La Conagua prevé un panorama favorable para el resto de la temporada de lluvias 2026 y descarta problemas para garantizar el abastecimiento de agua durante el próximo año hidrológico.
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La población de Estados Unidos (EE. UU.) enfrenta uno de sus periodos de cambio socioeconómico y político más profundos en los dos últimos siglos, por lo que resultaría ingenuo creer que el retorno de Donald John Trump a la Casa Blanca dará una buena oportunidad a México o que, por lo menos, podrán sobrellevarse sus políticas imperialistas.
Por ello, la expectativa más realista y razonable sobre qué ocurrirá a partir del 20 de enero con la asunción del 47º presidente estadounidense al poder parece una estrategia de dominio político duro, injerencista y disruptivo para cuyo desciframiento y previsión, el gobierno mexicano únicamente dispondría de los acertijos.
El llamado Trump 2.0 vaticina cuatro años sombríos para los mexicanos y gran parte de los habitantes en los países del “tercer mundo”. En el caso de México, es previsible que antes de que cumpla 100 días en el cargo (hacia el 20 de abril), le habrá aplicado medidas político-sociales y económicas que trastocarán la relación bilateral.
Trump encarna el imaginario político del “excepcionalismo” y el hegemonismo estadounidense enunciado desde 1822 con la Doctrina Monroe; entre sus ocurrencias, reitera su convicción por frenar la decadencia imperialista y crisis generalizada que hoy afecta al “capitalismo crepuscular”.
Él, como sus antecesores en la presidencia, resguarda al capitalismo por encima de la democracia; apoya la reducción del Estado; defiende los intereses oligopólicos; rechaza tasar a los ricos y critica el libre comercio.
Por su racismo, xenofobia y misoginia, Trump representa al fascista del Siglo XXI y el adalid más peligroso de la tecnocracia neoliberal y necropolítica, prácticas gubernamentales que desposeen a las mayorías e imponen fórmulas sobre cómo vivir, consumir y padecer la violencia.
El pasado 12 de diciembre, México y EE. UU. celebraron 201 años de haber formalizado sus relaciones diplomáticas. La sumisión se concretó a inicios de este siglo, cuando los gobiernos del Partido Acción Nacional (PAN) firmaron el Acuerdo de Seguridad y Prosperidad para América del Norte y el Plan Mérida en México. ¿Qué versión del capitalismo seguirá el Trump 2.0 y cómo impactará en México? Todo está por verse, alerta el historiador Enzo Traverso.
El presidente estadounidense electo insiste en negociar el T-MEC con México y Canadá, porque afirma que subsidia anualmente al primero con 300 mil millones de dólares (mdd); y a Canadá con más de 100 mil mdd; además de que amaga con imponerles altos aranceles para que EE. UU. “vuelva a ser más rico”.
En su mente ronda también la idea de anexar a México y Canadá a la Unión Americana y convertirlos en los estados 51 y 52, como expresó el pasado siete de diciembre ante la cadena informativa NBC. Esta ocurrencia emanó de la apropiación de 55 por ciento del territorio mexicano con el Tratado Guadalupe Hidalgo, suscrito en 1848 por el expresidente Antonio López de Santa Anna.
Para consumar su proyecto político imperialista contra México, América Latina y el mundo, Trump contará con la colaboración de una tríada de halcones. Uno es Marco Rubio, exsenador por Florida, de origen cubano e implacable crítico de la izquierda latinoamericana, quien fungirá como secretario de Estado.
Al transitar por las Comisiones de Relaciones Exteriores y de Inteligencia del Senado, Rubio asumió la visión imperialista de EE. UU. y afinó su idea de “adoptar” a la nueva generación de gobernantes proestadounidenses en Argentina, El Salvador, Ecuador y Perú.
Rubio operará una política exterior que subvertirá la “buena relación” formal con México, a pesar de que, en junio, difundió su expectativa de que la nueva presidenta enfrente las crisis de fentanilo y migración indocumentada.
Sin embargo, en mayo de 2023 apoyó una intervención militar contra las mafias de las drogas. Astuto, Rubio se protege del riesgo legal cuando afirma que apoyaría tal medida si se efectúa “en coordinación” con las fuerzas armadas y policiales mexicanas. Habrá que ver hasta dónde la Presidenta resiste a esa presión.
Otro miembro de la tríada es el coronel Ronald Johnson, designado embajador en México. No tiene experiencia diplomática, pero es hábil en operaciones encubiertas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Comando Sur, donde fue asesor y enlace militar para los ejércitos de la región, con excepción de México.
Johnson es maestro en la Universidad Nacional de Inteligencia (UNI), con sede en Maryland, e imparte los conocimientos adquiridos durante sus misiones subversivas en América Latina, Irak y Afganistán.
El tercer halcón que, desde el gobierno, ejecutará la política opresora de Trump, es el exmilitar, representante republicano y proisraelí Mike Waltz, designado Asesor de Seguridad Nacional. En enero de 2023 propuso invadir a México por el ejército estadounidense para frenar el flujo de drogas.
Resulta proverbial el agresivo comportamiento de Waltz contra la población afgana; y en su autobiografía justificó el asesinato de una niña durante un intenso tiroteo militar generado por las fuerzas gringas. Él será quien aplique la política de seguridad de su país hacia México.
Con estos personajes, Trump espera rápidos resultados en el ámbito exterior. Y, con su política injerencista y disruptiva, busca convertir a México en una pieza fundamental contra su adversario geopolítico: la República Popular China (RPCh).
Aunque en su contienda con otras potencias, no se prevé el éxito del magnate, no hay duda de que atacará a México desde el mismo 20 de enero. Con giros esquizoides, el 22 de diciembre calificó a la presidenta mexicana como “mujer maravillosa”, para luego calificar como “organizaciones terroristas” a las mafias mexicanas de la droga.
En su estrategia de gran calado para enfrentar la competencia comercial de las mercancías chinas en América Latina, y México en particular, Trump amenazó con imponer un arancel de 25 por ciento sobre bienes y servicios mexicanos.
Con visión transaccional, busca que México negocie bajo presión sobre temas de seguridad, comercio, inmigración y energía; y para ser efectiva, la respuesta del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo debe ser también integral; la atención a tantos y diversos frentes le impedirá concentrarse en las prioridades internas.
En este momento, México debe proyectar sus fortalezas estratégicas. Una consiste en subrayar la gobernabilidad de ese importante y estratégico vecino; y, adicionalmente, enfatizar en las vulnerabilidades de EE. UU., entre los que destaca el declive económico de la mayoría de estados que requieren mano de obra mexicana y viven de los impuestos de los residentes.
El más complejo frente de batalla contra EE. UU. se genera en el ámbito de la seguridad. Por eso luce peligrosa la estrategia del Trump 2.0, que presenta a México como fuente de amenaza por su presunta tolerancia al tráfico de drogas sintéticas.
El magnate insiste en que el gobierno mexicano no realiza lo suficiente para frenarlo y por ello califica como “terroristas” a las mafias. Esta tentativa, apoyada por la derecha proestadounidense mexicana, alega que persiste una “amenaza inminente”’ contra la seguridad de EE. UU.; y su ejército irrumpiría en el territorio nacional. Este proyecto neofascista no escatimará recursos para su obvio plan de invadir a México.
Otro reñido frente de batalla es el comercial. Las amenazas de imponer más aranceles tendrían un efecto boomerang, pues el empresario estadounidense también necesita a México y entiende que no habría grandeza en su país sin un socio y vecino exitoso y estable.
A la vez, su insistencia en acosar a México podría ampliar más las importaciones chinas; y si, además, reduce las exportaciones mexicanas y decide fabricar sus propios bienes o prestar sus propios servicios, “la inflación subiría al cielo” en EE. UU., estima Alex G. Ormerod, analista de Mexico Political Economist.
Y aunque la retórica antimexicana ha subido de tono, el comercio con México se ha incrementado; y, en 2023, Texas vendió exportaciones por 144 mil mdd a México, monto más elevado de un Estado a cualquier país. Éste y otros Estados sufrirían con una guerra de aranceles.
México está mejor preparado ahora que durante el primer mandato de Trump; y su gobierno ha pasado meses elaborando planes para anticiparse a toda propuesta extrema de Trump en todas las áreas, sobre todo en seguridad y comercio. En este rubro ya impuso aranceles a productos subsidiados de China, apunta Natalie Kitroeff.
Sin embargo, el diario The New York Times crispó más los ánimos al sostener que, en su expansión global, China usa México para producir millones de autos baratos que están excluyendo a EE. UU. del suculento negocio en esta industria.
El pasado 20 de diciembre, el panel de controversias del Tratado México-EE. UU. y Canadá (T-MEC) avaló el uso del maíz genéticamente modificado y falló contra el decreto del presidente mexicano de 2023, que prohíbe su consumo en humanos, al sostener que México no comprobó científicamente tal aseveración.
El panel dio 45 días a México para adaptar sus políticas comerciales al acuerdo de 2020. Al imponer el interés corporativo capitalista sobre la salud y sobrevivencia de los mexicanos, ese dictamen anticipa las fuertes presiones en 2026, cuando se renegocie el T-MEC con el exnegociador Robert Lighthizer como “zar del comercio”.
Frente a este panorama sombrío, el gobierno de México debe usar otra fortaleza estratégica: el beneficio de la intensa relación comercial bilateral, que sólo en 2023 alcanzó los 800 mil mdd; es decir, México debe mostrarse como lo que es: el mayor socio comercial de EE. UU.
La expulsión de hasta 4.4 millones de inmigrantes –sin importar los años que lleven como residentes en EE. UU– representa una amenaza poderosa y peligrosa de Trump. En la superpotencia residen hoy casi 11 millones de inmigrantes sin visa y cuatro millones son mexicanos, según el Centro de Investigación Pew.
Para complacer a sus radicales e ignorantes adeptos, el magnate sostiene que expulsará a todos los inmigrantes porque forman redes criminales y los privan de sus empleos. El presidente 47º de EE. UU. contendrá la inmigración con una declaratoria de Emergencia Nacional y la activación de las fuerzas de seguridad. Y para sortear los obstáculos legales y de derechos humanos, invocará la Ley de Enemigos Extranjeros que data de 1798.
Así superará las trabas financieras y logísticas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). La obsesión antiinmigrante alega que, aunque entre 2022 y 2023 disminuyó el número de indocumentados aspirantes a EE. UU., los agentes fronterizos detuvieron a 2.5 millones de inmigrantes, el máximo histórico.
Por ello, el magnate nombró como “zar de la frontera” al exdirector interino del ICE, Tom Homan; y como Subdirector de Gabinete para Políticas de la Casa Blanca, a Stephen Miller; todo esto anuncia una política migratoria agresiva e inflexible.
En el primer gobierno de Trump, Miller impuso las más duras medidas migratorias y hoy se prevé que las deportaciones aumenten diez veces. Por su parte, Homan ya amagó a los indocumentados con la “operación de deportación más grande” que incluye a familias con niños ciudadanos de EE. UU. y los llamó a comenzar a “hacer las maletas”.
El binomio Homan-Miller operará arrolladoramente desde el día de la investidura de Trump. Como previsión, la presidenta de México insiste en subrayar que, con su trabajo, los mexicanos aportan unos 338 mil mdd anuales a la economía estadounidense. El equipo de transición de Trump no ha dado acuse de recibo del mensaje.
La historia confirma que restringir la inmigración ha sido perjudicial para la economía estadounidense y que resultarán dañados sectores como el agropecuario, la construcción, el textil y servicios como el turismo y transporte, dependientes de la mano de obra inmigrante.
Las deportaciones disminuirán las remesas que los mexicanos en EE. UU. envían a sus familias. Lo mismo sucederá con las expulsiones de otros indocumentados, que impactarán en las poblaciones fronterizas mexicanas y en las remesas que estos inmigrantes enviaban a sus familias.
Para EE. UU. también es pésima noticia la expulsión masiva trabajadores agricultores, pues disminuirá la producción agropecuaria con pérdidas de entre 30 mil y 60 mil mdd, según la American Business Immigration Coalition.
Además, Trump insiste en terminar el muro fronterizo, de muy elevado costo por sus sofisticados materiales. Los analistas prevén que el neoyorquino presionará para que México pague esa obra, tal como advirtió el 16 de diciembre.
Entretanto, unos mil 600 migrantes venezolanos y centroamericanos partieron en caravana de Tapachula, Chiapas, hacia EE. UU., a donde esperan llegar antes del 20 de enero. Ignoran que el gobierno mexicano ya cerró el albergue para migrantes en Ciudad Juárez y podría hacerlo en otras ciudades fronterizas.
En EE. UU. también han cerrado unos 200 refugios para migrantes de algunas de las llamadas “ciudades santuario”. Esto es una muestra anticipada de las bajas expectativas sobre los débiles del mundo para la derecha conservadora y el partido republicano. Por eso se prevé, asimismo, que el Trump 2.0 no se limitará a un cuatrienio, sino que se extenderá más allá de 2028.
Frente a tal escenario, México intenta fortalecer su exigua capacidad diplomática, ya que su Gobierno Federal no está en la mejor posición para enfrentar las próximas negociaciones. Por ello debe actuar con rapidez en muchos frentes, alerta Brend Estefan, analista de AmericasQuaterly.
Mientras, el 19 de diciembre, el Secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubón, anunció un arancel temporal de 35 por ciento sobre mercancías confeccionadas y del 15 por ciento a 138 fracciones de importaciones textiles; la mayoría de esos productos provienen de China.
La misma dependencia federal ha realizado “operativos-limpieza” en la capital del país, y en Sonora, Durango y Chihuahua, contra la “piratería” mercantil. Tales acciones están destinadas a satisfacer al magnate inmobiliario de Nueva York antes de que despache desde la oficina oval.
Al diseñar su retorno a la presidencia, Donald Trump esgrimió el uso de la fuerza armada para atender los asuntos difíciles en la relación con México.
Sus allegados, expertos en logística militar y republicanos hostiles a este país, le han presentado agresivos “planes de batalla” que van desde ataques con drones o con aviones militares contra laboratorios y arsenales de grupos delictivos mexicanos, hasta el envío de asesores militares, guerra cibernética, redadas y secuestros de líderes de cárteles y el despliegue de equipos de exterminio en México.
También se planteó el proyecto de una “invasión suave” a México para que fuerzas especiales encubiertas asesinen a líderes del crimen organizado, cita el experto en “influencia del dinero en política”, Andrew Perez.
Los analistas en EE. UU. debaten si hacer o no realidad esos métodos, su impacto en la sociedad y si Trump ha sopesado las secuelas. “¿Hasta qué punto debemos invadir México?” preguntó un miembro del equipo de transición de Trump, según el experto en conservadurismo estadounidense, Asawin Suebsaeng. Los entusiastas en enviar tropas a México son el futuro secretario de Defensa, Pete Hegseth y Marco Rubio.
Comercio bilateral 800 mil millones de dólares en 2023.
Aportes de migrantes
mexicanos a EE. UU. 328 mil millones de dólares anuales.
Inmigrantes sin documentos
en EE. UU. 11 millones; cuatro millones son mexicanos.
Récord de remesas
para las familias 63 mil millones de dólares (4.2 por ciento del PIB).
Casos pendientes en el ICE 3.5 millones en 56 tribunales de inmigración.
Agentes necesarios para
plan de Trump 20 mil nuevos elementos.
Fuentes: ICE, Pew Research Center
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Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.