Cargando, por favor espere...

Economía
Maquiladoras, militarización y violencia
Dos realidades coexisten en México, aparentemente desconectadas: una marcada por la creciente violencia perpetrada tanto por el Estado como por el crimen organizado, y la otra caracterizada por el dinamismo económico.


Dos realidades coexisten en México, aparentemente desconectadas: una marcada por la creciente violencia perpetrada tanto por el Estado como por el crimen organizado, y la otra caracterizada por el dinamismo económico y los altos niveles de inversión extranjera, comercio y manufactura de exportación.

El origen de esta paradoja se remonta a la reestructuración capitalista de finales del Siglo XX. Las crisis de las décadas de 1970 y 1980 impulsaron la externalización de la manufactura del Norte al Sur Global, donde la mano de obra era más barata. México se transformó radicalmente, abandonando el modelo de sustitución de importaciones para adoptar uno orientado a la exportación, centrado en las maquiladoras. Las reformas neoliberales, culminadas con el TLCAN en 1994, trajeron privatización, una caída salarial del 80 por ciento y una desregulación favorable al capital extranjero.

Este modelo se ha consolidado y acelerado tras la crisis financiera de 2008. Bajo el nuevo T-MEC y el impulso del nearshoring, la industria manufacturera, especialmente la automotriz, ha crecido exponencialmente. El empleo se duplicó entre 2009 y 2023, y las exportaciones a Estados Unidos casi alcanzaron los tres mil millones de dólares. La inversión extranjera, que aumentó un 50 por ciento sólo en 2023, fluye hacia este sector. El atractivo de México radica en una fórmula poderosa: proximidad al mercado estadounidense y bajos costos laborales.

El sindicalismo proempresarial, el despojo rural y las políticas migratorias restrictivas contribuyen a mantener bajos los salarios al desmovilizar la lucha de la clase trabajadora y garantizar una abundante reserva de mano de obra industrial, una ventaja comparativa fundamental para la integración de la economía nacional al mercado global. De la misma manera, la violencia y la militarización lo hacen al controlar la disciplina de la fuerza laboral dentro del ámbito de la reproducción social capitalista. El terror social del Estado y el crimen organizado es fundamental para el régimen laboral despótico que caracteriza a las ciudades maquiladoras de México.

Durante el mismo periodo de crecimiento dinámico del sector manufacturero orientado a la exportación, México experimentó una transformación en el ejercicio del poder político marcada por el despliegue de un aparato militar, supuestamente con fines de seguridad pública para combatir el crimen organizado en la llamada “guerra contra las drogas”. Como parte de este cambio, la presencia de fuerzas de “seguridad”, incluyendo policías y militares, se expandió rápidamente por todo el país. Esto ha estado acompañado por el nuevo rol del Ejército y la Marina como administradores de megaproyectos de transporte, puertos y aeropuertos, así como por un aumento exponencial del presupuesto público asignado al aparato militar. Los procesos de militarización coexisten con formas conexas de violencia perpetradas por organizaciones criminales, grupos paramilitares y empresas de seguridad privada. Esta violencia ha tenido un costo; entre 2006 y 2024 se han registrado más de 350 mil homicidios y 110 mil 400 desapariciones en México.

Contrario a la narrativa del “Estado fallido”, el crimen organizado y el Estado no son fuerzas opuestas. La violencia funciona como un mecanismo de control estatal al servicio del capital. Su objetivo es reprimir el descontento social, mantener el poder y facilitar la acumulación mediante el despojo de territorios y recursos estratégicos. Este despliegue de terror estatal y paraestatal sigue una lógica de estrategia militar preventiva: no busca combatir un enemigo convencional, sino neutralizar cualquier amenaza potencial –como la organización colectiva– antes de que surja, especialmente en zonas vitales para los intereses trasnacionales.

La violencia en México no es un síntoma de caos, sino un pilar funcional de un modelo económico exitoso en términos de ganancias. El terror social es la contracara indispensable del dinamismo exportador, garantizando un entorno de trabajadores disciplinados y territorios controlados para el capital. 


Escrito por Samira Sánchez

Maestra en Estudios Urbanos por El Colegio de México. Realiza estudios de doctorado en la misma institución.


Notas relacionadas

En la mayoría de los debates a través de los medios de comunicación masiva sobre quién paga impuestos en México, los presentadores de televisión, articulistas de periódicos y analistas suelen considerar la falta de pago de los trabajadores informales como el principal problema.

La baja demanda de bienes importados redujo el indicador mensual y frenó el ritmo de crecimiento anual.

La jefa de Gobierno planteó un “gran acuerdo” con medios para disminuir la cobertura de violencia, aunque críticos advierten que el problema no es la narrativa, sino la realidad en las calles.

Ve por Más advierte que la economía sigue limitada por baja inversión y rezagos estructurales.

El tratado Nuevo START vence el 5 de febrero, lo que deja sin ningún acuerdo vinculante que limite el uso de arsenales nucleares.

Los países miembros reducen su exposición a la deuda pública estadounidense mientras elevan sus tenencias de oro.

El Inegi atribuyó esta caída a la incertidumbre interna y externa que afectó la percepción de los directivos empresariales del país.

Las Afores enfrentan mayor presión por retiros y menor capacidad de aportación.

Para el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, la continuidad del tratado constituye el asunto de mayor importancia para México, pues de ésta depende la viabilidad económica del país en el corto plazo.

Los agentes federales crean un clima de miedo incompatible con una democracia sana, aseguran los expresidentes.

El más reciente hecho dejó un saldo de 11 personas muertas y 12 más heridas.

Desde el marxismo-leninismo, la desigualdad extrema no es una desviación ni el resultado de políticas equivocadas, sino una consecuencia necesaria del funcionamiento del capitalismo, particularmente en su fase imperialista.

BBVA recomendó ajustar el presupuesto, reducir consumos innecesarios y usar el crédito con cautela.

El organismo recortó su estimación del PIB ante el impacto de políticas fiscales y monetarias restrictivas.

La inflación general y la subyacente se mantendrían por encima del rango objetivo del Banco de México.