La no renovación del Tratado entre México, EE. UU. y Canadá impactará en el desarrollo de México.
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En otra batalla por la autodeterminación de Cuba, 136 países repudiaron el criminal bloqueo de Estados Unidos (EE. UU.). Sólo nueve Estados, que deben a Cuba su ayuda solidaria incondicional cuando estuvieron en crisis, apoyan ese neofascismo. Recordemos quiénes son.
Desde el 405-E de la avenida 45 en Nueva York, donde se alojan la Organización de Naciones Unidas (ONU) y su Asamblea General (AG), salió la valiente réplica internacional a la longeva política de abuso estadounidense, expresada en el bloqueo multidimensional contra 11 millones de cubanos.
El siete de julio en sesión plenaria del hemiciclo, la mayoría de la AG aprobó examinar los crueles efectos de siete décadas del bloqueo sobre Cuba impuesto por el imperialismo estadounidense, este año recrudecido por Donald Trump con el cerco energético.
Ese castigo multidimensional ha sido la venganza imperial contra la osadía de los cubanos que, al triunfo de su Revolución en 1959, adoptaron el socialismo para salir del subdesarrollo que, desde 1898, les impuso el neocolonialismo estadounidense.
El bloqueo debe entenderse como una guerra no convencional de siete largas décadas, que ocasiona pérdidas a Cuba estimadas, conservadoramente, en 178 mil millones de dólares (mdd). Ese lastre económico prohíbe importar bienes, usar servicios financieros y cooperar libremente con el mundo, describió el canciller cubano Bruno Rodríguez Padilla.
Sólo entre el 1° de marzo de 2025 y el 28 del pasado febrero, los cubanos ya no perciben ocho mil 83 mdd. Ese despojo se agrava con el veto de Trump para que La Isla acceda a combustibles ni electricidad; esa perversa medida ya impactó en el aumento de la mortalidad infantil, cierre de hospitales, escuelas, instituciones y hoteles.
Rodríguez alertó que su país se acerca a una crisis humanitaria y eventual agresión militar que Trump describió como inminente. Pese a esa ofensiva del exterior, el gobierno impulsó 12 transformaciones económicas y sociales para mejorar la vida de su sociedad.
El funcionario cubano denunció las maniobras estadounidenses contra esa consulta: el secretario de Estado Marco Rubio ordenó a sus embajadores presionar a los gobiernos y amagar con represalias si comercian con La Isla. Y antes de la sesión, su delegado ante la ONU Jeff Bartos, alegó que el debate costaría a la ONU 28 mil dólares la hora.
Cínico, el representante del país que priva a millones de cubanos de energía, alimento, medicamentos, luz, refacciones y equipos para sobrevivir, afirmó que ese dinero daría de comer a 35 niños cubanos por un mes, comprar más de 16 mil linternas para familias que viven en la oscuridad y recaudar fondos para comprar cereales, que cubrirían “más de 400 años de salarios de los cubanos”.
Insolente, Bartos concluyó que es peligroso que La Habana pida esta reunión cada año, y ahora lo haga dos veces; porque “quiere que esta Asamblea sea cómplice de su máquina de opresión”.
A esa insolencia respondió la mayoría de países de América Latina, de Asia, del G77+China, del Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de la ONU, los diez miembros de la ASEAN, Estados de Medio Oriente y la Organización de Cooperación Islámica con su respaldo a la propuesta de discutir con urgencia el impacto del bloqueo.
Son Estados de gran influencia geopolítica, los más poblados y con proyección tecno-económica como los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), con Irán, México, Turquía, Surcorea, Indonesia, Burkina Faso, Malí y otros.
Así, ese examen del bloqueo en la ONU arrojará cifras y datos contundentes que se plasmarán en un proyecto resolutivo a presentarse en octubre para que, sin excusa, EE. UU. levante el ominoso bloqueo.
Mano solidaria
Los nueve países que gravitan en torno a la agresiva geopolítica de EE. UU. y su bloqueo contra Cuba recibieron expresiones, en su momento, de lo que Fidel Castro llamó Internacionalismo Solidario, creado en 1959 al triunfo de la Revolución.
El Fidel que este agosto cumpliría 100 años de edad, en plena Guerra Fría lo definió así: “Ser internacionalista es saldar nuestra propia gratitud con la humanidad. Quien no sea capaz de luchar por otros no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo”.
Esa desinteresada cooperación cubana hacia otros pueblos heredó el concepto marxista del internacionalismo proletario. Cuba lo formalizó en la Organización de Solidaridad con Pueblos de Asia, África y América Latina que envió técnicos, maestros, ingenieros y apoyo militar a las fuerzas poscoloniales del mundo.
En 1961 proyectó su capacidad educadora-alfabetizadora con el programa Yo sí puedo, que cambió la vida de más de 10 millones de adultos iletrados. Su arma fue el pequeño libro Venceremos, con que llegaron a todas las latitudes, incluso a municipios mexicanos gobernados por el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Acción Nacional.
Brigadas de cubanos alfabetizadores, ingenieros, artistas y literatos trabajaron en zonas marginadas de Mozambique, Nigeria, Guinea Bissau, Timor-Leste, Cantabria y Sevilla.
Se beneficiaron maoríes de Nueva Zelanda, australianos en Wilcannia; y en Canadá con las llamadas First Nations en el Proyecto Arrow Might (Poder de la Flecha). Gracias a esas campañas, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró territorios libres de analfabetismo a Venezuela y Bolivia.
Por años, la ayuda sanitaria ha sido carta de presentación de la solidaridad cubana. En la pandemia de Covid-19, epidemiólogos, pediatras, neumólogos y otros especialistas se desplegaron en 16 países. Su ayuda resultó fundamental en Italia –el país europeo más afectado– y en México, carente de especialistas.
Ese internacionalismo es valor, legado y sigue vigente en la sociedad cubana; cambió rumbos y modificó la geopolítica de África Austral, América Latina, Asia y Oceanía, recuerda el analista Pedro Edy Campos.
Desdén y agravio
Por ello, cuando el arrogante Jeff Bartos instó en la ONU a continuar “la asfixia” sobre el pueblo cubano, habían transcurrido 21 años de azote contra la costa occidental de su país por el huracán Katrina. En agosto de 2005, Nueva Orleans sufrió directamente ese desastre porque el presidente republicano George W. Bush atrasó deliberadamente el auxilio a la gobernadora demócrata, Kathleen Blanco.
En contraste, La Habana ofreció inmediatamente asistencia especializada con una brigada de mil 500 médicos y toneladas de medicamentos para los damnificados. Bush postergó la ayuda a sus connacionales y despreció a La Isla.
Meses después vimos a la gobernadora Blanco en La Habana, con un contingente de empresarios que fallidamente intentaban romper el bloqueo, en reconocimiento al gesto solidario de Cuba.
En 2025 se creó el Contingente Médico Henry Reeve, en memoria del brigadier neoyorquino miembro del Ejército de Liberación de Cuba en la llamada Guerra de los Diez Años; su objetivo es asistir a otros países en desastres.
La brigada se estrenó en Angola y, en esos 21 años, ha realizado unas 600 mil acciones en al menos 51 naciones y territorios, cuyos profesionistas médicos trabajan para aliviar los efectos de inundaciones, terremotos y epidemias (ébola, Covid-19 y otros).
En una posición contraria a la solidaridad, Israel imita a EE. UU. en su hostilidad hacia Cuba. El ente sionista no olvida que durante la llamada Guerra de Yom Kipur (1973), cuando multiplicó su territorio y cambió el mapa geopolítico de la región, La Habana respaldó a Siria y Egipto.
Al final, el Mundo Árabe obtuvo una victoria política cuando lanzó el embargo petrolero que cuadruplicó el precio del crudo y la relación cubano-israelí se congeló. Tras la desintegración de la Unión Soviética, algunas firmas israelíes incursionaron en el ámbito agrícola y textil cubano; aunque, el siete de julio, el ente sionista votó contra el debate del bloqueo.
Traición y deshonor
Ucrania es ejemplo icónico del internacionalismo cubano que, entre 1990 y 2011, atendió y arropó a 21 mil 874 niños afectados por la explosión del reactor Vladimir Ilich Lenin de Chernóbil.
El régimen de Kiev olvida y oculta deliberadamente ese loable gesto: hoy acusa a La Habana de “reclutar a mercenarios para luchar a favor de Rusia” y el siete de julio ordenó a su representante en la ONU votar por perpetuar el bloqueo a Cuba.
Esa actitud abyecta no borra la grandeza del internacionalismo cubano que, ante la dispersión de Cesio 137, recibió a niños contaminados (86 por ciento de Ucrania, 11.2 por ciento de Rusia, 2.8 de Bielorrusia, Armenia y Moldavia); les brindó atención médica integral masiva y gratuita en el Centro-campamento Marina de Tarará, al este de la capital, que desarrolló ex profeso. La mayoría padecía leucemia y tumores; los niños recibieron transplantes de médula ósea y renales; por décadas se midió su contaminación interna.
Bajo el férreo bloqueo de EE. UU., Cuba realizó 174 mil 992 estudios de laboratorio clínicos, 15 mil 937 estudios microbiológicos, 50 mil 788 investigaciones imagenológicas y cinco mil 937 estudios de diversa índole, dirigidos por el doctor Julio Medina, y la evaluación radiológica del investigador Omar García Lima.
Esa atención trascendió hasta darles soporte psicológico, refugio y alimentos especiales de una clínica estomatológica creada para ello. Tan insuperable dedicación dio logros que los especialistas cubanos presentaron al mundo en foros, revistas y el Organismo Internacional de Energía Atómica.
A la par, una brigada cubana trabajó en distintas ciudades ucranianas para atender a la población. Ese programa de cooperación, que duró más de 21 años, concluyó en 2011 por decisión del régimen neofascista.
En septiembre de 2020, la unión entre ambas naciones trascendió la hostilidad de Kiev cuando el canal ucraniano NTN, en su programa Svidok (Testigo), respaldó la iniciativa de otorgar el Nobel de la Paz a la Brigada Internacionalista Henry Reeve.
Hoy, cuando esos pacientes son adultos ucranianos, quizás alguno reclame a su régimen la mezquindad del voto vasallo contra sus antiguos salvadores por agradar al amo de Washington.
Fuego amigo
Entre los nueve votos a favor del bloqueo figuran los de países de América Central y el Cono Sur donde se extiende el cerco neofascista. Así, Argentina, Paraguay, Costa Rica, hoy bajo regímenes proimperialistas sirven al capitalismo corporativo no sólo contra Cuba, sino contra el bienestar de sus pueblos.
Argentina contó con el soporte estratégico, diplomático e internacionalista de Cuba, tanto en dictaduras militares (1976-1980) ‒cuando respaldó su soberanía sobre Las Malvinas en la guerra contra Reino Unido‒ como en democracia, cuando escaló su impagable deuda. En 2003, los argentinos abandonados por las oligarquías aprendieron a leer y a escribir gracias a 800 docentes del Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (IPLAC) que alfabetizaron a 3.5 millones de personas en el mundo, reconoció la doctora en sociología de la Universidad de Córdoba. En el pico de la pandemia de Covid-19, en abril de 2020, llegaron al país 202 médicos cubanos que se desplegaron en hospitales provinciales. El ministro Ginés González García informó sobre ese trabajo titánico, en medio de la insidiosa campaña de la oposición en torno a que los médicos eran espías o portaban el coronavirus.
Otra añeja amistad de Cuba sobrevive en Costa Rica, aunque con las diferencias ideológicas que en 1961 llevaron a ambas naciones a la ruptura y hasta 2009 al restablecimiento, cuando su cooperación se intensificó. En marzo pasado, el presidente Rodrigo Chávez desconoció la legitimidad del gobierno cubano y ordenó cerrar su embajada ahí. Al condenar ese acto, Cuba afirmó que exhibe un historial de subordinación a la política de EE. UU. Pese a los fuertes vínculos entre ambas naciones, esa ruptura se produjo “después de que los vientos alisios soplaran fuerte desde Miami por una decisión del gobierno en turno, abierta e incondicionalmente a los pies del imprevisible Donald Trump”, explicó el analista José Eduardo Mora. Tal ruptura fue repudiada por académicos de la Universidad Nacional (UNA), el Colectivo de Comunicación La Janaya y grupos de ayuda a La isla.
Paraguay también votó contra levantar el bloqueo. Pese a una relación que data desde 1902, y a los altibajos geopolíticos, sus gobernantes pidieron el fin del bloqueo. Ahora, para el conservador Santiago Peña, su relación con Washington es la “más importante de la historia” y desea ser su aliado más estratégico. De ahí su voto el siete de julio a favor del imperio, que los paraguayos impugnaron al día siguiente en una protesta con caravanas de autos contra el cerco energético a La Isla. Militantes del Partido Comunista, del Partido Tekojoja (Vida entre iguales) el Frente Guasú y Paraguay Soberano, con activistas, estudiantes y trabajadores exigían al presidente romper sus nexos con extremistas. Recordaban que, en 1887, extremistas alemanes fundaron en Paraguay la Nueva Germania donde, en 1929, se fundó el primer partido nazi fuera de Alemania y que desde 1944 fue refugio de nazifascistas.
El voto de Hungría contra el debate y resolución sobre el bloqueo fue el único en ese sentido por un miembro de la Unión Europea. Ese hito vergonzoso provino del flamante primer ministro conservador Péter Magyar que, con esa acción, dejó atrás más de seis décadas de gobiernos húngaros que persistentemente han condenado el bloqueo. Esa cooperación se amplió a los rubros tecnológico y académico en un contexto que promete mejoría. Las fuerzas progresistas húngaras rechazaron que su dirigencia se aliara con EE. UU. e Israel contra La Isla y convocaron a una “Rebelión Nacional” para el 26 de julio.
En el mismo sentido fue el voto de Macedonia del Norte –como desde 2000 se denomina ese territorio desprendido de Yugoslavia‒ que lesiona la joven relación construida con Cuba y que ya celebró 25 años.
Y aunque su intercambio comercial apenas suma 384 mil dólares, apunta a una alza persistente y a mayor cooperación en salud. El voto del representante del gobierno de Gordana Silianosvska incomodó a la activa comunidad cubana que, fiel a su patria, la ayuda para superar la crisis y que se moviliza para revertir esa política de hostilidad.
Otro voto polémico fue el del reino de Marruecos, cuya relación con Cuba data de 1959 pese a diversos altibajos, como la ruptura en 1963, cuando La Isla ayudó a Argelia en la Guerra de las Arenas. Un año después reanudaron nexos y creció su cooperación hasta 1980, cuando la suspendieron porque La Habana reconoció a la República Árabe Saharauí Democrática. Tras 37 años, Marrakesh y La Habana habían vuelto a la vía diplomática con la voluntad de tender puentes, lo que no ocurrirá debido al voto marroquí del siete de julio.
A los 100 años de Fidel y 73 del asalto al Moncada
El próximo 13 de agosto cumpliría 100 años el líder de la Revolución Cubana, símbolo de la dignidad antiimperialista, que confió en el modelo socialista para desarrollar su patria, saqueada y empobrecida por la ocupación estadounidense.
En este aniversario recordamos que Fidel proyectó a Cuba al mundo y la posicionó como actor indispensable de resistencia antihegemónica y solidaridad.
Esta alegoría de la Revolución cubana lideró el 26 de julio de 1953 a las incipientes fuerzas revolucionarias cubanas durante el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
Tal gesta inició la Revolución Cubana y ahora es referencia de los principios de soberanía, justicia social ante la acometida imperial que hoy se agudiza. Producto de la Revolución.
Fidel enseñó a su pueblo a solidarizarse con otros pueblos; y eso también significa despertar la conciencia colectiva de resistencia contra el tecnoimperialismo y el neofascismo.
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En el horizonte del país excepcional –y no muy lejos– se vislumbra más pobreza. Eso, sin tomar en cuenta el crecimiento de los peligrosos motines juveniles.
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Este breve texto quiere presentar un panorama claro de la situación actual de la IA en el capitalismo.
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Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.