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Economía
Boom económico en Corea del Norte: ¿resultado del multipolarismo o de la guerra?
Corea del Norte no está experimentando las consecuencias del aislamiento, sino las oportunidades abiertas por una correlación internacional.


El pasado siete de junio, el periódico estadounidense Washington Post publicó una historia de éxito económico que quizás ninguno de sus lectores esperaba. En ella documenta el robusto repunte que ha experimentado la economía de Corea del Norte a partir, al menos, de 2023. Construcción acelerada de vivienda e infraestructura, automóviles eléctricos nuevos paseando por las calles de Pionyang, digitalización de la economía y generalización de la producción, uso de smartphones, etc., son, de acuerdo con el diario, algunos de los signos más visibles de la transformación económica que experimenta Norcorea; impresiones que son confirmadas tanto por los datos oficiales del gobierno de ese país, como por la información recabada por la inteligencia surcoreana y la de sus aliados occidentales.

La noticia es sorprendente porque, hasta hace poco, la historia económica reciente de Corea del Norte se había caracterizado por el estancamiento desde la década de los noventa. En ese momento, el colapso del campo socialista con la Unión Soviética supuso la desaparición súbita del principal socio económico de Corea del Norte. De la noche a la mañana, un enorme mercado paralelo al del mundo capitalista occidental desapareció y el pequeño país quedó en un aislamiento casi absoluto. A esto se sumó una cascada de sanciones económicas por parte de Estados Unidos, que dificultaron al país establecer relaciones económicas con el resto del mundo. Finalmente, la amenaza militar del imperialismo –acrecentada tras esfumarse los aliados militares de Corea del Norte– obligó a este país a canalizar una ingente cantidad de recursos para su defensa, desde el desarrollo de armas nucleares hasta la preparación de su numerosísimo ejército regular, a costa de la economía civil y, con ello, del nivel de vida de su población.

El cambio en esta tendencia en años recientes parece ser uno de los primeros frutos del nuevo orden multipolar en ascenso, es decir, de la progresiva pérdida de hegemonía de Estados Unidos y, con ello, de su capacidad para ejercer coerción sobre el resto del mundo. La causa es que, detrás de esta recuperación económica, se encuentra la relación con Rusia y China. Por un lado, la provisión de material militar y recursos energéticos por parte de Rusia han liberado recursos que han permitido a Corea del Norte fortalecer los sectores civiles de su economía. Por otro lado, este repunte se ve posibilitado por la importación de bienes e insumos clave provenientes de China. Finalmente, ambas potencias han pugnado en múltiples ocasiones ante la ONU por la relajación de las sanciones a las que se ha sometido su aliado. Así, este caso parece respaldar la proposición según la cual el orden mundial multipolar, puede ser más propicio para el florecimiento de proyectos socialistas en tanto limita la capacidad del imperialismo para asfixiarlos económicamente o agredirlos militarmente.

Pero una mirada más cautelosa sobre la cuestión obliga a ser prudentes antes de aceptar por completo esta idea. Esto es así porque la recuperación económica de Norcorea coincide, en su inicio, con la guerra en Ucrania en 2022 y, en general, con el agudizamiento de las tensiones bélicas en el mundo desde entonces. Corea del Norte siempre ha sido vecino de Rusia y China y socio natural de ambos, pero hace apenas cinco años se encontraba en una situación económica crítica, reconocida incluso por el propio gobierno de ese país. La guerra en Ucrania ha colocado a Corea del Norte como un socio económico y militar clave, pues este país ha provisto no sólo de armamento a Rusia, sino también de efectivos militares para el frente en Ucrania. Así, parece que el reciente cobijo de estos dos gigantes tiene que ver más con que reconocen el papel clave que Corea del Norte puede desempeñar en un conflicto militar con Occidente que con un compromiso más profundo con el desarrollo equilibrado de los países, premisa discursiva fundamental del multipolarismo. A pesar de ello, estos recientes acontecimientos en Corea del Norte prefiguran lo que debería, en teoría, permitir el declive del imperialismo norteamericano: la posibilidad de un desarrollo más soberano a escala nacional y, con ello, el de proyectos políticos de carácter socialista. En otras palabras, lo que parece indudable es que, por primera vez en décadas, Corea del Norte no está experimentando las consecuencias del aislamiento, sino las oportunidades abiertas por una correlación internacional. 


Escrito por Jesús Lara

Licenciado en Economía por El Colegio de México. Doctorante en Economía en la Universidad de Massachusetts Amherst de EE.UU.


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