Cargando, por favor espere...

El amor a la muerte
Para el fascismo la muerte significaba posibilidad de un renacimiento seguro.
Cargando...

La sacralización de la nación fue el elemento común de todos los intentos de religiones políticas que compitieron por la hegemonía en Italia después de la Primera Guerra Mundial. En otras palabras, es posible aventurar que la religión laica pudo afianzarse en tradiciones políticas prexistentes como el republicanismo, el liberalismo o el socialismo, pero finalmente el fascismo logró imponerse en el consenso político durante la segunda década del Siglo XX.

Una de las explicaciones que los especialistas proponen sobre esta cuestión es que el fascismo logró, como propuesta de religión política, volverse el credo de las masas, pues se decidió a imponer el culto de su religión a todos los italianos, no toleró las corrientes rivales y resignificó los cultos, ritos y mitos convirtiéndolos en un sistema de creencias coherente y aceptable en la coyuntura con que se socializó al permear en todos los sectores sociales.

El contexto en que el fascismo comenzó a difundirse, tiene una importancia sustantiva, pues solo tuvo eco sobre sectores específicos de la sociedad: en los veteranos militares que habían participado durante la Gran Guerra; en los intelectuales ávidos de fe; las juventudes desprovistas de mitos y la burguesía conservadora patriota, quienes comenzaron a organizarse en  fascios: pequeñas escuadras compuestas por los defensores de la nueva fe que actuaban como milicias sagradas, evangelizadoras de los escépticos y los contrarios.

Dentro de estos núcleos atómicos, que de inmediato comenzaron a ensancharse, se encontraba ya el germen de los elementos originarios para la conformación del culto fascista; pues aunque las escuadras se conformaron con militantes de las más variadas tradiciones políticas, hubo un grupo ideológico inicial compuesto por el culto a la nación, el mito de la guerra, la disciplina extrema (que rayaba en la flagelación), el sacrificio de la vida y el amor a la muerte.

Uno de los elementos del éxito de la socialización fue la maleabilidad en torno a la sacralización de la patria: los ritos, mitos y el culto en general no fueron estáticos; pudieron adaptarse fácilmente a la práctica política hacia donde el viento soplara. Esta flexibilidad de sustitución de la liturgia permitió la participación colectiva: no había lugar para la exclusión, todos eran bienvenidos a la adoración de la patria y la persuasión autoritaria se encargaría de convertirlos hacia la nueva fe.

Pero la sacralidad, el hacer sagrada la patria, tenía el martirio individual como contraparte, el pago con la sangre propia y la muerte del individuo en defensa de la nación y el amor a la muerte como el máximo símbolo de aprecio por la vida, por el fascio y por Italia. En 1917, Benito Mussolini escribió: “Hay que aproximarse al martirio con devoción, recogimiento y compunción, como el creyente que se arrodilla ante el altar de un Dios. Conmemorar significa entrar en esa comunión de espíritus que enlaza a los muertos con los vivos, a las generaciones que fueron y a las que serán, el áspero deber de ayer y el deber aún más áspero de mañana.”

Cabe destacar que el fascismo fue profundamente antihedonista y este amor por la muerte no tenía un carácter nihilista o decadentista de ciertas corrientes vanguardistas que “erotizaron” la muerte o la derrota como protesta contra la moral burguesa. Para el fascismo la muerte significaba posibilidad de un renacimiento seguro. La patria debía ser fermentada por todas las fuerzas vivas y la muerte heroica era la condición de posibilidad del advenimiento de una nueva época, fascista y próspera, y el sacrificio individual era necesario para este logro.


Escrito por Aquiles Celis

Historiador por la UNAM y analista del CMEES


Notas relacionadas

Desarrolló una pasión hacia la poesía y sus técnicas lingüísticas y la crítica lo reconoció prontamente por su fusión de “lo culto” y lo cultural. La temática de su poesía es campesina, de denuncia social y autobiográfica.

Un relato de la terrible experiencia que vivieron 100 mil exiliados de la Guerra Civil Española en el campo de "refugiados" que el gobierno fascista habilitó en Perpignan, en la frontera con España.

Negros y blancos en color, del realizador galo Jean Jaques Annaud, es una cinta que en 1979 ganó el Oscar

“El paciente podrá hacer llamadas telefónicas, manejar una computadora o comunicarse sin la necesidad de mover sus propios músculos, que actualmente están comprometidos", afirmó el multimillonario Elon Musk.

La superación de la que habla Marx no niega por completo lo anteriormente construido por la tradición, sino que lo integra y, en algunos casos, lo supone. Aquí lo explico.

La cinta es una comedia de humor hilarante que desnuda la realidad del mundo actual. Hoy, la humanidad no sufre la caída de un cometa destructor, pero sí padece una pandemia que es también una catástrofe.

La cinta muestra la dura batalla que han librado muchos hijos de las víctimas de la feroz represión que sufrieron durante décadas miles de españoles que lucharon por acabar con el régimen dictatorial y fascista.

Hace cinco años, en 2018, la Feria de Tecomatlán ya lograba reunir 120 mil visitantes en ocho días de verbena popular; casi 15 mil personas por día paseaban por el pequeño municipio de apenas cinco mil habitantes.

En un tiempo relativamente corto, los rusos lograron conectar prácticamente todo su territorio y el interior de sus ciudades

En sólo un par de párrafos, Del Campo reseña las importantes labores que entonces realizaban los evangelistas para las mayorías de la capital de la República que no sabían leer y escribir.

Frente a la monumental tarea de edificar un socialismo que satisficiera las necesidades de la población, Lenin promovió políticas económicas innovadoras en favor del desarrollo comercial, industrial y económico de una Rusia que se había rezagado en el feudalismo.

La serie Freud bien pudo haberse titulado Fleur.

Es "Mi casa", del poeta boliviano Alberto Guerra Gutiérrez, un ejercicio de fortaleza mental y de reconocimiento de la temporalidad de su encierro; la esperanza de volver a los espacios y a los seres amados.

Fue un prolífico escritor, cultivo la poesía, el teatro, la crítica literaria y el guion cinematográfico.

Con gastronomía, arte, jaripeo y eventos musicales de reconocidos artistas, Tecomatlán recibirá a más de 100 mil visitantes en “La Feria de la Unidad entre los Pueblos” que se llevará a cabo del 19 al 26 de febrero.