Cargando, por favor espere...

Economía
Más allá del “imperio de los más ricos”
Desde el marxismo-leninismo, la desigualdad extrema no es una desviación ni el resultado de políticas equivocadas, sino una consecuencia necesaria del funcionamiento del capitalismo, particularmente en su fase imperialista.


El 19 de enero pasado, Oxfam publicó el informe Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonariosdonde documenta, con datos actualizados, la aceleración de la concentración de la riqueza y su traducción directa en poder político. El informe se inscribe en una amplia producción académica que, desde hace años, ha mostrado que la desigualdad no es un fenómeno coyuntural, sino persistente y ligado a la estructura económica vigente. Su valor reside en volver visible, con cifras precisas, una realidad conocida; su límite, en que no interroga las leyes profundas que la producen.

Desde el marxismo-leninismo, la desigualdad extrema no es una desviación ni el resultado de políticas equivocadas, sino una consecuencia necesaria del funcionamiento del capitalismo, particularmente en su fase imperialista. El capital altamente concentrado controla los medios de producción estratégicos, el crédito, el comercio, la tecnología y ejerce una influencia decisiva sobre las decisiones centrales del Estado. En esta etapa, la fusión orgánica del capital bancario con el capital industrial da lugar al capital financiero, base económica de la oligarquía dominante, a cuyos intereses quedan subordinadas tanto la estructura como la superestructura.

El informe describe con claridad los principales efectos de este proceso –captura del Estado, debilitamiento institucional, desigualdad creciente–, pero se mantiene en el terreno de los resultados. Desde una perspectiva científica, esto no es un error metodológico accidental, sino el reflejo de un enfoque que evita cuestionar la lógica interna del sistema. Para el materialismo histórico, no es la superestructura la que determina la estructura, sino lo contrario: mientras las relaciones de producción capitalistas permanezcan intactas, cualquier intento de corrección se verá limitado a paliativos.

El informe señala que en 2025 la riqueza de los milmillonarios alcanzó un nuevo récord histórico y creció aproximadamente tres veces más rápido que el promedio registrado en los cinco años anteriores. Lejos de desmentir los límites del capitalismo, esto los confirma. Al mismo tiempo se mantuvieron –e incluso se agravaron– condiciones de pobreza, precariedad laboral y estancamiento del ingreso para amplias mayorías. Como advirtió Marx, “el verdadero límite de la producción capitalista es el propio capital”.

Un elemento central para comprender esta dinámica es la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, formulada por Marx. A medida que el capitalismo se desarrolla y aumenta la composición orgánica del capital, la tasa media de ganancia del sistema tiende a reducirse. Sin conducir al colapso automático del sistema, esta tendencia obliga al capital a buscar contratendencias: intensificación de la explotación, precarización del trabajo, expansión hacia nuevos mercados, financiarización y apropiación violenta de recursos, etc.

Es en este contexto donde debe entenderse el imperialismo en su forma más concentrada y agresiva, la forma que adopta el imperialismo cuando las dificultades para sostener la tasa de ganancia se agudizan.

La situación de Venezuela ilustra con claridad este proceso. Las sanciones, el bloqueo económico y las presiones externas no responden a preocupaciones humanitarias ni a criterios democráticos, sino a intereses materiales concretos, vinculados al control de recursos estratégicos y a la necesidad de disciplinar cualquier intento de soberanía económica. En un escenario de competencia global y rentabilidad decreciente, la coerción deja de ser excepcional y se convierte en instrumento regular de la acumulación capitalista.

México ofrece un ejemplo complementario. A pesar de cambios discursivos y de políticas sociales supuestamente orientadas a mitigar los efectos más visibles de la desigualdad, la estructura económica permanece intacta. No se ha modificado la inserción dependiente del país en la economía mundial y la concentración de la riqueza continúa. Desde esta perspectiva, la persistencia de la desigualdad no es una anomalía, sino el resultado lógico de una estructura productiva subordinada al capital nacional e internacional.

El informe de Oxfam cumple una función importante al documentar empíricamente estas tendencias, pero no va más allá. La desigualdad no es un problema de mala distribución o de mala intención, sino de producción y apropiación como dinámicas inherentes al sistema. Mientras el capitalismo esté supeditado a sus propias leyes internas, la concentración de la riqueza y la subordinación de los pueblos tenderán a profundizarse.

La tarea pendiente, por tanto, no es administrar la desigualdad, sino la organización de la clase trabajadora para disputar el poder político y económico que hoy posee el capital. 

 


Escrito por Níobe Enciso

Economista egresada de la UNAM. Maestra en Economía por El Colegio de México. Coordinadora de la licenciatura en Economía de la División de Ciencias Económico–Administrativas de la UACh.


Noticia anterior
El ejemplo de Cuba
Noticia siguiente
Subir la cuesta de enero

Notas relacionadas

La baja demanda de bienes importados redujo el indicador mensual y frenó el ritmo de crecimiento anual.

Ve por Más advierte que la economía sigue limitada por baja inversión y rezagos estructurales.

Los países miembros reducen su exposición a la deuda pública estadounidense mientras elevan sus tenencias de oro.

El Inegi atribuyó esta caída a la incertidumbre interna y externa que afectó la percepción de los directivos empresariales del país.

Las Afores enfrentan mayor presión por retiros y menor capacidad de aportación.

Para el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, la continuidad del tratado constituye el asunto de mayor importancia para México, pues de ésta depende la viabilidad económica del país en el corto plazo.

BBVA recomendó ajustar el presupuesto, reducir consumos innecesarios y usar el crédito con cautela.

El control del dólar, la energía y la guerra económica y militar aparecen como factores decisivos.

El organismo recortó su estimación del PIB ante el impacto de políticas fiscales y monetarias restrictivas.

En alguna parte Marx escribió –citando a Hegel– que la historia se repite como si dijéramos dos veces.

Dos realidades coexisten en México, aparentemente desconectadas: una marcada por la creciente violencia perpetrada tanto por el Estado como por el crimen organizado, y la otra caracterizada por el dinamismo económico.

La inflación general y la subyacente se mantendrían por encima del rango objetivo del Banco de México.

La ANPEC señaló que el panorama económico de México en 2026 estará marcado por presión sobre el consumo y el poder adquisitivo.

El Banco Mundial prevé una expansión de apenas 1.1 por ciento entre 2025 y 2027 por la incertidumbre comercial.

Factores salariales, fiscales y comerciales empujarán la inflación por encima de 4%