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Política
La 4T y la peligrosa política de publicar “listas”
Para demostrar que existen bots no hace falta proyectar nombres y cuentas personales en Palacio Nacional.


Los nombres aparecieron uno tras otro en las pantallas de Palacio Nacional. Periodistas, políticos, medios de comunicación y usuarios de redes sociales fueron colocados en unas listas que llamaron “ecosistema digital” que genera discursos contrarios a la “Cuarta Transformación” (4T) y los amplifica. Quien presentó este “ecosistema” fue Luisa María Alcalde, consejera jurídica del Gobierno Federal y una de las funcionarias más cercanas a la mismísima Presidenta. Por eso resulta difícil suponer que una exposición de esta naturaleza, realizada desde la sede de la Presidencia, fuera desconocida por la propia mandataria. Sin embargo, lejos del escándalo desatado por la derecha mexicana, que hoy se indigna por métodos que históricamente ha usado, el asunto merece que nos preguntemos: ¿qué pretende la 4T al exhibir públicamente a quienes cuestionan a su gobierno?

Es cierto que el gobierno puede investigar campañas digitales, detectar cuentas automatizadas y seguir la ruta de una operación política sin que eso resulte nada del otro mundo. Sin embargo, el problema comienza cuando esa investigación deja los escritorios y se convierte en una exhibición pública. Para demostrar que existen bots no hace falta proyectar nombres y cuentas personales en Palacio Nacional. Tampoco es necesario meter en el mismo saco a periodistas, opositores y usuarios críticos. Esa decisión no aporta nada al análisis técnico, pero sí produce un efecto político evidente, pues quien aparece en las “listas de la 4T” deja de ser sólo alguien que cuestiona al gobierno y queda identificado ante millones de sus simpatizantes como perteneciente al “campo enemigo”.

En este sentido, la historia nos advierte que no debemos pasar por alto este tipo de prácticas, muy propias de la derecha. En 1933, estudiantes pronazis elaboraron listas de autores considerados “no alemanes” y sus obras terminaron en las hogueras promovidas por el régimen. Décadas después, la derecha estadounidense, durante el macartismo, también recurrió a “listas negras” para identificar a artistas, escritores y trabajadores sospechosos de simpatizar con el comunismo.

Muchos de ellos perdieron empleos y carreras por aparecer ahí. México no vive hoy bajo un régimen de extrema derecha, pero el uso de estas prácticas debe alarmarnos a todos, pues señalar públicamente a quienes piensan distinto ha sido, una y otra vez, una herramienta útil para aislar al disidente y convertirlo en sospechoso.

Ese mecanismo se vuelve todavía más delicado cuando quien señala es el propio gobierno. Un periodista puede mentir, un empresario puede defender sus intereses y un opositor manipular información. Todo eso debe discutirse y denunciarse, sin duda alguna, pero ninguno dispone del dinero, la autoridad ni la capacidad de amplificación que tiene el Estado. Por eso, cuando desde Palacio Nacional se coloca a ciertas personas en un supuesto “ecosistema digital”, el señalamiento adquiere otra dimensión, pues no hace falta ordenar una sanción para generar consecuencias peligrosas que el mismo gobierno no pueda controlar después.

Entonces volvemos a la pregunta: ¿qué busca realmente la 4T con estas “listas”? Una posibilidad consiste en marcar con dedo flamígero a quienes no se someten a su narrativa, convertir la crítica en sospecha y advertir al resto que cualquiera puede terminar señalado. La otra es todavía más grave: que al exhibirlos se aliente a sectores fanatizados de su propia base a hostigar, amenazar, incluso atacar a quienes aparecen en esas listas. No podemos afirmar que el gobierno ordene o desee esa violencia porque no hay pruebas para sostenerlo; pero sí tiene toda la responsabilidad por ser permisivo ante un clima de violencia e impunidad donde algunos seguidores entiendan el señalamiento oficial como permiso para actuar “por su cuenta”.

Por eso resulta alarmante que la 4T no haya resistido una tentación tan propia de la derecha. Cuando faltan argumentos, siempre resulta más sencillo señalar al crítico que responderle, desacreditarlo que discutir con él y convertir cualquier inconformidad en sospecha. Para eso sirven también las listas: para desviar la mirada de los errores y la degradación de un proyecto que un día sí y otro también es exhibido no sólo por medios de derecha, sino también por ciudadanos decepcionados, por personas que alguna vez creyeron en un partido que prometió ser diferente y que hoy observan cómo, rápidamente, termina pareciéndose demasiado a aquello que juró combatir. 


Escrito por Dante Montaño Brito

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM.


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