En 2025 murieron casi el doble de personas de las que nacieron en la isla caribeña.
Cargando, por favor espere...
A raíz de la profunda crisis energética por la que atraviesa la isla de Cuba, se ha vuelto tema de conversación recurrente en los círculos intelectuales y los análisis televisivos occidentales cuando remachan constantemente que esta situación ocurre única y exclusivamente por el mal gobierno cubano. Los propagandistas más superficiales sentencian que esto no es más que un efecto clásico del comunismo, sin explicar a profundidad a qué se refieren exactamente con eso. Apelan todavía al prejuicio tan trabajado durante la Guerra Fría: el comunismo era, sobre todo, una representación de corrupción, ineficiencia y, por encima de todo, una máquina generadora de pobreza. Se trata de un trabajo propagandístico de largo plazo que ha germinado en una población que difícilmente percibe el contexto histórico completo, al que ha ignorado, por el veto sistemático de la información en Occidente, los importantes avances obtenidos en La Isla y que no logra dimensionar a total cabalidad el impacto del embargo económico impuesto durante décadas por Estados Unidos (EE. UU.).
Para comprender la virulenta campaña, es necesario remontarse a 1959. El primero de enero de ese año, el dictador Fulgencio Batista huía de Cuba ante el avance de la guerrilla del Movimiento 26 de Julio, liderada por Fidel Castro. Hasta ese momento, La Isla había sido prácticamente un emporio neocolonial estadounidense: el gobierno yanqui había respaldado firmemente la dictadura de Batista, tolerando su corrupción y su abandono de las masas populares a cambio de mantener los privilegios económicos y geopolíticos en La Isla.
Lejos del paraíso tropical que evoca la propaganda anticastrista, la Cuba prerrevolucionaria era un país de profundas contradicciones. Si bien ocupaba el cuarto lugar en ingresos per capita de América Latina, ese indicador ocultaba una realidad mucho más cruel. Mientras La Habana se mostraba como una ciudad vibrante, el campo sufría pobreza extrema. Alrededor de un tercio de la población rural era analfabeta (frente al 11 por ciento en las ciudades). En 1958, cerca de un millón de personas era analfabeta total y más de medio millón de niños no asistía a la escuela. La concentración de la riqueza era brutal: el 9.4 por ciento de los terratenientes controlaba el 73.3 por ciento de las tierras cultivables, y las corporaciones estadounidenses dominaban sectores fundamentales, como la electricidad y los ferrocarriles (Universidad de Cienfuegos, 2023). La salud, cuando existía, era un privilegio: para un campesino, pagar una consulta médica podía costar una quinta parte de su salario mensual. Esta opresión e inequidad generaron el ambiente propicio para un movimiento rebelde que pronto se propagaría por todo el país.
La Revolución Cubana inicialmente cometió lo que para Washington fue un pecado original: la reforma agraria y la nacionalización de empresas estadounidenses sin compensación, desafiando abiertamente el poder corporativo de EE. UU. La respuesta no se hizo esperar. Tras el fracaso militar de la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, EE. UU. cambió de estrategia: declaró una guerra económica total contra La Isla: el bloqueo se produjo explícitamente para asfixiar a la Revolución mediante la privación de recursos. El fracaso de la vía militar y la resistencia del embargo no hicieron más que endurecer la postura. Fue entonces cuando la propaganda se convirtió en el eje central del enfrentamiento.
La difamación contra Cuba no es un acontecimiento fortuito ni espontáneo: representa una maniobra diseñada y ejecutada con precisión estratégica, con financiamiento y planificación originada en Washington. Investigaciones que cruzan balances de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), con partidas de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO), revelan una cifra brutal: EE. UU. malgastó más de tres mil millones de dólares (mdd) en costear esta ofensiva (Diario Red, 2026).
Ya en 1965, documentos desclasificados de la CIA reconocían que “la herramienta más importante con la que cuenta la CIA es un aparato de propaganda bien equipado que dirige sus esfuerzos contra Cuba y el resto de América Latina”. Bajo el nombre de “Operación Sinsonte” (Mockingbird), la agencia infiltró redacciones de periódicos y cadenas de televisión para manipular la opinión pública, y presentó al médico cubano como “guerrillero” y a la ayuda internacionalista como “injerencia” (Diario Red, 2026). Los primeros ataques comenzaron apenas unos días después del triunfo de la Revolución. En mayo de 1960, la CIA instaló una emisora pirata en la isla hondureña de Swan, con un transmisor de 50 mil vatios que apuntaba directamente al centro de Cuba. Bajo la supervisión del experto en propaganda David Atlee Phillips, utilizaba locutores cubanos exiliados para aparentar legitimidad, y alternaba sus ataques con mensajes comerciales de marcas estadounidenses como CocaCola, disfrazando su origen subversivo (Portal de la Radio Cubana, 2026).
Esta infraestructura se sofisticó con el tiempo. En 1985 se creó Radio Martí, y en 1990 TV Martí, emisoras financiadas por el gobierno federal con sede en Miami, cuyo mandato explícito subrayaba “emitir noticias sin censura” para socavar al gobierno cubano. A lo largo de los años, este esfuerzo le costó al erario estadounidense unos 800 mdd adicionales (Cubadebate, 2025). Aunque el impacto en La Isla fue limitado, el verdadero objetivo no radicaba solamente en llegar a Cuba, sino en crear un relato hegemónico en la prensa internacional. A estas emisoras se sumaron decenas de otras radios de onda corta y media que tejieron una red de propaganda anticubana sin precedentes.
La maquinaria alcanzó su máximo esplendor digital en el Siglo XXI. Organizaciones como la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID en inglés) y la Fundación Nacional para la Democracia (NED) se convirtieron en canales fundamentales para financiar una “verdadera danza de millones para intentar derrotar a la Revolución Cubana” (Radio Havana Cuba, 2020). El periodista estadounidense Tracey Eaton, a través de su proyecto Cuba Money Project, documentó que sólo entre 1990 y 2020 se destinaron más de 261 mdd a programas de subversión al interior de La Isla. La mecánica operativa fue confirmada por el testimonio de un exespía de la CIA: “muchos de los llamados periodistas independientes son financiados indirectamente por EE. UU.”, y este financiamiento persiste como parte de una estrategia de desestabilización a largo plazo (Matanceros, 2024).
Pero el entramado va mucho más allá del financiamiento a medios opositores en Cuba. Investigaciones recientes han desvelado la existencia de una sofisticada red global de think tanks y organizaciones, conocida como Atlas Network, que funciona como el “brazo intelectual del capital trasnacional y la extrema derecha internacional” (Razones de Cuba, 2025). Este megaconsorcio, que agrupa a más de 500 laboratorios de ideas, dedica un capítulo persistente a la desestabilización de Cuba. Su modus operandi es letal precisamente por tal sutileza: no emplea tanques, pero despliega ideas empaquetadas como mercancía neutral; no lanza misiles, pero financia y entrena a una disidencia local para que actúe como caballo de Troya del poder blando imperial.
El manual de acción de esta red contra Cuba está cuidadosamente orquestado. Primero, la creación y financiación de “alternativas” locales: mediante fundaciones opacas como la NED y la USAID, Atlas Network irriga recursos a pequeños grupos dentro de Cuba, que se presentan como “emprendedores”, “periodistas independientes” o “activistas cívicos”, pero cuyo discurso repite la consigna del “fracaso del modelo” y la necesidad de un “cambio de sistema”. Segundo, la formación de cuadros ideológicos: la red ofrece becas, cursos, pasantías y talleres (muchos virtuales) para adoctrinar a individuos seleccionados, y les enseña tácticas de comunicación, lobby y activismo para que repliquen en Cuba las consignas diseñadas en laboratorios extranjeros (Razones de Cuba, 2025). Tercero, la creación de una cámara de eco global: los think tanks de Atlas Network –como el Center for a Free Cuba o el Diario de Cuba (con sede en Madrid)– amplifican y validan internacionalmente la discusión interna fabricada. Convierten incidentes menores en “crisis de derechos humanos” y a sus financistas en “referentes de la sociedad civil” para generar un ecosistema mediático que se autoalimenta. Finalmente, esta red cumple una función crucial en el asedio económico: es una de las fuerzas intelectuales más activas en el lobby para mantener y recrudecer el bloqueo estadounidense contra Cuba. Sus informes, disfrazados de academicismo, presentan esa política no como un acto de guerra, sino como una “herramienta legítima de presión para la democracia”.
Tal estrategia de colonización intelectual tiene nombre y apellido: la National Endowment for Democracy; creada en 1983 por Ronald Reagan, fue concebida para realizar abiertamente lo que la CIA había ejecutado en secreto: promover cambios de régimen. Su primer presidente, Allen Weinstein, fue explícito: “Mucho de lo que hacemos hoy, lo hacía la CIA de manera encubierta hace 25 años” (Weinstein, citado en Venezuelanalysis, 2025). La NED no es una fundación prodemocrática, sino una herramienta de guerra híbrida. Su presupuesto, aprobado por el Congreso estadounidense, se destina a subvertir gobiernos que desafían los intereses de Washington. En 2018, Kenneth Wollack, entonces vicepresidente de la NED, se jactó ante el Congreso de haber capacitado políticamente a ocho mil jóvenes nicaragüenses. Muchos de ellos, según Wollack (citado en Venezuelanalysis, 2025), participaron después en el fallido intento de derrocar al gobierno sandinista.
La magnitud del entramado se evidenció cuando, en 2025, los cortes presupuestarios de la administración Trump dejaron al descubierto la dependencia de estos medios. El portal digital El Toque, que recibía fondos de la NED, anunció que la suspensión de la ayuda equivalía a la pérdida del 50 por ciento de su presupuesto anual, con lo que debió reducir su plantilla a la mitad (France24, 2025). Los propios gestores de estos proyectos admitieron que esperaban recibir una parte de al menos 269 mdd en 2025, dinero que se suspendió abruptamente, evidenciando que la supuesta “independencia” periodística era una farsa (Granma, 2025). Las calumnias y la desinformación son el resultado de un presupuesto multimillonario vigente hasta el día de hoy. La evidencia es contundente, pero el relato hegemónico, alimentado de propaganda por décadas, todavía presenta a Cuba como un fracaso”, ignorando que sus verdaderos logros fueron posibles a pesar del cerco más largo de la historia moderna.
¿Qué fue lo que debieron ocultar con tanto dinero y esfuerzo? La respuesta es incómoda para la propaganda occidental: la Revolución Cubana logró, bajo el asedio más largo de la historia moderna, hitos que pocos países en desarrollo pueden presumir.
En educación, la campaña de alfabetización de 1961 redujo la tasa de analfabetismo al 3.9 por ciento, ya que enseñó a leer y escribir a más de 707 mil personas en apenas un año. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura reconoció este hito como un ejemplo pionero a seguir; y Cuba alcanzó una tasa de alfabetización de 99.8 por ciento, entre las más altas del mundo. Actualmente, la tasa de escolarización alcanza el 99.7 por ciento; y los estudiantes cubanos acumulan, en promedio, el doble de conocimientos que el resto de escolares latinoamericanos (Universidad de Cienfuegos, 2023).
En salud, los resultados son igualmente desafiantes. A pesar de expresar un Producto Interno Bruto per cápita de apenas siete mil dólares frente a los 56 mil de EE. UU., Cuba logró una esperanza de vida y una tasa de mortalidad infantil equiparables a las de su poderoso vecino. El sistema de salud cubano gratuito, universal y centrado en la prevención comunitaria, ha sido reconocido globalmente por su capacidad de innovación y su vocación internacionalista, por el envío de brigadas médicas para combatir epidemias como el ébola en África. Cuba ha desarrollado una industria biotecnológica propia, única en América Latina, y mantiene una de las tasas más altas de médicos per capita del mundo (Organización Mundial de la Salud, 2020; PNUD, 2022).
Estos logros, que contradicen frontalmente el estereotipo del “fracaso comunista”, no desaparecieron por arte de magia. Fueron deliberadamente omitidos, minimizados o distorsionados por una maquinaria propagandística que prefería mostrar al ciudadano cubano como un pobre desvalido esperando ser rescatado por el capitalismo, en lugar de reconocer la grandeza y el sacrificio de un pueblo que construyó escuelas y hospitales mientras soportaba un cerco económico genocida.
La respuesta final es ideológica, no meramente económica o estratégica. La Revolución Cubana demostró que otro camino era posible en “el patio trasero” del imperio. Su mera existencia, supervivencia y los logros sociales fueron una afrenta directa al relato hegemónico. Por eso, cada crisis, como la actual energética, es utilizada como munición, omitiendo el contexto del bloqueo petrolero activo impuesto por la orden ejecutiva de enero de 2026 (The New York Times, 2025). No se trata de un análisis objetivo; es la continuación de una guerra híbrida por otros medios. La propaganda no es un accesorio de la política exterior estadounidense hacia Cuba: es la política exterior. Su objetivo no consiste en informar, sino en destruir la legitimidad de un proyecto que, contra todo pronóstico, sigue en pie.
Frente a esta maquinaria omnipresente, que inunda cada espacio mediático y cada conversación cotidiana, se vuelve imprescindible la acción de una organización de explicadores ante las masas. No se trata de un grupo de élite ni de una academia cerrada, sino de un entramado popular y consciente capaz de desmontar cotidianamente las mentiras que el imperio siembra con paciencia industrial. La propaganda no es un ruido de fondo ocasional: luce como un ambiente tóxico que respiramos sin notarlo. Por eso, la necesidad de esa organización no radica únicamente en aspirar a mejorar las condiciones materiales de vida, aunque eso sea urgente, sino, ante todo, en aprender a identificar claramente quiénes son nuestros aliados y quiénes actúan como caballos de Troya del desorden y la resignación. Sin esa brújula colectiva, cualquier esfuerzo por construir un futuro distinto será arrastrado por la corriente del cinismo y la desmemoria.
En 2025 murieron casi el doble de personas de las que nacieron en la isla caribeña.
El Movimiento Antorchista Nacional reconoce, a 100 años de su natalicio, a Fidel Alejandro Castro Ruz, un líder que, junto al pueblo, cometió la osadía de regir sus destinos contra el yugo del capital y del imperialismo norteamericano
La Habana denuncia 24 multas de la OFAC por más de 4 mil millones de dólares a entidades de terceros países por supuestas violaciones al bloqueo.
La explotación laboral, la distribución desigual de la riqueza y la lucha de clases aún son elementos centrales para comprender las sociedades.
Llama presidente cubano a mantener vigente el legado de Fidel Castro basado en el internacionalismo y la solidaridad: “Hagámoslo ya”.
Al Mayadeen recuerda el respaldo de Cuba al pueblo palestino y las acciones impulsadas por Fidel Castro desde 1947.
Gobierno estadounidense combina el bloqueo económico con restricciones que afectan el suministro de recursos y combustibles.
De las 407 medallas que consiguió la delegación mexicana, Jalisco obtuvo 110.
Hoy, después de más de 66 años del triunfo de la Revolución, Cuba resiste firme los embates imperiales y sigue siendo ejemplo para los pueblos oprimidos.
El estadista que puso a Cuba en el mapa por enfrentar al imperio, tejió una red global de políticos, científicos, intelectuales y combatientes.
La rendición de Cuba sería el preludio de la caída de todo el continente, que se encuentra ya casi en su totalidad conquistado por la ultraderecha.
El ejemplo cubano es feroz no porque sea perfecto, sino porque demuestra que es posible sostener una experiencia de dignidad y soberanía a noventa millas del imperio durante más de seis décadas.
El caso cubano constituye un ejemplo de cómo una política pública consistente puede convertir al deporte en un instrumento eficaz de desarrollo humano, formación social y proyección internacional.
En 1963 viajó a Cuba, donde conversó durante cinco horas con Fidel; de este reencuentro nacerá Cuba sí, yanquis no, que incluye el poema Salud, Pueblo de Cuba.
Fidel Castro es un símbolo de la lucha anticolonial y antiimperialista.
Israel instalará cabinas de observación para ver los ahorcamientos de palestinos
Rocha Moya regresa a la gubernatura de Sinaloa tras casi cuatro meses de licencia
Ucrania declara la guerra a caricaturas; sanciona a “Masha y el Oso” por propaganda prorrusa
México reclama a EE. UU. por enviar deportados mexicanos a Guatemala y Honduras
Por qué estudiar la historia de la filosofía
Escrito por Marco Aquiáhuatl
Licenciado en Historia por la Universidad de Tlaxcala y Licenciado en Filosofía y Letras por la UNAM.