El Partido Verde no reconoce a Clara Luz Flores como coordinadora de la 4T en Nuevo León y advierte que podría competir sin Morena en 2027.
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Es un error del gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T) pensar que las protestas durante el acto de inauguración del Mundial de Futbol son producto exclusivo de las fuerzas de derecha, pues al hacerlo, se deslegitiman las demandas que diversas organizaciones sociales han planteado al Gobierno Federal.
Si esta equivocación sólo afectara los intereses electorales de Morena, no nos preocuparía demasiado; sin embargo, al analizar la realidad de forma tan simplista, se producen dos consecuencias negativas: por un lado, se sobredimensiona a la ultraderecha, otorgándole una relevancia que quizá no tiene; por el otro, se debilita a las organizaciones populares que, desde mucho antes de la llegada de la 4T al poder han salido a las calles para defender derechos fundamentales. Esta descalificación sistemática de la protesta social como “golpeteo de derechas” mina la confianza entre el gobierno y los movimientos ciudadanos que, paradójicamente, comparten el objetivo de transformar al país.
Desde la 4T se ha asumido la idea de que el bienestar social puede lograrse únicamente repartiendo dinero mediante programas asistenciales, con lo que se descuidan aspectos estructurales como seguridad, salud, educación, infraestructura y combate a la corrupción. De igual forma, muchas promesas difundidas en campaña han quedado en el olvido, lo que sugiere que el interés principal consistía en llegar al poder y mantenerse en él, más que construir transformaciones duraderas. Esta falta de coherencia entre el discurso y la práctica abre una brecha por la que se cuela el discurso de la oposición conservadora.
Las madres buscadoras salieron a las calles porque nuestro país atraviesa una crisis humanitaria de desapariciones. En prácticamente todo el territorio nacional se han encontrado fosas comunes; por lo tanto, su movilización no es un mero acto de golpeteo político, sino la manifestación dolorosa de una realidad ineludible. También salieron a las calles los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos por fuerzas del Estado, incluyendo al Ejército.
Andrés Manuel López Obrador se comprometió a resolver el caso, pero desde 2018 no hay avances reales; al contrario, las investigaciones oficiales parecen orientadas al encubrimiento. Por otro lado, los maestros continúan sus protestas ante el incumplimiento de las promesas educativas realizadas en campaña, lo que evidencia un descontento que no puede atribuirse a la oposición.
La llamada derecha política en México es un espacio donde participan actores que tienen, simultáneamente, poder de decisión en grandes empresas, partidos como Acción Nacional y organizaciones de inspiración católica. Su objetivo radica en articular coincidencias ideológicas y operativas para disputar el proyecto de nación. Por tanto, la derecha hará lo necesario para desacreditar al gobierno; ése es su papel histórico. Por tal motivo, la Presidenta no puede quejarse de algo tan previsible. Al contrario, debe tener la capacidad política para distinguir entre las demandas populares genuinas y las operaciones de acoso mediático. Tuvo mucho tiempo para llegar a acuerdos de trabajo con las organizaciones sociales, pero la soberbia pudo más y no se hicieron las tareas necesarias.
El peligro radica en que las decisiones del gobierno –como la militarización, los recortes a organismos autónomos o el abandono de ciertas garantías– fortalecen el discurso de que la izquierda es incapaz de gobernar bien. Los fracasos reales del gobierno y la ausencia de una alternativa progresista dentro del sistema de partidos colocan a la derecha como una opción viable para los sectores descontentos. Debilitar la organización popular es, precisamente, hacerle el juego a la derecha, porque desarticula la resistencia que podría frenar su eventual regreso al poder. Cada organización popular tiene sus propios programas de lucha y demandas concretas; mientras defiendan los intereses de los desprotegidos y sean congruentes, deberán desarrollarse.
El pueblo de México está mayoritariamente desorganizado y puede ser víctima de los discursos simplistas de la derecha. Para no caer en un gobierno de ultraderecha que se someta a los intereses del imperialismo, los mexicanos necesitan organizarse, educarse y politizarse; no la pasividad, sino la actitud consciente, una actividad encaminada a fortalecer sus propias estructuras organizativas. Ése es el verdadero camino para impedir que la derecha se fortalezca al amparo de la falsa izquierda en el poder.
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El conato de violencia dejó un saldo de dos mujeres heridas, carpas y pancartas destruidas; además, se reporta la ausencia de autoridades de seguridad.
El partido gobernante registra 46% de intención de voto, frente a 8% del PAN, 6% del PRI y 5% de MC, según una encuesta nacional de El Financiero. El estudio también reporta 31% de personas sin una preferencia partidista definida y 52% de confianza en el INE.
No debe sorprendernos que los políticos salten de un partido a otro como chapulines. Cambian de siglas, de colores y de discursos, pero no de los intereses esenciales que representan.
Los especialistas manifiestan su condena a la incondicionalidad del PJF ante el gobierno.
Especialistas y organizaciones nacionales analizan al PJF surgido de la reforma, promovida por AMLO al final de su sexenio, que limitó su autonomía.
La izquierda ha dado la batalla sin reconocer el problema, ha querido salvar a las naciones discursivamente dejando en su lugar el camino abierto a la derecha al fracasar estrepitosamente con su política sin principios, sin fundamentos, sin una teoría correcta, revolucionaria.
Las formas para seleccionar candidatos cambiaron, pero el oportunismo, los cacicazgos y la disputa por posiciones todavía encuentran espacio para reproducirse.
La convocatoria para definir las Coordinaciones Distritales Federales exigió separarse de cargos públicos a quienes buscan participar; el registro para los 300 distritos fue del 1 al 4 de octubre.
Flávio Bolsonaro está respaldado por los sectores más conservadores y busca imponer una agenda de extrema derecha para eliminar el progresismo del gobierno de Lula.
A la fecha, el PGD 2025-2045 se encuentra en proyecto, y su integración se ha desarrollado entre la opacidad, irregularidades, desinterés e irresponsabilidad.
Desde una izquierda recompuesta, Luiz Inácio Lula da Silva libró la batalla en defensa de los recursos y el multilateralismo de Nuestra América.
El lector puede terminar repugnando el tour, luego de leer este libro venezolano de 2017.
Seis de los perfiles designados militaron en el PRD, dos en el PAN y uno en el PRI; otros ocho tienen trayectoria en Morena, PVEM o sin militancia partidista previa documentada en esos tres partidos.
Lo que está en juego supera unas presidenciales ordinarias: no solo el modelo de desarrollo, sino el destino de Jair Bolsonaro y la composición del Supremo, que Flavio promete “limpiar de naranjas podridas”.
México quedará fuera de las 10 economías más grandes del mundo: FMI
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Escrito por Diego Martínez
Sociólogo por la UNAM.