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Economía
El ejemplo de Cuba
El Manifiesto Comunista de Marx y Engels, escrito a finales de 1847 y publicado en febrero de 1848, sólo tuvo una enmienda; una enmienda que no fue fruto de una mirada miope o de un error teórico.


El Manifiesto Comunista de Marx y Engels, escrito a finales de 1847 y publicado en febrero de 1848, sólo tuvo una enmienda; una enmienda que no fue fruto de una mirada miope o de un error teórico. La enmienda consistía en que, una vez que el proletariado conquistara el poder, no bastaba con tomar en sus manos el Estado burgués, con sus instituciones, su ejército y sus cuerpos de represión, sus leyes y su forma de funcionamiento; había que barrerlo por completo y construir un nuevo Estado, el Estado proletario. Para arribar a este descubrimiento importantísimo para una lucha victoriosa del proletariado, tuvo que suceder un hecho histórico concreto: la toma del poder político por el proletariado. Hasta la Comuna de París de 1871, que duró dos meses, ningún pueblo había logrado hazaña semejante en toda la historia de la humanidad. Esta primera experiencia fue riquísima para la historia del proletariado, y, por eso, su sistematización y análisis resultaba de importancia crucial. Y eso hizo Marx en La Guerra Civil en Francia, donde resarce el hueco que vino a llenar la experiencia.

En el Estado proletario debe existir una democracia consecuente, es decir, un Estado dirigido y construido por la mayoría, los trabajadores; mientras que la minoría, los antiguos dueños de los medios de producción, deben someterse a ella. Es necesario este tipo de Estado porque los opresores tomarán revancha para conservar sus privilegios, sus ganancias, y para ello someterán y explotarán sin piedad, como pasó con la Comuna. La amplia participación de las masas en la construcción de este tipo de Estado y en sus decisiones de gobierno es fundamental por dos razones: en primer lugar, porque solamente así será una democracia consecuente y, en segundo lugar, porque permitirá liberarnos de la veneración supersticiosa hacia el Estado, esa noción que nos hace creer que sólo a través de él y de sus funcionarios –como un cuerpo separado y por encima de la sociedad– pueden resolverse los problemas. Esto sólo perpetúa el sometimiento de la mayoría a la minoría.

La forma en que este modelo general, de gruesos trazos, se aplique en cada país, dependerá de sus condiciones concretas. Sin embargo, me parece que Cuba, en este sentido, se ha colocado a la delantera de los variados experimentos socialistas. A pesar de todas sus dificultades, resultado fundamental del bloqueo estadounidense, su Revolución ha avanzado en la construcción de ese Estado democrático. Esto se puede ver en tres procesos: en primer lugar, la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) es el órgano supremo del poder del Estado, a ella le rinden cuentas todos los Ministerios del Gobierno y elige al Presidente. Los miembros de esta Asamblea son elegidos mediante el voto universal y secreto, cualquier cubano puede ser propuesto para ser elegido, sin tener a nadie que lo respalde más que sus hechos, y pueden ser revocables en todo momento. En segundo lugar, las organizaciones de masas tienen un papel fundamental para la organización popular separada del Estado, pero que es, al mismo tiempo, un vínculo directo entre el gobierno y el pueblo cubano organizado; la más importante son los Comités de Defensa de la Revolución, con más de ocho millones de miembros. Otro factor importante es que el sistema cubano pone a discusión (que no es aprobación ciega) de todo el pueblo los cambios constitucionales, y éstos pueden rechazarse, aprobarse, o modificarse. Por ejemplo, durante el Periodo Especial, en los años más difíciles (1993-1994), se discutió con todo el pueblo propuestas para salir de la crisis: la ANPP recibió más de 530 mil propuestas, que resultaron en la aprobación de un programa antiinflacionario que fue el comienzo de la recuperación económica.

De aquí emana la legitimidad que aún goza la Revolución en este país; el homenaje a los héroes que dieron su vida en Venezuela lo demuestra. El pueblo cubano está dispuesto a dar la vida por su independencia política y económica. Sabe que, si llegara a invadir su territorio aquel imperio que los tenía dominados en 1958, la vida que le espera es de abyección. El proceso cubano, con sus errores y defectos, como cualquier proceso humano, demuestra que la organización del pueblo y su participación amplia en las decisiones del gobierno y del Estado, es una condición imprescindible, aunque no sea la única, para la defensa de las agresiones imperialistas. Cualquier desviación de ese camino, será una condena para el futuro de los pueblos. 

 


Escrito por Gladis Eunice Mejía

Maestra en Economía por la UNAM.


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