La percepción favorable sobre seguridad cayó 10 puntos en octubre, al pasar de 27 a 17%; además, 57% de los mexicanos identifica la inseguridad y el crimen como el principal problema del país.
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Durante el primer sexenio morenista, la atención a la salud de los mexicanos no sólo no mejoró, sino que se agravó y entró en una crisis. La falta de prevención y atención del Covid-19, crisis en hospitales, falta de médicos, medicamentos; y no logró atender a los mexicanos sin seguridad social. El Seguro Popular fue eliminado y en su lugar se creó el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), proyecto que también fracasó por la pésima planeación; siguió el IMSS-Bienestar, mismo que tampoco funciona.
En ese contexto, el martes siete de abril, “Día Mundial de la Salud”, Claudia Sheinbaum Pardo anunció, durante su conferencia “Mañanera”, que por decreto se activará el Sistema Universal de Salud (SUS), que articulará al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y al IMSS-Bienestar; buscando unificar los servicios de salud otorgados por el Gobierno Federal, y que este sistema comenzará a operar en 2027.
Según lo anunciado, al término del sexenio de Sheinbaum (es decir, en 2030), los mexicanos podrán atenderse en cualquier institución de salud. Como primer paso, a partir del 13 de abril se podrán registrar los adultos mayores de 85 años y obtendrán así una credencial universal de salud otorgada por el SUS, que pretende garantizar tratamientos para la insuficiencia renal, cáncer y trasplantes, así como vacunación y consulta de atención primaria en cualquier institución de salud pública; además, se atenderán padecimientos agudos con prescripción de medicamentos.
Más allá de calificar el lanzamiento como buena propuesta del Gobierno Federal –que sólo muestra cambios administrativos o de cobertura– o aceptar la opinión de quienes la ven como acción de relumbrón y de propaganda de gobierno, no quedan claros los mecanismos de planeación, operación y funcionamiento.
A pesar de esto, el cronograma oficial considera que el SUS incluye ocho ejes de eventos y enfermedades que podrán atenderse en cualquier unidad de salud: la atención a embarazos de alto riesgo, el diagnóstico de cáncer de mama, la atención universal a urgencias y continuidad de hospitalización, atención a infartos y eventos cerebrovasculares, la continuidad de tratamientos para enfermedades como cáncer e insuficiencia renal en el mismo hospital y la universalización de las vacunas en todos los hospitales públicos.
Como fase dos, en el segundo semestre de 2027, iniciará el intercambio de servicios especializados entre instituciones: de laboratorio, imagen o radioterapia. En tercera fase, proyectada al iniciar 2028, la universalización alcanzará tres aspectos: surtimiento universal de recetas médicas en cualquier institución, intercambio de servicios para consulta de especialidad referenciada y la homogeneización del primer nivel de atención para tratar padecimientos crónico-degenerativos como la diabetes.
La propuesta no está mal; pero cuando Sheinbaum afirma que “el objetivo es que cualquier mexicano pueda ir a atenderse de cualquier padecimiento a cualquier institución de salud”, surgen las preguntas: ¿por qué ahora no se puede?, ¿acepta la Presidenta que México presenta pésimo servicio en salud? y ¿realmente cualquier mexicano tendrá acceso a buena atención a partir de 2027 o 2028?
El instituto Nacional de Estadística y Geografía reporta que en México hay 44 millones de personas sin acceso efectivo a los servicios de salud, aunque el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social ha reportado que son 50 millones los mexicanos en esa condición. La política de salud de Morena y la 4T fracasa a pesar de que Sheinbaum asegura que, en su administración, la salud es prioritaria; más de 132 millones de mexicanos no reciben atención adecuada o completa y los proyectos fallidos como el Insabi y la Megafarmacia hacen que el destino del SUS se torne incierto e inseguro.
Además, suponiendo que lo más “sencillo” sea empadronar a los más de 132 millones de mexicanos, iniciar la digitalización y el intercambio de información de los expedientes clínicos de pacientes entre IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar, lo verdaderamente preocupante es la verdadera existencia de hospitales y clínicas completas, con médicos y enfermeras; y si los medicamentos básicos estarán disponibles o todo esto permanecerá como un sueño más y una promesa. Por el momento, querido lector, es todo.
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Escrito por Miguel Ángel Casique
Columnista político y analista de medios de comunicación con Diplomado en Comunicación Social y Relaciones Públicas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).