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Economía
Imperialismo y crisis de deuda soberana
La posibilidad de una tercera guerra mundial no debe empañar los múltiples problemas económicos que ha venido sufriendo el sistema capitalista mundial en los últimos años.


La posibilidad de una tercera guerra mundial no debe empañar los múltiples problemas económicos que ha venido sufriendo el sistema capitalista mundial en los últimos años, ya que, en realidad, este sombrío panorama es consecuencia de esos mismos problemas. La agresiva expansión que emprendió el gran capital trasnacional liderado por Estados Unidos a partir de la década de 1970 no fue más que un espejismo de triunfos efímeros; lo que comenzaba era el largo e inexorable declive que el mismo desarrollo interno impone a todos los fenómenos, y que está haciendo mella en el corazón del imperialismo estadounidense.

Una de las manifestaciones de esos problemas son las crisis de deuda pública soberana de los países pobres, a los cuales les resulta imposible pagar el servicio de la deuda al gran capital financiero internacional. Este tipo de capital es un fruto específico de la etapa imperialista que con el paso del tiempo se ha fortalecido y cuyos tentáculos se han expandido por todo el orbe. Se trata de una fusión –en ocasiones abierta y en otras mediante subterfugios variados en términos de propiedad– entre el capital que genera interés (ya sea bancario o de inversores institucionales, más recientemente) y el capital industrial, lo que les otorga un poder descomunal sobre la producción y la extracción y apropiación de la riqueza generada por los trabajadores de todo el mundo. Las crisis de deuda pública son más bien una consecuencia de la existencia de enormes cantidades de excedente de capital sin invertirse productivamente, sobre todo en los centros financieros de la City londinense y Wall Street.

Este capital se exporta a los países en forma de deuda pública (o privada, que posteriormente termina siendo respaldada por los gobiernos nacionales) para valorizarse mediante intereses, que no son más que la extracción de riqueza de los países pobres hacia los países ricos. Si bien a principios de esta década se sucedieron una serie de defaults en el Sudeste Asiático y África –y otros tantos países se encontraban al borde de la quiebra–, lo cierto es que desde la expansión agresiva del capital financiero se han producido una serie de defaults de manera consistente: en la década de 1980, con la crisis de deuda de América Latina y África; de 1994-1998, la crisis del tequila y el contagio en algunos países del Sudeste Asiático y en Rusia; y la crisis de deuda de los países más pobres de la Unión Europea durante 2011-2014.

En cada una de estas series de defaults, la solución ha sido impuesta por una alianza de las élites locales con el capital financiero: austeridad para la población en general, ajustar todas las cuentas del gobierno a estrictamente lo necesario y recortar el gasto social mientras se respaldan las deudas de los empresarios y se reprime la organización social. Es decir, realizar los máximos ahorros posibles para pagarle a los acreedores internacionales, asegurando así el pago del servicio de la deuda y la extracción de riqueza hacia la oligarquía mundial.

Pero las crisis de deuda pública son sólo una manifestación de la enfermedad estructural del sistema económico. Hay un enorme excedente de capital dinerario concentrado en los centros financieros que necesita valorizarse, capital ficticio que crece formando burbujas financieras y una inversión física cada vez más debilitada (origen de la verdadera valorización mediante la explotación de los trabajadores). En este panorama, la guerra es otra de sus aristas, la cual se dirige cada vez más directamente contra China, país que está conquistando los mercados internacionales con mercancías mucho más baratas y de alta calidad y que ha comenzado una campaña abierta para internacionalizar el renminbi, en competencia directa con el dólar, una de las pocas fortalezas que le quedan a Estados Unidos. Esta situación presenta algunas similitudes con la antesala de la Primera Guerra Mundial; Lenin, mediante sus análisis de la realidad económica y política mundial, descifró las interrelaciones entre distintos fenómenos aparentemente disonantes para caracterizar al imperialismo como una etapa económica específica del capitalismo. Una de las victorias de la revolución de 1917 fue el rechazo de la deuda con el capital financiero. Pero eso es motivo de otro artículo. 

 


Escrito por Gladis Eunice Mejía

Maestra en Economía por la UNAM.


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