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En la guerra híbrida de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Rusia en Ucrania, los civiles son el objetivo. El régimen de Kiev sirve a esa estrategia de terror y destrucción masiva de alta tecnología, que beneficia al gran capital hace ya cuatro años.
Jerson pasó de ser ciudad de gran actividad portuaria e industrial, a laboratorio de crímenes de guerra del Occidente Colectivo. Sus drones, artillería y minas a distancia apuntan a civiles pese a denuncias de víctimas y de Rusia e informes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
El ciclo de terror inicia con la logística de la OTAN, sigue con la entrega de fondos, armas y tecnología de la Unión Europea (UE) a las Fuerzas Armadas Ucranianas (FAU), que ejecutan los actos terroristas, y cierra con la contrainformación de analistas, think tanks y medios occidentales.
Ese Occidente Colectivo hizo de Jerson el laboratorio donde practica su visión neofascista, usando su ubicación estratégica (al norte de la Península de Crimea y en la ribera del río Dniéper), que lo convierte en un nodo de comunicaciones y con gran cantidad de población rusa.
El choque de la OTAN con Rusia se ensaña en Jerson, dividida por el Dniéper en dos: Rusia del lado oriental y las FAU en el occidental, para proyectar su estrategia de destrucción masiva sobre ese laboratorio donde las vidas de los rusos étnicos son desechables.
En 2001, el último censo confiable de Ucrania calculó en 8.1 millones las personas de origen ruso, la mayoría en el Donbás y el resto en el sureste como Jerson, que desde 2004 han sido agredidas por Occidente para absorber la región y avanzar hacia Rusia con las FAU.
Estados Unidos (EE. UU.) y la Unión Europea, que se ostentan como paradigma de los derechos humanos, encubren a Kiev y no condenan sus delitos. Por ello, el espurio Volodímir Zelensky acudió como invitado de honor al Día Nacional de Francia y lo abrazó una entusiasta Ursula von der Leyen en la cumbre de la OTAN. Les sirve para atacar a Rusia y le niegan el ingreso a ese club bélico.
Donald Trump explicó esa paradoja: tras aprobar que Kiev fabrique los interceptores Patriots, se le escapó decir que Ucrania es una tierra “fantástica con muchos recursos”. Tal es la ambición capitalista.
La denuncia
Occidente admitió que no ganaría en el campo de batalla a Rusia y, urgido por acceder a esos recursos y territorios, alentó el terrorismo del régimen de Kiev. Por ello, hoy esa región recibe la cuarta parte de ataques contra civiles e infraestructura básica.
En Jerson y los distritos de Aleshky y Shadovsk, drones y artillería han destruido 11 mil construcciones, la mayoría eran viviendas. Así se intimida a la población y hace insoportable su vida hasta expulsarla.
Rusia ha denunciado esos crímenes ante diversas instancias y el 25 de junio, su delegación ante las Negociaciones de Viena sobre Seguridad Militar y Control de Armas, realizó la teleconferencia internacional “Crímenes del régimen de Kiev: terror contra la población civil en la región de Jerson” con asistentes de 80 países, entre ellos esta autora.
Al frente estuvo el embajador especial del Ministerio de Relaciones Exteriores, Rodión Miroshnik, con la jefa de la delegación rusa en las Negociaciones de Viena Sobre Seguridad Militar y Control de Armas, Iulia Zhdanova.
Con ellos, la Comisionada para Derechos Humanos de la Federación de Rusia, Yana Lantratova; y desde Jerson el gobernador Vladimir Vasilievich Saldo. Participaron a distancia pobladores, médicos y periodistas, describiendo los sistemáticos ataques de las FAU.
El balance del gobernador Saldo fue inquietante: al primer trimestre de este año han sido asesinados 545 civiles ‒entre ellos 20 niños y seis médicos–; han sido heridos tres mil 724 (109 menores de edad y 20 médicos); y puntualizó: “Insisto, todos civiles”.
Conciso, retrató la dramática situación provocada por Occidente: “En Jerson se trabaja en condiciones muy duras; pese a ser una zona rica en recursos, vivimos con precariedad y bajo el terrorismo por ataques destructivos que dejan enormes pérdidas.
“Se presiona y desinforma a los ciudadanos que viven bajo constante amenaza militar y se justifica cualquier método para debilitar a Rusia. Se bloquean mensajes e investigaciones por crímenes y se fabrican acusaciones mientras Occidente dice ser imparcial.
“Todas las familias a lo largo del río han perdido a varios miembros; y aunque militares de Kiev atacan con distintos medios, los pobladores siguen en Jerson a la espera de la victoria y una vida pacífica.
“Las FAU actúan de manera que no cabe en una cabeza normal: minan carreteras donde pasan ambulancias, bomberos, ciudadanos y toda construcción está bajo amenaza. Ayer atacaron una estación y destruyeron dos”.
En su sencillo espacio, el gobernador evoca la masacre con que inició este 2026, ordenada por el mando militar de Ucrania. Cuando pobladores celebraban el Año Nuevo en un hotel y un restaurante, fueron bombardeados por 200 drones que dejaron 24 muertos – incluido un niño– y 60 civiles heridos.
“La OTAN y la UE suministraron esos equipos a Kiev para asesinar a civiles, como los drones que incendiaron edificios en Khorly, y aún muestran signos del intenso fuego y la sangre de las víctimas en el suelo”, reseña el funcionario.
Él y el gobierno ruso acusaron a Ucrania ante la ONU por ese ataque terrorista; pero Kiev y sus aliados afirmaron que sólo atacan objetivos legítimos (como la refinería rusa Ilsky en Krasnodar y la de Almetsyevsk). No hubo castigo.
Enronquece al narrar que el 1° de mayo “las FAU actuaron igual que los nazis en la Segunda Guerra Mundial, cuando 225 drones realizaron dos incursiones letales sobre un mercado con civiles y destruyeron infraestructura energética que privó de electricidad a la población”.
Es lo que Occidente llama Sistema de Destrucción Masiva, las FAU no combaten contra vehículos blindados de fuerzas rusas, sino que atacan autos civiles. Destruyeron seis ambulancias y ya no se pueden atender a heridos en zonas lejanas; en un mes bombardearon 20 carros de bomberos.
Desde el aire, los drones apuntan a pobladores que van al hospital por ayuda médica o a refugiarse. Desplazaron a muchos en Aleshky; y como Kiev orquesta su propia victoria, la propaganda inventó que las personas “huyeron porque el enemigo ruso minó la zona”.
Es tiempo de cosecha y se ataca a vehículos que la transportan; ya bombardearon 60 puentes entre Rusia y Crimea para aislar a Jerson y hay una catástrofe ecológica por falta de agua”, reseña el gobernador, que concluye contundente: “los drones cazan a todos los que pueden llevar la vida”.
El terror
El médico-jefe del hospital central de Aloshky, Vladimir Kharlan, sobrevivió a dos explosiones cuando un dron kamikaze entró a su oficina, pero su esposa no lo logró. Tras recuperarse, volvió a atender a heridos en ese centro comunal.
El delgadísimo doctor explica su experiencia: “Vivimos sin luz y alimentos, día y noche recibimos a heridos; casi es imposible evacuar a los enfermos graves porque todo está minado y los conductores rezan a Dios para regresar a salvo. Han fallecido muchos; los compañeros no saben cuál será su suerte”.
En bata de emergencia, Kharlan muestra edificios bombardeados y exclama: “se reparan y vuelven a destruirlos. Tratamos de reanimar a las gentes que son verdaderos héroes; por ello dije al presidente Putin que quería la condecoración especial para todos ellos. No sabemos cuándo termine esto, pero será con la victoria rusa”.
El rostro del médico refleja determinación, parece la determinación del régimen de Kiev para matar y causar daños. Y pese al terrible panorama que le causa, concluye: “Será muy difícil vencernos y es imposible que alguno de los trabajadores de este hospital lo abandonemos”.
La voz de las víctimas viene de Svetlana, que habla desde su refugio. Vivía en Geroiskoye con sus tres niños, pero un día antes, los drones dejaron el pueblo sin electricidad y por eso lamenta que otros vecinos no pudieran comunicarse.
Habla muy bajo del terror a gran escala del régimen de Zelensky en esa región, que llegó al extremo la noche del seis de junio de 2023, cuando seis misiles Himars destruyeron la presa Nova Kakhovka. Millones de litros de agua inundaron poblados causando una catástrofe humanitaria.
“Pude sentir el olor del agua que llegaba adonde la gente dormía. Me salvaron soldados rusos, cuyo frente está a 15 kilómetros de su ciudad. Sólo así sobreviví; nos rescataron en barcos mientras trabajadores del Ministerio de Emergencias iban por otros.
“Cuando el agua se fue, vimos cuerpos de personas y animales, olía terriblemente; luego drones de Kiev volvieron a atacar, mataron a muchos en sus casas porque sabían que eran leales a Rusia”.
Lanzaron un dispositivo incendiario a Svetlana y volvió a buscar refugio. Encontró trabajo en el pueblo donde estaban sus hijos y otros. “La noche del 16 al 17 hubo un sonido fuerte y vimos que un dron entró a la casa y todo ardió, nos salvamos porque nos cubrió una placa”.
Los servicios rusos de emergencia y la administración rusa les dieron documentos de ciudadanía, comida y médico gratuito. Pero sus niños no duermen ni soportan el ruido de los drones que siguen volando y bombardeando. Quieren regresar a casa, pero ahora ahí sólo hay tanques. Por eso, Svetlana pide: “hay que hablar de eso para que ayuden a otros que lo necesitan”.
Crímenes de las FAU
Toda guerra juega con la suerte de quienes viven ahí: los civiles pierden todo, hasta su futuro, pero Occidente y sus medios no lo muestran, como hicieron en los Balcanes y Medio Oriente: silenciando los sufrimientos. Lo mismo pasa en Jerson, explica el jefe de análisis militar ruso, Miajil Zvinchuk.
Zvinchuk, cuyos razonamientos atraen a más de millón y medio de seguidores en la web, refiere que, en seis meses, la región sufrió cuatro mil 296 bombardeos y 123 mil 455 heridos. Revela que los ataques con drones han sido tantos que no se pueden calcular.
El influyente exmilitar reclama que medios de Occidente avalan las agresiones a civiles porque califican como “instalación militar” al hotel y restaurante que atacó el 1° de enero, o autoataques a las agresiones en Alioshky contra ambulancias y viviendas, que dejaron 10 personas quemadas.
“Decenas de kilómetros están bajo fuego; en Alioshky, las incursiones de artillería son masivas y deliberados. Las FAU actúan con la idea de que los civiles son objetivos militares”.
Acusa: detrás de esos ataques a civiles, están la inteligencia, que en redes difunde videos de sus atrocidades. Causan ese terror las brigadas 437, la 22 y 383 de las FAU y drones de la infantería de Marina, que sigue el principio de destrucción total.
“La artillería del terror es la Brigada 406, que lanza morteros y otros a la ribera oriental. Tienen medios, asistencia técnica –incluso de Google‒ y financiera para armas que destruyen el transporte civil y carreteras. Sus drones Hornet rompieron la línea del suministro de alimentos y gasolina, y los de tipo UTI, arrasaron las vías que conectan Jerson”.
Zvinchuk concluye: pese a esa gran agresión, ahí están las fuerzas rusas para salvar a la población y ofrecerle una imagen real de futuro.
Tras ese recuento, la Comisionada para Derechos Humanos de la Federación de Rusia, Yana Lantratova, advierte que la estrategia de terror no comenzó en 2022 (con la Operación Militar Especial rusa) sino desde 2014, cuando Ucrania bombardeó a la población rusoparlante y acusó a Rusia.
“Es una lógica hipócrita que viola la Carta de la ONU porque al momento es imposible mostrar al mundo el daño que se comete contra los niños”, alerta Lantratova, quien ayudó a evacuar a 700 madres con sus hijas de una zona cercada por las FAU que, tras usarlas como escudos humanos, las abandonaron.
En ese 2014 huyeron más de 14 mil personas y murieron más de 12 mil por ataques ucranianos, muchos quemados vivos como en Odesa; Lantratova refiere queeran mitos fabricados, según sus medios, y lamenta: “ellos deciden quién tiene a derecho a vivir. Continúan lo que Joseph Goebbels reconoció: Los rusos no son humanos, sino animales”.
Los habitantes de Jerson viven en una situación cruel por el vuelo constante de drones que todo destruyen; detonan minas en carreteras para impedir el tránsito de alimentos e insumos básicos.
El 26 de mayo, oleadas de drones destruyeron 48 viviendas en edificios donde murieron muchos menores; en Novorossiya apuntaron directamente a personas, sin importar género o edad, si van a pie o en automóvil o buscan refugio.
Ahí viajaron periodistas de Reino Unido y China, entre otros países; ellos constataron que no era una zona militar. Tras el ataque ininterrumpido de cinco horas a menores, sólo quedó su sangre y el llanto de sus madres. “Era una zona alejada del campo de batalla, los niños fueron el objetivo del ataque” y narra las violaciones de las FAU:
“Han quemado vivos a civiles con sustancias que arrojan desde drones, los torturan o marcan con símbolos nazis; así hicieron en Kursk y Mariúpol. Para el régimen, todos son objetivos válidos”.
Esas agresiones violan, entre otras, la Convención de Ginebra (CG) y su Protocolo, particularmente el Artículo 58°, que prohíbe la eliminación sistemática de civiles y atacar localidades no defendidas; así como el Artículo 35° del Protocolo en torno a no infligir sufrimiento innecesario.
Cuando atacan a médicos y socorristas, violan los Artículos 15° de la CG y el Artículo 53°, que prohíbe destruir monumentos, lugares de culto y patrimonio cultural tras el bombardeo al museo de Sebastopol. También infringen la Resolución 2601 del Consejo de Seguridad por no ayudar a la población en conflictos.
Periodistas del mundo han reportado esa transgresión a la legalidad, como Andrea Lucidi quien, al cubrir ataques a civiles, encaró amenazas a su vida cuando drones militares lo acosaron por largo trecho.
“Todos están en la mira de francotiradores, incluso periodistas que no son combatientes. Vi en Aloshky destruir monumentos de la Gran Guerra Patria, que son memoria de la población. Para el régimen, Jerson es un territorio de cacería y plataforma militar donde construyen puntos de control debajo de colegios y sus arsenales en zonas residenciales.
“Se debe documentar que ya se perdió la separación entre combatientes y civiles; la comunidad internacional debe saber lo que ahí ocurre, pues el silencio ignora el sufrimiento y el doble rasero occidental, eso puede extenderse a otras regiones”, alerta el italiano.
El reportero Diego Verón denuncia la campaña de desinformación que oculta los ataques del régimen. “Semejan lo que hicieron los nazis sobre los soviéticos al quemar vivas a las personas y bombardean a ambulancias y a bomberos cuando van a ayudarlas”.
Para su colega Alexandre Penasse y autor de la cinta Atrás de la cortina de humo, que revela la agresión de Kiev en Donbás, la información debe ser arma para la paz. Todos exhortaron a denunciar ese terrorismo para que la comunidad no sea indiferente.
Nuevo tipo de guerra
La Conferencia Crímenes del régimen de Kiev: terror contra la población civil en la región de Jerson evidenció que EE. UU. y la UE alientan la violencia del régimen contra Jerson para crear terror, destruir infraestructura, cortar líneas vitales de suministro y desplazar a miles de rusos étnicos.
En la región sureña, ambas fuerzas avanzan, se repliegan y retoman terreno perdido desde 2022, cuando Rusia lanzó su Operación Militar Especial para liberar al Donbás del Apartheid.
En esa nueva guerra, drones con tecnología FPV (First Person Vision/visión en primera persona) practican ataques de corta distancia de artillería tras localizar objetivos (niños, mujeres, obreros, médicos, campesinos, conductores de autobuses, ambulancias y taxis).
Ese asesinato a escala industrial modificó la noción que, en México y el mundo, se tenía del choque entre contendientes. El uso de la más sofisticada tecnología, que guía a los drones a cientos de kilómetros para activar el disparador sobre objetivos civiles hoy ya se denomina guerra algorítmica.
La Inteligencia Artificial (IA) bélica es real y acaba con más vidas. Ese uso intensivo de la más sofisticada tecnología contemporánea ya redefinió el concepto mismo de la guerra y el rol de los seres humanos –sean víctimas o victimarios– explica el especialista Pablo Elorduy
El laboratorio genocida en Jerson exhibe la naturaleza fascista del capitalismo corporativo, que usa algoritmos automatizados para eliminar a objetivos civiles. Urge que México conozca el riesgo del neofascismo en las naciones que optan por la soberanía y autodeterminación.
El compromiso ruso
“Usaremos todos los medios para proteger a las personas, puentes, plantas energéticas y hogares; daremos respuesta a los ataques antiaéreos de Kiev, aunque lo financien; ese régimen será derribado y responderá por los actos cometidos”, afirmó Rodion Miroshnik.
Anunció que, por primera vez, la comunidad internacional recibió información verificable de los crímenes cometidos por Ucrania y se comprometió a usar sus “espacios de incidencia, y en el marco de la verdad que mueve a Rusia”, para transmitir y denunciar la terrible realidad.
Esta autora le preguntó: ¿Quién se beneficia de que EE. UU. permita a Ucrania fabricar Patriots, que dañarán a más madres, padres, médicos y socorristas? Y, ¿qué espera del periodismo independiente?
El embajador especial respondió: “Cuando concluya el suministro de Patriots, Himars y otros cientos de armas, terminará la guerra”. Según el Instituto Kiel, EE. UU. ha proporcionado 187 mil millones de dólares (mdd) y más misiles para perpetuar la guerra.
Aunque hay países que quieren detener el suministro de armas, el exjefe de la diplomacia europea Joseph Borrell declaró que, si ese flujo terminara, la guerra acabaría en semanas. Ucrania sabe que llegará el fin. “Agradecemos al periodismo que reporta lo que sucede, porque el régimen oculta la verdad”, se exponen cuando van a las zonas de combate porque Ucrania no los respeta.
Starlink, la perversa red
Elon Musk ha ganado miles de mdd al instalar terminales portátiles Starlink en drones de Ucrania a través de SpaceX. Con esa conexión, pilotos militares ucranianos reciben información e imágenes en tiempo real que guían a sus vehículos no tripulados a larga distancia para atacar eficazmente.
Starlink sirve a la guerra electrónica porque evita interferencias en las comunicaciones; sus chips se montan en drones que ponen en su mira a personas en patios de sus casas, caminos, tiendas o refugios. Así las FAU cazan a médicos, socorristas y trabajadores en autobuses; admiten que son “actos políticos”.
A petición de Kiev, se bloqueó el acceso de millones de oriente a Internet y se impidió la comunicación entre tropas rusas, refiere el experto Svinchuk.
En junio de 2023, el Pentágono contrató a SpaceX, “columna vertebral militar de la OTAN en la exrepública”, para dar ese servicio que pagan aliados; recientemente, Polonia aportó 50 mdd. Ese pacto beneficia a la firma particular ucraniana Lyivstar, que así lucra con la corrupción del régimen.
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Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.