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Con la revisión del Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en puerta, el mercado de autopartes ha experimentado un entorno de incertidumbre comercial al mismo tiempo que amenaza la operación de las empresas del sector.
Desde hace 30 años, el acuerdo de libre comercio, originalmente llamado Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), permitió el libre flujo de vehículos y autopartes dentro de la región, pero eso cambió en 2025, cuando Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, comenzó a aplicar aranceles bajo la Sección 232 del acuerdo.
Bajo este acuerdo, según la firma J.D. Power, México se ha posicionado como el sexto productor más grande de automóviles en el mundo, con alrededor de 4.06 millones de unidades estimadas en 2025, sólo después de Alemania, India y Japón.
En marzo de 2025, el gobierno estadounidense comenzó a aplicar un arancel de 25 por ciento a los vehículos importados desde México hacia dicho país, permitiendo a las armadoras descontar las tarifas sólo al contenido de origen estadounidense.
El contenido estadounidense es la parte del vehículo integrada por autopartes y procesos productivos realizados en Estados Unidos. Para efectos de los aranceles aplicados bajo la Sección 232, solo ese contenido puede descontarse del arancel de 25 por ciento, mientras que el resto del vehículo, aunque sea de origen mexicano o canadiense y cumpla con el T-MEC, queda sujeto al gravamen.
En este sentido, Rogelio Garza, presidente ejecutivo de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, dijo durante una conversación con Grupo Banorte que aproximadamente 2.7 millones de vehículos pagaron el arancel.
Por ello, consideró que si bien la industria automotriz de México experimentó momentos de incertidumbre durante el año pasado, también mostró resiliencia, pues la producción apenas disminuyó en 0.9 por ciento; las exportaciones cayeron en 2.7 por ciento, y el mercado interno creció en 1.4 por ciento.
Para Garza, la industria automotriz enfrentará aranceles al menos hasta julio de este año, pero espera que una vez resueltas las negociaciones del acuerdo comercial regrese el libre flujo de mercancías dentro de la región.
Armadoras ajustan operaciones
Eric Ramírez, director regional para Latinoamérica de Urban Science, empresa especializada en el sector, estimó las tarifas del gobierno estadounidense provocarán una caída de entre cinco y 10 por ciento en la producción de automóviles y autopartes.
“Las más afectadas podrían ser Nissan y Volkswagen. Volkswagen porque tiene mucho contenido de Alemania, no está cumpliendo los niveles del 75 por ciento del T-MEC, entonces tendrá que hacer más inversiones en la región o traer más componentes de EU”, dijo el directivo.
Las tensiones comerciales han llevado a las empresas del giro a pausar operaciones e implementar estrategias para sopesar el impacto de los aranceles. La compañía japonesa Nissan, por ejemplo, dejó de producir y exportar los modelos QX50 y QX55 de Infiniti fabricados en Aguascalientes.
Ramírez explicó que la compañía depende en 50 por ciento del contenido nacional para su producción, lo que la obliga a implementar una estrategia para mitigar y absorber el costo del arancel.
Ante este panorama, Oscar Silva, socio de Roland Berger, afirmó que existe la posibilidad de que las inversiones del sector así como su manufactura terminen en territorio estadounidense.
Efecto dominó
El impacto no se limita al aumento directo en los costos de producción. Los efectos en cadena podrían ser más complejos para el sector. Desde una perspectiva de gestión de riesgos, el panorama enfrenta múltiples frentes, explicó Lourdes Rascón, líder nacional de Auto Marsh México.
De acuerdo con Rascón, “la industria automotriz se basa en redes intrincadas de proveedores que cruzan fronteras múltiples veces durante la producción. Cada cruce podría incurrir potencialmente en aranceles, creando un efecto en cascada en los costos que muchos no han calculado completamente”.
Por ello, afirmó que “no sólo se trata de número “, sino de dinámicas de mercado y comportamiento del consumidor que podrían reconfigurar los patrones de demanda “de la noche a la mañana”.
En este sentido, recordó que México está inclinándose hacia los vehículos eléctricos, pero los aranceles podrían complicar el acceso a componentes esenciales como baterías y electrónica, lo que “representa tanto un desafío como una oportunidad para que las empresas reconsideren sus estrategias de cadena de suministro”.
Hacia el futuro, considera que las empresas en México deberán centrarse áreas clave para sopesar los retos que la relación comercial con Estados Unidos supone, principalmente “deben diversificar sus redes de proveedores mientras mantienen el cumplimiento del T-MEC, continuar invirtiendo en capacidades de VE y manufactura avanzada” y estrategias de seguros y gestión de riesgos.
Finalmente, enfatizó que “los aranceles representan más que un simple problema comercial: son un catalizador para repensar cómo operamos en el ecosistema automotriz de Norteamérica. Si bien el enfoque inmediato a menudo está en los desafíos, veo esto como una oportunidad para que las empresas fortalezcan sus estrategias de gestión de riesgos y emerjan más resilientes.
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Escrito por Sebastián Campos Rivera
Periodista de finanzas, economía, negocios, mercados, divisas, indicadores y el sector energético. | X: @srivera1410