Sobre la falsedad del origen “natural” de los fenómenos sociales, la historia nos ilustra.
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Muchas de las mediciones que se emiten obedecen, en más de una ocasión, a un carácter subjetivo, es decir, dependen del planteamiento mostrado por el investigador para interpretar tal fenómeno de la realidad. También es cierto que, para que sea reconocido como un registro adecuado y el investigador reconocido por su aportación a la ciencia, ese indicador debe corresponder con la realidad, en otras palabras: lo que el indicador señala y lo que en la realidad sucede. Esta correspondencia entre el modelo y la realidad resulta fundamental para la comprensión objetiva y científica de la vida.
En alguna ocasión, en Princeton, un profesor fanático de los modelos económicos afirmó que “si la realidad no se ajustaba a su modelo matemático, era un problema de la realidad y no del modelo”, pues, según él, las variables y los supuestos eran “impecables”. Mire nada más, estimado y paciente lector, ahora resulta que el modelo está por encima de la realidad.
Marx escribió la Tesis 11 sobre Ludwig Feuerbach que advierte: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversas maneras el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, en otras palabras, la forma en que los filósofos estudian la realidad, la dejan intacta, no la modifican. Por eso, Marx propuso un nuevo método científico para analizarla, y que, por tal motivo, sí transforma la realidad. El método utilizado por Marx, además de ser materialista, es científico y permite comprender la realidad objetivamente, reconociéndola y transformándola.
De esta suerte, el planteamiento que Marx aplica, advierte que no se puede imponer nuestra voluntad a la realidad material, por el contrario, el científico estudia la realidad, la analiza, profundiza en el análisis y modela en su cabeza. Pero parte del aspecto más concreto de la realidad para estudiarla con su capacidad de abstracción y luego regresar a la realidad concreta y sacar conclusiones correctas. Así que, si alguien propone una forma de entender la realidad, pero no la toma en consideración y saca conclusiones, entonces debemos entender que impone su perspectiva personal a la realidad: lo que no es necesariamente científico.
El proceso de producción científica es como el proceso de producción de artículos elaborados con el trabajo del hombre. El ingeniero Aquiles Córdova Morán, secretario general del Movimiento Antorchista, ha expresado claramente que la ciencia, como proceso de investigación, es un proceso de producción y, por tal motivo, se encuentra en la base económica y no en la superestructura.
El proceso de trabajo se compone de dos elementos fundamentales: la fuerza de trabajo: representada por el científico, y los medios de producción que, a su vez, se subdividen en: materias primas: el objeto sobre el que se trabaja, y los medios de trabajo: los elementos que se utilizan para actuar sobre las materias primas. Los medios de trabajo se clasifican en medios de trabajo en sentido estricto: aquellos que impactan o transforman directamente la materia prima (p. ej., instrumentos, equipos de laboratorio) y medios de trabajo en sentido amplio: aquellos que son necesarios para auxiliar o facilitar el proceso productivo, pero que no interactúan de forma directa con la materia prima (p. ej., el espacio del laboratorio, los sistemas de ventilación, la infraestructura).
Los medios de producción de la ciencia son los elementos que sirven para demostrar un proceso: microscopio, tubos de ensayo, agujas, bisturíes, etc., en biología; en economía, sólo queda la abstracción, como escribió Marx. Pues bien, dada la condición del proceso de producción, resulta que los medios de producción están en manos privadas y los trabajadores de la ciencia, es decir, los científicos, no tienen esos medios; por ende, pese a su saber, a su preparación, se vuelven esclavos también de los poderosos y los resultados científicos pueden usarse contra la humanidad y a favor de unos cuantos; así, quienes deciden cómo se aplica el producto de su trabajo, son los dueños de los medios de producción. Ése es el caso de Oppenheimer, con la bomba atómica, cuyo uso fue nefasto. Aunque después pretendió reivindicarse, ya no tenía opción, el daño mortal en Hiroshima y Nagasaki estaba hecho; y el imperialismo norteamericano nunca podrá quitarse esa cicatriz mortal.
Por eso, llama la atención que la nueva directora del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), Graciela Márquez, esposa de Gerardo Esquivel, quien nunca ha negado su simpatía por Morena, haya modificado, desde mi enfoque, acríticamente la forma de medir la pobreza; de tal suerte que, con un cambio de umbral o en la forma de medirla, puede obtener en el papel resultados que no necesariamente corresponden con la realidad; y creo que ése es el caso.
Según ellos, 13 millones de mexicanos salieron de la pobreza extrema. ¿A qué se lo atribuyen? A los programas sociales de transferencias monetarias directas; sin embargo, todos sabemos que esos programas son electoreros y únicamente benefician a 30 millones de mexicanos. Hacen un cálculo grueso y con fines electorales, repito, usan a los beneficiarios para obtener votos, pero quedan exactamente igual que antes. Para sacar en verdad de la pobreza a la gente, deben realizar lo que los chinos: hacer que produzcan y que tengan mercado para que los productos sean de buena calidad y se vendan a buen precio; asimismo, no se permite que la gente regrese nuevamente a la pobreza y, para ello, tienen una “megabase” de datos que registra a las personas que salieron de la pobreza para que no regresen a la pobreza extrema. No se trata de anunciar que alguien salió de la pobreza, se trata de garantizar que realmente hayan salido y, no sólo eso, debe cuidarse que no regresen nunca más. Ése es el espíritu correcto, desde mi perspectiva, pero no se está realizando en el gobierno de Morena.
La salida de más de 13 millones de personas de la pobreza extrema es una comedia, una nueva farsa como las que ya se acostumbraron a escenificar los morenistas y no tiene que ver con la reducción de la pobreza real, obedece a una leve modificación en la forma de medir, en el umbral utilizado para cribar a quiénes pertenecen y quiénes no a la pobreza extrema. Pobres de los pobres y pobre de la pobreza que ahora miden los morenistas a su gusto; y desde luego, no garantizarán la seguridad de una vida mejor para quienes ellos declaran que ya no viven en pobreza extrema.
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Escrito por Brasil Acosta Peña
Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en el CIDE.