Todo parece indicar que el bloque en el poder ya decidió que la reforma para imponer una jornada legal de trabajo de cuarenta horas a la semana va a ser aprobada por el Congreso antes del 15 de diciembre.
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León Tolstói escribió La guerra y la paz entre 1863 y 1869. En ella destacó los efectos nocivos de la beligerancia en una sociedad con relativa calma; destacó el heroísmo del pueblo ruso y la necesidad de tomar las armas para alcanzar nuevamente la paz. A la cabeza, el general Kutuzov y el pueblo ruso derrotaron al imperialismo napoleónico en 1812, cuando surgió la magnífica obra de Tchaikovski: la llamada 1812. Ésta fue la primera vez que el pueblo ruso salvó a la humanidad del imperialismo.
La coyuntura de la Primera Guerra Mundial, la tradición de lucha del pueblo ruso, la concientización de la clase obrera, con la expresión de los ideales gracias a la teoría del partido de los trabajadores, creada por Vladimir Ilich Lenin, fueron los elementos que produjeron la primera revolución proletaria del mundo.
Una vez en el poder, el nuevo gobierno fue duramente atacado por las élites imperialistas de la derecha mundial; y Lenin debió firmar lo que la historia llamó: “la asquerosa paz” de Brest-Litovsk. No obstante, esta condición obligó a los “aliados” a combatir con más energía al imperialismo alemán, cuya derrota quedó expresada en la firma del Tratado de Versalles, que trajo consigo nuevamente la paz; sin embargo, no por mucho tiempo, pues no murió el huevo de la serpiente, es decir, el imperialismo. Segunda vez que Rusia intervino inteligentemente en la salvación del mundo.
Hitler violó el Tratado de Versalles y nadie se opuso, pues los países occidentales esperaban que atacara a la Unión Soviética, ya que el comunismo era el enemigo común del imperialismo alemán y del imperialismo occidental con Estados Unidos (EE. UU.) e Inglaterra a la cabeza.
Aunque coincidían en la lucha contra el comunismo, no lo hacían en sus respectivas visiones imperialistas: los alemanes no estaban dispuestos a compartir el mundo con nadie: o eran los nazis o nadie más. Ni los alemanes ni los imperialistas occidentales contaban con la valentía, la disposición, destreza, energía y capacidad de resistencia y conciencia del pueblo ruso en la Gran Guerra Patria.
Todos conocemos el resultado: más de 27 millones de muertos. El Ejército Rojo, dirigido por el general Georgui Zhúkov, venció la resistencia del despiadado y sangriento ejército nazi; y con sus soldados valientes tomó Berlín; los rusos fueron los primeros en llegar a esa capital, aunque nos hayan querido vender la idea de que fueron EE. UU. y los ingleses quienes llegaron primero.
Las grandes pruebas del heroísmo y la resistencia del pueblo ruso están registradas en la historia de la Gran Guerra Patria: la heroica defensa de Leningrado, resumida en la Séptima Sinfonía de Shostakovich, que los músicos debilitados por el hambre y la enfermedad tocaron valientemente, significó el principio de la derrota alemana, según algunos autores, la gran defensa de Moscú, el triunfo de Stalingrado y la toma de Berlín, sólo por mencionar algunas de ellas.
La dirección general de Stalin y la dirección militar de Zhúkov cambiaron la historia de la humanidad en la Segunda Guerra Mundial. Con su guía y, repetimos, con el gran sacrificio del pueblo socialista ruso derrotaron al fascismo nazi en su propia cueva; sin embargo, exhaustos por el derramamiento de sangre y por la falta de recursos, no pudieron acabar con la serpiente: el imperialismo norteamericano lanzó dos bombas nucleares para matar despiadadamente a civiles como mensaje para el campo socialista. Tercera vez que el pueblo ruso salvó al mundo.
Luego vino la Guerra Fría, que también cobró la vida de miles de seres, pues los permanentes intentos de tomar el poder político y económico del mundo llevaron al imperialismo a imponer su voluntad ante la caída del bloque socialista; los teóricos del imperialismo lo asentaron por escrito, como Francis Fukuyama, quien sentenció que el mejor de los mundos posibles era el orden capitalista en su fase superior, el imperialismo.
Los pueblos del mundo podemos desear la paz, pronunciarnos enérgicamente por ella, pero son las élites poderosas las que no quieren la paz; pues como personeros del capital, están obligadas a obedecer los lineamientos otorgados por la propiedad privada sobre los medios de producción, el afán por obtener la máxima ganancia derivada de la plusvalía extraída al obrero y los recursos naturales extraídos a nuestras naciones.
En estos tiempos aparentemente “renace” el fascismo; sin embargo, como señaló el dirigente del Movimiento Antorchista Nacional (MAN), el ingeniero Aquiles Córdova Morán, el fascismo nunca murió al término de la Segunda Guerra Mundial: murió su cara alemana, pero las herederas naturales del fascismo son las élites estadounidenses.
Así se explica el genocidio en Gaza hoy, perpetrado por quienes otrora fueron perseguidos por los nazis; así se explican los ataques a Irán con bombas norteamericanas para que ese país no produzca armas nucleares, mientras Israel tiene, según se estima, 400 o más; así se explica que el presidente Trump no haya resuelto, como prometió, el conflicto en Ucrania; así se explica la guerra arancelaria contra China, contra Brasil y contra el mundo; así se explican las amenazas de invadir a México y a Venezuela, con el falso pretexto de combatir el narcotráfico.
Por eso, en estos tiempos, la respuesta de Rusia es la correcta (cuarta vez que Rusia está salvando al mundo del imperialismo); la respuesta de Venezuela es la correcta, la respuesta de China es la correcta y la Asamblea Pública Mundial, realizada en Moscú –a la que fui invitado como representante de México y del MAN– acierta en destacar el análisis sobre “el papel de los pueblos de América Latina ante la paz”.
Por ello, la respuesta más eficiente para alcanzar la paz en el mundo es la que Lenin nos legó en 1917: los trabajadores del mundo debemos organizarnos, ponernos de pie en nuestros países y arrebatar a las élites imperialistas el poder y, desde ahí, defender la paz con las armas en las manos, como lo realizó Rusia en la Gran Guerra Patria; como lo efectuó China contra el imperialismo japonés; como lo hizo Cuba que, pese al inhumano bloqueo, mantiene viva su Revolución y el legado de Fidel y El Ché; y como están haciendo hoy Rusia y Venezuela al defender su derecho a la soberanía.
Ésa es la tarea. Silvio Rodríguez, en su Canción del Elegido, dedicada a Abel Santamaría, escribió: “y comprendió que la guerra era la paz del futuro”. Luchemos por un mundo multipolar y mejor. ¡Proletarios de todos los países, uníos!
Todo parece indicar que el bloque en el poder ya decidió que la reforma para imponer una jornada legal de trabajo de cuarenta horas a la semana va a ser aprobada por el Congreso antes del 15 de diciembre.
El pueblo de Tecomatlán se viste de gala porque abre sus puertas para recibir a los participantes en el XXIV Encuentro Nacional de Teatro.
Este México nuestro se ha hecho, por sus condiciones, tan irreal, tan innecesario, que así como está ya no tiene ninguna utilidad para el pueblo pobre.
“Humanismo Mexicano”; Altagracia Gómez (empresaria asesora de Sheinbaum) y José Antonio Fernández (presidente de FEMSA) prefieren llamarlo “Capitalismo Consciente”.
Recientemente leí el texto La constitución urbana y espacial de la ZEDEC Santa Fe: origen y desarrollo producto de la reestructuración urbana y símbolo del proyecto neoliberal mexicano de Gustavo Kunz.
Los bombardeos de Estados Unidos (EE. UU.) en el Caribe contra lo que llaman “narcolanchas” y la aproximación de la armada estadounidense a aguas venezolanas es en realidad una cortina de humo para ocultar el verdadero propósito.
“Por todas partes veo confabulaciones de los ricos que, bajo pretexto y en nombre del bienestar nacional, buscan su propio beneficio”, escribió Thomas Moore, uno de los grandes nacionalistas irlandeses.
México está dividido. Desde la época de los aztecas, los pueblos se dividieron; y cuando llegaron los conquistadores se dividieron aún más.
Más que una categoría formal, la etiqueta “Generación Z” es un instrumento ideológico.
El canon económico clásico postula que el mercado es modelo de equilibrio y que en caso de desbalancearse se ajustará solo, sin intervención del Estado.
EE. UU. se las ingenió para ser el más beneficiado por la Segunda Guerra Mundial, diez años después de finalizado el conflicto
Organizarse para la construcción de un cambio revolucionario en México es algo verdaderamente difícil, dado el atraso intelectual y cultural en el que tienen sumergido a nuestro pueblo.
Con la disolución del bloque socialista, acaecida en 1991 el capitalismo se volvió el modo de producción dominante.
Para quien corre perseguido por un oso en medio de un agreste bosque, lanzarse a un acantilado puede parecer una buena alternativa.
La realidad presente y la historia nos alertan de que el peligro es real.
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Escrito por Brasil Acosta Peña
Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en el CIDE.