidonera, cerealera, etc.– (9.1 por ciento).

Si bien el maíz blanco es el que se emplea principalmente para consumo humano, el amarillo es un elemento clave para la soberanía alimentaria porque se usa para alimentar pollos, reses, cerdos y demás animales del sector. Esto significa que afecta indirectamente la producción de huevo, productos lácteos, carnes, etc. Podemos decir, entonces, que en la medida en que México importa el 89.1 por ciento del maíz amarillo, y que más del 90 por ciento de éste proviene de EE. UU., somos dependientes en materia alimentaria de ese país, al menos para la producción de los bienes ya mencionados.

No tener soberanía alimentaria –es decir, depender de otras naciones para satisfacer la demanda nacional de alimentos– tiene consecuencias negativas, tanto en términos económicos como políticos. Por un lado, al depender de la importación de productos, la economía mexicana queda expuesta a las fluctuaciones de los precios internacionales y a shocksexternos (como malas cosechas, guerras o aumentos del costo del combustible). Esta exposición se traduce en una mayor volatilidad de los precios que no solamente afectan a los bolsillos de las familias mexicanas (especialmente las más pobres), sino también las inversiones nacionales en el sector pecuario y agroindustrial, que no pueden planificar a mediano plazo por la incertidumbre de los precios de las importaciones. Por otro lado, dado que más del 90 por ciento de las importaciones de un insumo estratégico como el maíz amarillo está concentrado en un solo proveedor (EE. UU.), le otorga a ese país una capacidad de presión política y comercial sobre México. En un contexto de tensiones comerciales o revisiones de tratados como el T-MEC, el suministro de maíz podría utilizarse como herramienta de negociación, poniendo en riesgo la estabilidad de la cadena alimentaria nacional.

Durante el sexenio pasado se insistió en que se atendería urgentemente este problema y México tendría soberanía alimentaria; sin embargo, poco se hizo al respecto. No haber realizado las políticas pertinentes nos pasará factura en los próximos meses, dado el contexto internacional. Por el encarecimiento del gas natural a nivel global (derivado de conflictos geopolíticos como el cierre del Estrecho de Ormuz), los fertilizantes nitrogenados –esenciales para la producción de maíz amarillo– escasean y han subido de precio en EE. UU. Además, se ha incrementado el costo del diésel, que utilizan los agricultores y que se requiere para el transporte del grano. De acuerdo con el Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA), se espera que este año la superficie sembrada de maíz disminuya aún más con respecto al año anterior.

Esto se traducirá, evidentemente, en un aumento del precio de varios productos de consumo básico para las familias mexicanas. A finales de 2025, de acuerdo con datos del Inegi, cerca del 32.3 por ciento de los mexicanos era incapaz de costear la canasta alimentaria; esto es, 42.3 millones de personas. Con el alza de los precios de la carne, productos lácteos, huevo y demás mercancías cuya producción depende directamente del maíz amarillo, las familias más pobres se verán aún más incapaces de alimentarse.

Urge que el gobierno mexicano se tome en serio la tarea de impulsar la producción nacional de maíz amarillo y de otros alimentos cuya demanda se solventa con productos extranjeros, pues esa dependencia pone en riesgo la seguridad alimentaria de los mexicanos, sobre todo de los más pobres. 


Escrito por Ollin Vázquez

Maestra en Economía por la UNAM.


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