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Economía
Los empleos precarios de la IA
Las personas que realizan estas tareas son jóvenes en su mayoría, realizan su actividad en condiciones precarias y de explotación máxima.


Las nuevas tecnologías se caracterizan por incorporar sistemas de Inteligencia Artificial (IA) que están destinados, dentro de su funcionamiento, a asistir a los usuarios y brindarles herramientas que faciliten sus actividades. Esto podría suponer un salto cualitativo en la eficiencia humana, liberándonos de tareas repetitivas y permitiéndonos dedicar tiempo a labores más creativas. Sin embargo, bajo el brillo de esta promesa futurista, se oculta una realidad mucho más sombría.

La IA no sólo automatiza procesos, sino que está reconfigurando el mercado laboral bajo lógicas de explotación que recuerdan los albores del capitalismo industrial. Sin embargo, esta reconfiguración del mercado laboral no se crea sólo por los empleos que sustituye el mismo desarrollo de la IA, sino también por los nuevos empleos y sus condiciones precarias.

Para el funcionamiento de la IA, hay profesionales de las ciencias de datos que acceden a posiciones muy bien remuneradas con un salario promedio de aproximadamente 100 mil dólares al año. Estos empleados están generalmente ubicados en el hemisferio norte, donde se controlan los datos. Por otro lado, estos desarrollos también necesitan de personas que se encargan de etiquetar datos para entrenar a la IA. Estos datos se obtienen de los patrones que los usuarios generamos cotidianamente.

Este segundo tipo de empleos son los que mayormente está creando la IA. A este grupo se les denomina taskers, y está formado por aquellos trabajadores que ejecutan en las sombras el trabajo monótono que permite el desarrollo y funcionamiento de la IA, al ser ellos quienes proporcionan la materia prima para la ejecución de sus tareas, como la recopilación de datos en la web, etiquetamiento de la información y datos necesarios para la construcción de algoritmos.

Las personas que realizan estas tareas son jóvenes en su mayoría, realizan su actividad en condiciones precarias y de explotación máxima, pues la dinámica desconoce la existencia de una relación laboral. Estos trabajadores operan en el engañoso modelo de la economía colaborativa, que es un eufemismo para implementar jornadas de autoexplotación. Los etiquetadores de datos tienen un salario promedio de 1.7 dólares por tarea y su valor aumenta dependiendo del nivel de la experiencia que se necesita en la misma. Es un trabajo a destajo, por tanto, el tiempo invertido en cada tarea es independiente del pago. Algunos estudios muestran que una tarea puede comprender hasta ocho horas diarias.

Asimismo, hay evidencia de que las personas que trabajan en las tareas altamente repetitivas destinadas al etiquetamiento de datos y a la moderación y control de contenidos para el desarrollo de la IA pueden presentar riesgos de orden psicosocial. Por ejemplo, los moderadores de contenido de Sama contratados por Meta en Kenia son fiscalizados a través de un software de vigilancia para garantizar que tomen decisiones sobre la violencia en videos en un plazo de 50 segundos, independientemente de la duración del video o lo perturbador que sea, situación que además de generar un riesgo psicosocial demuestra la concurrencia de un elemento necesario para aseverar la existencia de una relación laboral, al existir un control y direccionamiento sobre la tarea asignada.

Empresas como Windows y Meta han intensificado cada vez más sus acciones para que la IA se incorpore a sus sistemas operativos, al mismo tiempo que nos presentan este avance como algo inevitable. Sin embargo, la competencia de estos gigantes tecnológicos depende de la precarización de un ejército de trabajadores cuyas condiciones laborales contradicen el discurso de progreso para la humanidad.

Algo que en algún momento imaginamos que podría servir para hacer la vida más fácil a la humanidad sigue creando empleos precarios, deslocalizados y devastadores, que siguen respondiendo a la lógica de la máxima ganancia. La explotación, es decir, el enriquecimiento mediante trabajo ajeno, está más que presente en el desarrollo de las nuevas tecnologías. En el Siglo XIX, la plusvalía se extraía de la prolongación de la jornada de trabajo del obrero fabril; en el Siglo XXI, la plusvalía de la IA sigue proviniendo de una multitud de trabajadores que etiqueta, modera y depura los datos que hacen posible el desarrollo de la tecnología. 


Escrito por Samira Sánchez

Maestra en Estudios Urbanos por El Colegio de México. Realiza estudios de doctorado en la misma institución.


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