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Alcohol y daño hepático: el papel de los antioxidantes
El consumo crónico de alcohol afecta al sistema inmunitario y favorece un estado inflamatorio generalizado que puede provocar daño en múltiples órganos.


El consumo de alcohol es una práctica que acompaña al ser humano desde que se tiene memoria histórica. Ya en la literatura clásica se referían a sus efectos: en el Canto IV de la Odisea, Homero escribe “al pronto echó en el vino del que bebían una droga para disipar el dolor y aplacadora de la cólera que hacía echar a olvido todos los males”. Siglos más tarde, también Shakespeare se refirió a las propiedades reductoras de estrés del alcohol en su obra Julio César (Acto IV, Escena III) “Dame un tazón de vino. En éste entierro toda crueldad”.

Aunque hoy se conocen con claridad los efectos nocivos del alcohol en la salud, su consumo es común y socialmente aceptado. Esto se debe, en parte, a que puede generar una sensación transitoria de bienestar, aliviar el estrés, facilitar la expresión emocional y favorecer la interacción social. Por ello está presente en múltiples celebraciones y espacios de convivencia. Sin embargo, una proporción significativa de la población incurre en el uso nocivo del alcohol, lo que acarrea consecuencias médicas, psicológicas y sociales tanto en el nivel individual como en el colectivo.

Del vaso al organismo

Las bebidas “alcohólicas” contienen principalmente alcohol y agua con bajas cantidades de vitaminas, minerales y otros nutrientes como proteínas, carbohidratos y grasas. El contenido de alcohol en la cerveza es de alrededor del cinco por ciento; del vino entre 12 y 15 por ciento; y en los licores destilados como vodka, ron, tequila o whisky es de 30 a 40 por ciento. Un gramo de alcohol contiene aproximadamente siete (kilocalorías) kcal de energía, lo que resulta elevado en comparación con el contenido energético de los carbohidratos y las proteínas (4 kcal/g). La mayoría de las bebidas alcohólicas aportan “calorías vacías”, que proporcionan energía al organismo, pero contienen muy pocos nutrientes que realmente pueden ser aprovechados.

El alcohol ingerido se absorbe principalmente a través del estómago y el intestino delgado. Con el estómago vacío se absorbe del 80 al 90 por ciento del etanol ingerido dentro de los 30 a 60 minutos del consumo. La concentración máxima de alcohol en sangre se alcanza dentro de los 45 a 60 minutos. Menos del 10 por ciento se elimina sin cambios a través del aliento, el sudor y la orina, mientras que más del 90 por ciento circula por el organismo hasta el hígado, donde es metabolizado.

Impacto del alcohol en la salud

El consumo crónico de alcohol afecta al sistema inmunitario y favorece un estado inflamatorio generalizado que puede provocar daño en múltiples órganos. Se ha relacionado con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, demencia, desnutrición, pancreatitis, trastornos del espectro alcohólico fetal y diversos tipos de cáncer, además de enfermedades cerebrales y hepáticas. Esto sucede porque, cuando el cuerpo procesa el alcohol, se forman sustancias dañinas para las células, especialmente las del hígado, que a su vez deterioran su funcionamiento a largo plazo. Los antioxidantes ayudan a neutralizar estas sustancias y preservan la estructura celular.

Aliados del hígado frente al alcohol

La ingesta de antioxidantes a través de la dieta participa en la prevención del daño hepático inducido por el alcohol y en la capacidad regenerativa del hígado, incluso por consumo ocasional. Asimismo, pueden incorporarse a una estrategia complementaria frente al tratamiento integral de personas que ya presentan daño hepático asociado al consumo crónico, siempre bajo supervisión médica. Es importante señalar que no sustituyen la reducción o suspensión del consumo de alcohol, que representa la medida más efectiva para proteger la salud hepática.

Entre los antioxidantes más estudiados se encuentran las vitaminas C y E, minerales como el selenio, aminoácidos como la glicina y compuestos naturales de origen vegetal, como los flavonoides, dentro de los cuales destaca la silimarina. Estas sustancias están presentes en diversas frutas y verduras; también pueden encontrarse en algunos suplementos de libre consumo. 


Escrito por Dr. José A. Morales-González .

Laboratorio de Medicina de Conservación. Escuela Superior de Medicina del Instituto Politécnico Nacional SNI III


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