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Brújula
El otoño de la “Cuarta”
En su novela El otoño del patriarca, el escritor Gabriel García Márquez, cuenta la historia de un dictador eternizado en el poder que a medida que lo alcanza la edad aumenta su maltrato a los ciudadanos y se vuelve cada vez más sanguinario.


El dicho popular afirma que no hay enfermedad que dure 100 años ni enfermo que la aguante; y como en solo cuatro años de gobierno, la autodenominada “Cuarta Transformación” (4T) únicamente ha agravado la enfermedad socioeconómica del país y, con los atropellos en Palacio Nacional, éste ha envuelto en un verdadero caos, con justificada razón, puede afirmarse que esta administración ya vive el otoño de su periodo sexenal. En su novela El otoño del patriarca, el escritor Gabriel García Márquez cuenta la historia de un dictador eternizado en el poder que a medida que lo alcanza la edad aumenta su maltrato a los ciudadanos y se vuelve cada vez más sanguinario. El pueblo lo odia y únicamente espera que el tiempo haga lo suyo; pero como se aferra al poder lo mismo que a la vida, sus incondicionales lo toleran, lo engañan, le hacen creer que es el padre querido del pueblo y cuando sale en carroza a las calles la muchedumbre se precipita en torno suyo, llora, lo abraza y le grita vivas. Pero nada es espontáneo, sino organizado por su séquito de aduladores con cargo al erario.

Las páginas de esta novela esbozan lo que puede ocurrir si los mexicanos se descuidan y dejan que el actual Presidente insista en sus caprichos y desmanes. En el más reciente de sus despropósitos, herido en su amor propio a causa de la marcha de la sociedad civil en defensa del Instituto Nacional Electoral (INE), organizó su propia manifestación. Esta marcha, contrario a lo que dicen sus admiradores, no fue una muestra de la fortaleza del gobierno de la 4T, sino de su decadencia. En un recorrido normal de 50 minutos del Ángel de la Independencia al Zócalo, se vio a un hombre marchar durante cinco horas entre empujones y jalones de una multitud enardecida que debía desquitar con “inmenso cariño” el pago acordado. La entrada triunfal en el Zócalo solo es equiparable a la procesión que Víctor Hugo describe sobre la fiesta de los Reyes Magos de 1482, cuando lo mismo devotos que rufianes y villanos de París, enardecidos y enajenados, nombran cada año al Papa de los Locos para burlarse del clero y la nobleza.

Una procesión similar pudo observarse en la abigarrada marcha del 27 de noviembre, cuyos asistentes, después del desorden y la anarquía, tuvieron que escuchar un discurso fantasioso de quien en cuatro años de gobierno no ha tenido ningún resultado positivo y se ha pasado repitiendo mentiras, disparates y calificativos. El remate de esa loca pieza oratoria llegó con la revelación del nombre oficial del modelo político, económico y social con el que el Presidente ha destruido este país en menos de un sexenio: “humanismo mexicano”, algo que solo un loco repetiría en otra parte del mundo, porque lo único nuevo que ha hecho el gobierno de la 4T es desaparecer instituciones que daban certeza social a la vida de los ciudadanos y deteriorar prácticamente todas las variables económicas. Además, el gobierno de la “esperanza” tiene al país sumido en un baño de sangre debido a que los narcotraficantes no solo tienen la venia presidencial, sino que gobiernan varias entidades federativas; porque el Covid-19 provocó la muerte de casi un millón de personas que no contaron con el servicio sanitario para enfrentar este azite; y porque la falta de medicamentos ha provocado que miles de niños enfermos de cáncer y pacientes de VIH, y otras enfermedades terminales, estén indefensos.

El Presidente no entiende que los programas asistencialistas de su gobierno, más que beneficiarlas, han empeorado las condiciones de las mayorías; porque los montos de las entregas directas de dinero son mínimos y no sacan de la pobreza a la gente; y porque quienes los reciben se vuelven rehenes del clientelismo político-electorero de su partido, mientras otros millones de mexicanos están empobreciéndose o hundiéndose en la miseria; y solo una rancia clase empresarial y partidista continúa beneficiándose del modelo neoliberal de “cuates”. El gobierno de la 4T no ha reactivado, desarrollado y modernizado al sistema productivo, razón por la que la economía no crece, no se generan empleos y el precio de los productos básicos es inalcanzable para la mayoría de las familias. Si así están las cosas, ¿qué es lo que festejan los morenistas? ¡Solo los locos pueden festejar el fracaso!


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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