Dedican entre 5.2 y 7.6 horas diarias al cuidado de terceros.
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Más de una noticia al respecto ha ocupado la atención de los medios: “El 43 por ciento de la población no desea hijos por factores socioeconómicos”, “Generación Z: preocupaciones ambientales y económicas frenan la maternidad”, “Europa y Asia en alerta por tasas de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo (Corea del Sur, China, Italia)”, “Caída del 8.5 por ciento en la natalidad en México durante 2024: tres años consecutivos de descenso”. Estos titulares internacionales recogen dos preocupaciones en común: la disminución de la natalidad y la degradación económica de los ciudadanos.
A mediados del Siglo XX, las tasas de natalidad –el total de nacimientos en la población– disminuyeron; y la tasa de fecundidad –el número de hijos nacidos vivos por mujer– también se redujo, lo que trae consigo problemas económicos y sociales a largo plazo.
Para 2050, la tasa de fecundidad mundial descenderá a 2.1 nacimientos por mujer, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA en inglés); en 1950 correspondía a cinco nacimientos por mujer y, en 2021 disminuyó a 2.3. Las cifras revelan una reducción alarmante.
En Europa, la baja natalidad ya afecta el crecimiento económico, debido, en parte, a que cada vez resulta difícil el reemplazo de trabajadores. La crisis de natalidad ha provocado que las mujeres tengan un solo hijo y aplacen la maternidad hasta después de los 30 años. Esto la sitúa por debajo del nivel de reemplazo generacional, que obedece a 2.7 hijos por mujer. Entre las principales naciones representativas de esta crisis están Malta, España, Lituania, Polonia e Italia, las cuales, en 2024, apenas alcanzaron un índice de fecundidad de 1.18.
Las razones por las que la población europea presenta este descenso también se relacionan con factores económicos y políticos, como las guerras.
Por ejemplo, en España, una periodista italiana del medio Ecclesía preguntó a los jóvenes españoles los motivos por los que no quieren tener hijos; entre las respuestas destacaron: “por el coste de la vida, está por las nubes”; “en parte es algo económico y porque tenemos la oportunidad de vivir muchas cosas”; “si los jóvenes de hoy no pueden independizarse y tener una propiedad, mucho menos están pensando en formar una familia”.
En 2025, el porcentaje de natalidad de Corea del Sur fue el más bajo en el mundo: registró 254 mil 457 nacimientos. Esto pone en crisis al país respecto a la recuperación de la población de reemplazo; en contraste, el envejecimiento de su población representa aproximadamente 20 por ciento del total, con más de 10 millones de surcoreanos mayores de 65 años. Este hecho ha abierto el debate respecto a elevar la edad de jubilación a los 75 años. Además, Surcorea tiene el mayor índice de pobreza en ese sector poblacional entre los países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Una de las razones principales por las que las jóvenes surcoreanas no tienen hijos tiene que ver con las restricciones económicas (58 por ciento), las limitaciones relacionadas con la vivienda (31 por ciento), las reducidas opciones de cuidados para los hijos (28 por ciento) y el temor al desempleo o a la precariedad laboral (26 por ciento), de acuerdo con el estudio La verdadera crisis de fecundidad del UNFPA 2025.
Frente a esta situación, gobiernos de países con baja natalidad han optado por medidas desesperadas como bonificaciones monetarias, permisos laborales, campañas publicitarias, préstamos y ayudas directas, reformas fiscales a favor de las familias, guarderías públicas, reducción de hipotecas y facilidades de vivienda.
La consultora McKinsey Global Institute previó que múltiples economías llamadas de “primer mundo”, como Reino Unido, Estados Unidos (EE. UU.) y Japón deberán duplicar la productividad para mantener las mejoras históricas sobre los niveles de vida ante las fuertes caídas en sus tasas de natalidad. “Los jóvenes heredarán un menor crecimiento económico y asumirán el costo de más jubilados”, estimó el director de la consultora, Chris Bradley.
Pronósticos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas 2024 (UNDESA en inglés) establecieron que 2050 será el punto máximo poblacional y comenzará un descenso severo en 98 países que se encontrarán en una situación de declive poblacional.
En algunas regiones de África el incremento poblacional continuará; pero se presentarán problemas más severos para satisfacer las necesidades básicas de la población en materia de salud, educación, vivienda y empleo.
En contraste, los problemas serán distintos en las naciones con un “alto desarrollo económico”: una población envejecida y una fuerza laboral en declive que los obligará a ejercer mayor presión sobre la distribución de los recursos públicos, los sistemas de seguridad social y el crecimiento económico, o a una mayor apertura de la migración para la reposición de más fuerza laboral; aunque esto tampoco garantizará el desarrollo económico.
A medida que las economías se enriquecen, los hijos son menos frecuentes. La natalidad ha respondido a las necesidades económicas en las distintas etapas históricas; sin embargo, en los últimos años ha disminuido el número de nacimientos a razón de factores económicos y sociales.
El progreso del capitalismo, como lo describe el demógrafo Wally Seccombe, trajo un nuevo “régimen de fecundidad”, donde la reproducción de la fuerza de trabajo representa un factor determinante previo para el modo de producción.
Cuando se concretó el establecimiento del sistema de producción capitalista, el crecimiento de la población se aceleró entre 1700 y 1900, principalmente en Asia y Europa, y pasó de aproximadamente 790 y 800 millones a mil 700 millones. El promedio de hijos por familia oscilaba los 7.5 en Europa.
Karina tiene 34 años; es chef profesional y vive en Puebla; viene de una familia de tres hermanos; uno de ellos tiene hijos y la otra no. Ella ha tenido que cambiar de trabajo porque asegura atravesar problemas económicos que generan más gastos de los que podría sobrellevar con su sueldo y el de su pareja. No descarta la idea de agrandar la familia con uno o dos hijos; pero, por el momento, la situación económica por la que atraviesa no se lo permite. Quizá más adelante podría planteárselo; pero por ahora, tiene dos perros, a los que les brinda todo su cariño y los considera sus perrijos.
La idea de Karina refleja la tendencia iniciada entre las décadas de 1970 y 1980 en Latinoamérica, por el descenso del número de hijos, después de Europa y Asia, ya que pasó de siete a dos hijos por mujer: los nacimientos necesarios para mantener estable a la población en el último periodo.
Aunque América Latina todavía no se encuentra entre las regiones con los niveles más bajos, algunos países como Chile, Costa Rica, Uruguay y Cuba registran tasas de fecundidad considerablemente reducidas, porque presentan 1.5 hijos por mujer o menos, de acuerdo con el UNFPA.
La región tiene 29 países con una tasa de fecundidad muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional, lo que significa que más de la mitad de las naciones presentan desafíos importantes, sostiene la especialista de la división de estadísticas de la UNFPA, Sabrina Juran.
“Fue un proceso muy acelerado el descenso de la natalidad en América Latina”, revela a buzos la investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales México (Flacso), Cecilia Gayet.
La especialista destacó que, entre los impactos en la baja fecundidad, existen dos fenómenos que se intersectan: “por un lado hay menos niñas y niños y, por el otro, la población vive más tiempo; lo que trae impactos para la sociedad, la economía y la forma de vida que se tiene”.
Por el lado contrario, países como Paraguay, Haití, Bolivia, Honduras y Venezuela conservan los porcentajes más altos de fecundidad al tener entre 2.4 y 2.7 hijos. Estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) sostienen que en estas regiones las adolescentes entre 15 y 19 años presentan las tasas de fecundidad más altas.
Aunque en la última década se ha avanzado en la reducción del embarazo entre adolescentes, los porcentajes se mantienen elevados comparados con el resto del mundo. Esto se explicaría, en gran medida, por ser una de las regiones con mayor desigualdad, lo que provoca migración más activa, factor que algunos países aprovechan para suplir la fuerza laboral de reemplazo.
“La migración es un recurso temporal a corto plazo, pero no es la solución al problema”, aseguró Gayet. En sus observaciones encontró que los migrantes se adaptan a la tasa de fecundidad del país receptor. “La primera generación la tienen a mitad de camino y la siguiente la adaptan a la del país de destino… Esto también representa un problema para los países de origen de los migrantes, porque se están quedando sin jóvenes”.
La especialista destaca que este sistema es muy desigual dentro del mercado laboral, puesto que los “países ricos aprovechan las capacidades de los países con menos recursos”. Uno de ellos es precisamente EE. UU., que enfrenta problemas de natalidad, ya que registra 53 nacimientos por cada mil mujeres y una tasa de fecundidad de 1.6 hijos, caída significativa respecto a 2024 y muy por debajo de su nivel de reemplazo. Por otro lado, es el principal destino de los migrantes, porque recibió poco más de 50 millones de personas en 2025.
Cinthia tiene 23 años. Es originaria de Tlalnepantla, tiene un hijo de cuatro años y afirma que, en ese momento, decidió tenerlo porque pensaba que su pareja era económicamente estable. Cuando su familia se enteró, le ofrecieron apoyo con los gastos y los cuidados, si aceptaba tenerlo. No terminó la preparatoria y actualmente tiene un local de zapatos con el que apenas cubre lo básico para su sobrevivencia. Ahora dice que quizá no se “aviente” a tener otro porque la situación le está resultando difícil.
En México, el promedio de hijos nacidos por mujer es de 1.8. Atrás quedaron las familias numerosas de 1960 y 1970, cuando el total de hijos por familia alcanzaba los siete. Desde finales de los 70 y con la implementación de campañas gubernamentales sobre la planificación familiar, la tasa de fecundidad disminuyó; además, la situación económica fue cambiando con los años. Estas medidas impactaron primero en las urbes y posteriormente en las zonas rurales, ambas con severas desigualdades económicas y sociales.
La Estadística de Nacimientos Registrados del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi en 2024) registró un descenso en la tasa de nacimientos mostrados por cada mil mujeres en edad fértil, y pasó a 47.7, una disminución de 4.5 respecto a 2023.
Aunque se sabe que los cambios en el número de nacimientos se debe principalmente a una modificación en la ideología de los jóvenes, en palabras del catedrático en Sociología de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la Universidad Nacional Autónoma de México, Julián Flores Arellano, este fenómeno es multifactorial; sin embargo, entre las principales razones por las que los jóvenes deciden no procrear o aplazar ese momento se halla la incertidumbre económica ante nuevos gastos, así como un posible estancamiento profesional para quienes se encuentran estudiando.
“Tomar decisiones bajo estas condiciones, como no tener trabajo seguro, querer superarse profesionalmente y asegurar una carrera más productiva o tener un empleo formal va generando un retraso en las decisiones para tener hijos. Mantener un hijo cuesta entre uno y tres millones de pesos en los primeros 18 años de vida”, aseguró.
Los porcentajes de nacimientos más altos se concentran principalmente en dos rangos de edad: entre los 20 y 25 años, o a partir de los 30 años. Este segundo grupo corresponde principalmente a mujeres que terminan alguna preparación profesional, de acuerdo con la investigación Nuevo escenario de baja fecundidad en México.
Los argumentos del sociólogo se sustentan en los datos del estudio La verdadera crisis de fecundidad, de la UNFPA 2025, donde México alcanza el 35 por ciento de personas que limitan tener hijos por restricciones económicas, seguido de las limitaciones relacionadas con la vivienda (23 por ciento); desempleo o precariedad laboral (21 por ciento); inquietud por la situación política y social, como guerras o pandemias (21 por ciento); ausencia de una pareja adecuada (16 por ciento); inquietud por el cambio climático o la degradación ambiental (14 por ciento); y opciones insuficientes o de poca calidad para el cuidado infantil (14 por ciento).
“La población que no tiene dinero tampoco quiere tener hijos porque no puede sobrevivir y tampoco quiere traer al mundo a alguien que vendrá a sobrevivir también; y no tendrá una calidad de vida estable”, lamenta Flores Arellano.
Los estados, según el Inegi, con menos nacimientos registrados en 2024 fueron la Ciudad de México, con 32.8; Yucatán, con 38.1; e Hidalgo, con 38.3. En contraste, las entidades con mayores índices de nacimientos son aquellas donde predominan la pobreza, así como las limitaciones en servicios anticonceptivos y educación sexual, como Chiapas, con 86.7; Durango, 58.9; y Nayarit, 58.6.
Sandra es otra joven de 38 años; está casada y asegura no querer tener hijos. Argumenta que el instinto maternal simplemente no nació en ella por la responsabilidad que implica el cuidado de otro ser. Además, considerando que sus padres alcanzan los 70 años y todavía se valen por sí mismos, prevé que ella se encargará de cuidarlos en un plazo no muy largo, puesto que no tiene algún otro familiar; por lo que un hijo podría representar también una “carga más” que dificultaría la atención de sus padres. Un ejemplo cultural que sobresale en la sociedad mexicana, donde los hijos, después de cierta edad, se hacen cargo del sustento y cuidado de los padres.
Aunque en México la natalidad todavía no llega a cifras alarmantes como en otros países, aún se mantiene el efecto del crecimiento poblacional del siglo pasado y existe una gran cantidad de jóvenes en edad reproductiva y laboral (67 por ciento del total); aunque la mayoría no cuenta con empleos formales, la tendencia ascendente en la esperanza de vida –75 años en promedio– provoca que la población esté envejeciendo.
De tal manera que existen proyecciones, como las del Consejo Nacional de Población 2025 del Gobierno Federal, con la perspectiva de que el total de personas adultas mayores, que actualmente representa 12.8 por ciento de la población (17 millones, en números cerrados) y que ya supera al grupo de cero a cuatro años, incremente a 14 por ciento en 2030 y a 34 por ciento en 2070.
Si la tendencia al envejecimiento poblacional continúa, no habrá suficiente población económicamente activa (PEA) que sustente la producción en México, ni las pensiones de los adultos mayores, sentenció el académico Flores Arellano.
“Aumentar la edad de jubilación tampoco es la solución, como lo están haciendo algunos países como EE. UU., puesto que las personas mayores tampoco tienen la misma capacidad de producir que un joven, por lo que las consecuencias en temas de salud también afectarían. Es toda una modificación del sistema actual que no se está pensando a largo plazo”, concluyó.
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Escrito por Citlali Piña
Licenciada en Ciencias de la Comunicación y productora televisiva en Informativo 6