Familiares de personas desaparecidas y usuarios en redes sociales cuestionaron el encuentro ante la falta de atención a problemáticas sociales.
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Kamala Surayya, también conocida por su seudónimo literario Madhavikutty y, después de su conversión al Islam, Kamala Das, fue una destacada escritora y poetisa india nacida el 31 de marzo de 1934 en Punnayurkulam, Kerala. Es reconocida por su poesía y prosa en inglés y malayalam.
Su estilo literario es conocido por su franqueza en temas de sexualidad y feminismo, explorando la intimidad y la identidad femenina en una sociedad conservadora. Su autobiografía, My Story (1976), es especialmente famosa por su honestidad brutal y ha sido traducida a varios idiomas. Fue nominada para el Premio Nobel de Literatura en 1984 y recibió numerosos premios literarios a lo largo de su carrera. Falleció el 31 de mayo de 2009, dejando un legado perdurable en la literatura india.
Entre sus principales obras están: My Story (1976); Summer in Calcutta (1965), su primera colección de poemas en inglés, que la estableció como una voz importante en la poesía india; The Descendants (1967) y The Old Playhouse and Other Poems (1973).
Hubo una época en la que nuestro deseo
era como una bandera multicolor de ningún
país concreto.
Reposábamos en la cama, los ojos vidriosos, fatigados,
como juguetes que los niños muertos dejan,
y nos preguntábamos el uno al otro.
¿A qué fin, a qué maldito fin?
Ésa era la única clase de amor,
ese destrozarnos mutuamente,
como reclusos desbrozando
y destripando terrones al medio día.
Éramos tierra bajo el caliente Sol.
Había fuego en nuestras venas
y las frías noches de la montaña
no servían para aliviar el ardor.
Cuando él y yo nos fundíamos en uno,
no éramos ni macho ni hembra.
No quedaban palabras, toda palabra era aprisionada
en los viejos brazos de la noche.
En la oscuridad crecimos,
mientras en silencio cantábamos,
cada nota surgiendo del mar, del viento, de la tierra
y de cada triste noche como un dolor...
Hay una casa ahora muy lejos,
donde una vez he recibido amor…
Esa mujer murió,
la casa se encerró en el silencio,
las serpientes se movían entre los libros,
yo era entonces demasiado joven para leer,
y mi sangre se volvió fría como la Luna.
¿Con qué frecuencia pienso en ir allí,
al mirar a través de los ojos ciegos de ventanas
o sólo escuchar el aire helado,
o en la desesperación salvaje,
recoger una brazada de la oscuridad
para traerlo aquí para estar detrás de la puerta
de mi dormitorio como un melancólico perro?
¿No se puede creer, querido,
puede usted creer, que vivía en una casa así
y me sentía orgulloso y amado?
¿Yo, que he perdido mi camino
y toco ahora a las puertas de desconocidos
para recibir el amor, al menos en pequeño cambio?
Habla girando hacia mí una mejilla
marcada por el Sol, su boca,
una caverna oscura donde brillan estalactitas
de dientes desiguales,
su mano derecha sobre mi rodilla,
mientras nuestras mentes
son empujadas a correr hacia el amor.
Pero tan sólo se pasean, trastabillando
ociosamente sobre charcos de deseo…
¿Puede este hombre de ágiles dedos
desatar algo más vivo que el
hambre ociosa de una piel?
¿Quién puede ayudarnos
que haya vivido largo tiempo
y haya fracasado en el amor?
El corazón, un depósito vacío esperando
largas horas, se llena a sí mismo
con enroscadas serpientes de silencio…
Soy rara. Únicamente
para guardar las apariencias hago ostentación,
a veces, de un deseo exuberante.
Planeabas domesticar una golondrina,
retenerla en el largo verano de tu amor para que olvidara
no sólo las frías estaciones
y los hogares dejados por el camino,
sino también la naturaleza, la urgencia de volar
y los infinitos senderos del cielo.
No fue para adquirir conocimiento
de otro hombre más que vine a ti,
sino para aprender quién era yo y el aprenderlo,
aprender a crecer, pero cada lección que me diste
fue sobre ti mismo.
Te complacía la respuesta de mi cuerpo,
su clima, sus frecuentes y superficiales contracciones. Babeaste saliva en mi boca, te derramaste
en cada rincón y grieta, embalsamaste
mi pobre deseo con tus jugos agridulces.
Me llamaste esposa.
Aprendí a trocear la sacarina en tu té,
y a ofrecer las vitaminas en el momento apropiado.
Encogida bajo tu monstruoso ego
comí del fruto mágico y me convertí en una enana.
Perdí la voluntad y la razón,
a todas tus preguntas murmuraba respuestas incoherentes.
El verano comienza a hacerse pesado.
Recuerdo las brisas más fuertes del otoño
y el humo de quemar tus hojas.
Tu habitación tiene siempre luz artificial,
tus ventanas están siempre cerradas.
Incluso el are acondicionado ayuda poco.
Ante el penetrante olor masculino de tu respiración,
las flores cortadas en los jarrones
ha comenzado a oler a sudor humano.
No hay más canto, ni baile, mi mente es vieja.
Casa de juguete con todas las luces apagadas.
la estrategia del hombre poderoso
es siempre la misma,
sirve su amor en dosis letales,
porque el amor es narciso al borde del agua, obsesionado por su propio rostro solitario
y, sin embargo, debe al fin buscar un final,
una libertad pura y total,
debe desear que los espejos
se rompan y que la noche amable borre el agua.
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Escrito por Redacción