El lunes 12 de enero se terminaron las vacaciones, los niños y jóvenes volvieron a la escuela. No obstante, el peligro se cierne sobre ellos.
Cargando, por favor espere...
Después de pretender justificar la captura acusando al presidente Nicolás Maduro de dirigir una supuesta organización de narcotraficantes, el “Cártel de los Soles”, Estados Unidos (EE. UU.) ha reconocido implícitamente que el dichoso cártel no existe. Fue una fabulación suya. Con todo cinismo, el fiscal retiró esa acusación, supuesto motivo del secuestro; en congruencia, el líder venezolano debiera ser puesto en libertad inmediatamente. Esto si existieran la legalidad y la justicia.
En tono triunfalista, Trump afirma que ahora él gobierna Venezuela, que expulsará a China, Rusia, Irán y Cuba y cortará toda relación económica con esos países. Esto como por ensalmo, sólo por una orden suya, absurda. Venezuela, dice, debe tener a EE. UU. como socio único en la producción petrolera y en las relaciones comerciales: en una palabra, debe ser una colonia. El objetivo, pues, va más allá del petróleo: se pretende expulsar de Latinoamérica, por la fuerza, a las potencias que le compiten en el mercado.
Para dar visos de credibilidad a su dicho, EE. UU. ha lanzado una campaña mediática de confusión y desprestigio contra la revolución bolivariana y sus líderes, insistiendo en que hubo y sigue habiendo traición a Maduro. Para advertir el carácter mendaz de esta campaña son muy útiles el contexto, el curso de los acontecimientos y las declaraciones del liderazgo bolivariano. Pueden ayudar a entender lo ocurrido las palabras del diputado Nicolás Maduro Guerra, hijo del presidente, afirmó que hubo quienes traicionaron a su padre propiciando el asalto a la residencia.
Mas no es lo mismo que con el actual gobierno. Al respecto, el 10 de enero, el mismo diputado Maduro Guerra declaró: “Seguimos sus instrucciones (del presidente preso): el hijo de Maduro confirma la continuidad del rumbo del país con las ideas de su padre (…) declaró que el actual liderazgo bajo Delcy Rodríguez está ejecutando el Plan de la Patria previamente aprobado por el presidente Nicolás Maduro en diciembre. Todos nosotros estamos siguiendo sus instrucciones; él dejó la línea marcada, precisó, y aseguró que Venezuela se va a mantener firme y a la espera del regreso de su presidente secuestrado” (Sputnik).
En cuanto al curso de los acontecimientos, si ya Venezuela se sometió a Washington, ¿por qué éste mantiene el cerco naval? Por otra parte, Venezuela sigue vendiendo petróleo a Cuba, a pesar de la “prohibición”: “Venezuela refrenda lazo con Cuba tras amenazas de EE. UU. La nación sudamericana reiteró su vínculo con La Habana (…) refirió el Gobierno venezolano en un comunicado” (Sputnik, 11 de enero). Esto, evidentemente, refuta la tesis de un gobierno títere. Así las cosas, la situación para Trump no es nada fácil. “Como reconocen varios Think-tanks estadounidenses, ‘el éxito operativo inicial contrasta con la complejidad estratégica que se avecina” (Rebelión, siete de enero).
En lo interno, Trump tiene a la opinión pública en contra. Según encuesta de Ipsos, en una década el número de ciudadanos que consideran que su país es líder moral del mundo “se ha desplomado (…) sólo el 39 por ciento de los encuestados afirmó que cree que EE. UU. es el líder moral del mundo, una caída de 21 puntos porcentuales respecto al 60 por ciento que lo creía así en 2017” (Forbes, nueve de enero). La inmensa mayoría no quiere ver a su país involucrado en una guerra duradera, donde sus hijos vayan a morir, como ocurriría, según expertos, en caso de una invasión terrestre.
En esas circunstancias, pero necesitado del petróleo venezolano, EE. UU. recurrió, como opción táctica, a tomar como rehén al presidente para usarlo como carta de negociación con Venezuela y también con China y Rusia. Para reforzar la presión, ofrece recompensas por la captura de Diosdado Cabello, ministro del Interior, y por Vladimir Padrino, jefe del Ejército. En línea con esto, para restar a Venezuela apoyos externos en Latinoamérica, Trump amenaza con “intervenciones” terrestres en México y Colombia.
Ciertamente, Venezuela seguramente está negociando, para salvaguardar los intereses y la seguridad nacionales, lograr la liberación de su presidente y evitar una guerra frontal total que le resultaría muy dolorosa. Y EE. UU. también necesita negociar, pues sabe el costo político y económico que pagaría en una guerra total. En primer lugar, como ya dijimos, la opinión pública rechaza una aventura así; segundo, la aprobación al gobierno actual ha caído a niveles amenazantes; tercero, en el Congreso aumentan las fuerzas opuestas a la guerra: han prohibido a Trump emprenderla sin autorización del Congreso; cuarto, porque, como decía Alexander Lukachenko, presidente de Bielorrusia, una guerra con Venezuela se convertiría en otro Vietnam. En Venezuela hay un pueblo unido y organizado en una fuerte estructura territorial, con un liderazgo experimentado, con clara conciencia del peligro que corre su patria y dispuesto a defenderla. Y lo está haciendo con grandes movilizaciones. Finalmente, la oposición al chavismo se ha desdibujado y, en contraparte, el apoyo social al gobierno ha aumentado después del ataque. Por todo eso, sin dejar su discurso amenazante para exhibir fuerza, Trump está obligado a negociar.
El siete de enero, PDVSA confirmó que, efectivamente, hay negociaciones sobre volúmenes de venta de petróleo: “en el marco de las relaciones comerciales que existen entre ambos países”. Pero no es lo mismo que haber entregado el control total del petróleo como Trump pretende. Su retórica triunfalista es simplista, para dar apariencia de dominio total de la situación, algo que está muy lejos de ser cierto. Trump prometió a las petroleras (varias de ellas generosas donantes para su campaña) concederles el control total del petróleo venezolano, pero las cosas se complican.
El viernes nueve, él se reunió con los jerarcas petroleros, y los invitó a invertir cien mil millones de dólares en Venezuela. Y sí, los directivos están ansiosos por dar el zarpazo… pero no son ingenuos. Miden el riesgo. Las aseguradoras se muestran pesimistas y extremadamente cautas ante las perspectivas de ocupar Venezuela con el gobierno bolivariano en el poder y, según especialistas, es esperable que apliquen primas de riesgo considerablemente elevadas ante la incertidumbre de que EE. UU. pueda controlar la situación.
Por su parte, “Exxon califica a Venezuela como ‘no apta para invertir’ pese a la presión de Trump. El presidente ejecutivo, Darren Woods, dijo en la reunión en la Casa Blanca que la compañía considera que Venezuela es actualmente ‘ininvertible’ (…) Nos han confiscado nuestros activos allí dos veces, así que pueden imaginarse que volver a entrar una tercera vez requeriría algunos cambios bastante significativos” (GBM). Así, “La reunión creó una dinámica incómoda para las compañías petroleras que desmiente las predicciones de Trump de una abundante producción venezolana bajo control estadounidense” (Bloomberg, nueve de enero).
El contexto económico global también es adverso para Washington. Su problema de fondo es estructural, sistémico: es su decadencia económica. No puede generar internamente la plusvalía que sus empresas esperan. Ha saturado su mercado interno y en el mundo han surgido competidores, como los BRICS, que lo desplazan. Y con medidas superestructurales (legales, políticas o militares) no se revierten esas tendencias que son, por así decirlo, telúricas.
La respuesta de China, firme aliado y socio de Venezuela, no se hará esperar, pues contra ella también va la embestida. Y el contragolpe pegará precisamente donde EE. UU. es más vulnerable: en la economía y las finanzas. China tiene muchas palancas que mover en ese ámbito, y seguramente lo hará. En su momento y en la forma apropiada. Rusia, aliado estratégico de Venezuela, responderá también.
El coloso asiático ha adquirido una fuerte presencia económica en Latinoamérica (de ello ofrecimos suficiente evidencia en colaboración anterior). En consecuencia, varios países se cuidarán mucho de sumarse abiertamente a su expulsión. La portavoz de la cancillería, Mao Ning, declaró: “China y otros países tienen derechos legítimos en Venezuela que deben ser protegidos” (RT, 10 de enero). Durante mucho tiempo se ha construido una extensa red de cadenas de suministro en la región conectadas a China imposible de suprimir con un manotazo de Washington.
En fin, con el ataque imperialista se impone, nuevamente, la ley de hierro de que, en la superación de un conflicto, la contradicción interna es lo determinante. Ni Rusia ni China podrán poner gobernantes o hacer triunfar una revolución por su pura voluntad. Con todo y que influye, y a veces fuertemente, no es la contradicción externa sino la interna la que finalmente determina el curso de los acontecimientos.
El lunes 12 de enero se terminaron las vacaciones, los niños y jóvenes volvieron a la escuela. No obstante, el peligro se cierne sobre ellos.
En una búsqueda por las redes sociales encontré este comentario como contexto sobre el municipio de Tecomatlán.
En alguna parte Marx escribió –citando a Hegel– que la historia se repite como si dijéramos dos veces.
Cuba despide entre banderas, lluvia y consignas a 32 soldados muertos tras la incursión militar de Estados Unidos en territorio venezolano
El responsable de la intervención militar en Venezuela no es Donald Trump ni el gobierno estadounidense que él preside; ellos también son culpables, pero el autor principal es el imperialismo yanqui.
Venezuela tiene las mayores reservas probadas del mundo (20 por ciento), seis veces más que Estados Unidos (EE. UU.), que ocupa el décimo sitio, y que es, en contraste, el primer consumidor; y su futuro no es muy halagüeño.
Las recientes acciones intervencionistas del imperialismo estadounidense en Venezuela, que llevaron al secuestro del presidente Nicolás Maduro, han sido interpretadas según el interés político y socioeconómico de quienes las analizan.
Beijing emitió el 10 de diciembre de 2025 su tercer documento sobre la política de China hacia América Latina y El Caribe.
La reciente intervención ilegal de Estados Unidos (EE. UU.)para secuestrar al presidente Nicolás Maduro ha generado una protesta mayoritaria.
Analistas advierten que apoyar las acciones de Trump podría ser un error estratégico para México, dado el impacto regional imprevisible del presidente estadounidense.
Trump exige a Delcy Rodríguez el “acceso total” a los recursos naturales de Venezuela.
La tecno-política estadunidense va por minerales que garanticen su supervivencia y ganarle terreno a sus rivales geopolíticos.
El avance tecnológico no es malo ni bueno en sí mismo.
Son aterradoras las imágenes de los soldados, marines o policías o lo que sean según la clasificación que difundan sus patrones, pues, literalmente, están armados hasta los dientes.
En otro artículo publicado en este mismo espacio advertimos que los aranceles de Trump serían pagados por el pueblo estadounidense.
Bajo el ritmo actual, periodo de registro telefónico podría resultar insuficiente, estima buzos
Entorno adverso reduce el valor de los activos de Pemex
Inseguridad alcanza a diputado federal de Morena
SCJN aprueba reducción del aguinaldo para pensionados del IMSS e ISSSTE
Presidenta encargada de Venezuela se reúne con director de la CIA
Aprueban multas por venta y distribución de vapeadores y cigarros electrónicos
Escrito por Abel Pérez Zamorano
Doctor en Economía por la London School of Economics. Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Chapingo.