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Omar Carreón Abud
El cuento de los expobres y la guerra ideológica
Si bien el gobierno morenista festeja una supuesta reducción de la pobreza, no anuncia ninguna reducción de las llamadas ayudas para el bienestar.


He aquí la noticia que en diferentes modalidades y por diferentes emisores –todos ellos beneficiarios del régimen actual– ha ocupado los lugares de privilegio y se ha querido aprovechar como la prueba última e irrefutable del cumplimiento cabal de las promesas de la “Cuarta Transformación”: “La Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH 2024) evidenció un incremento en los ingresos de los hogares mexicanos, que llevó al menor nivel del que hay registro estadístico y, posteriormente, se informó que 13.4 millones de personas salieron de la pobreza multidimensional desde 2018… Entre 2018 y 2024, las personas del decil I recibieron casi 16 pesos más diarios; mientras que del uno por ciento más rico captaron hasta siete mil 123 pesos más en un solo día” (La Jornada, 20 de agosto).

Vámonos poco a poco. ¡13 millones 400 mil personas salieron de la pobreza entre 2018 y 2024, es decir, durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador! Si no entiendo mal, se quiere hacer creer que ascendieron de clase social y pasaron de la clase baja a la clase media; son, pues, expobres. ¿Cómo puede constatarse tan sensacional mejoría? ¿En qué colonias y en qué ciudades viven ahora? ¿Ya cuentan con una casa de material duradero, bien ventilada y suficientemente amplia para que no estén hacinados todos los integrantes de la familia? ¿Tienen agua potable, drenaje, energía eléctrica, pavimento, clínicas accesibles y escuelas cercanas? Porque ninguno de estos servicios básicos puede ser considerado como un lujo, sino apenas, una conquista de las clases medias de todo el mundo (las que van quedando). La terca verdad es que nadie ha visto los nuevos conjuntos habitacionales donde viven 13 millones 400 mil personas que alguna vez tuvieron la desgracia de ser pobres.

Más aún. Se añade en la misma nota: “Entre 2018 y 2024, las personas del decil I recibieron casi 16 pesos más diarios”, o sea, el 10 por ciento que se encuentra más abajo en la escala social, supuestamente progresó de manera significativa, ganando la fabulosa cantidad de 16 pesos diarios más, que en la mayoría de las ciudades del país ya no alcanzan ni siquiera para pagar el transporte e ir y volver del trabajo cada día. La misma nota añade: “Mientras los hogares que se encuentran en el 10 por ciento con menores recursos tuvieron ingresos por miembro de la familia de dos mil 168 pesos al mes el año pasado, el uno por ciento más rico capta 958 mil 777 pesos por habitante, también cada mes”. Para evitar que alguien piense que se trata de una exageración inaudita, dejemos momentáneamente de lado la diferencia abismal entre los ingresos de unos y otros y centrémonos en los ingresos del grupo del sótano: dos mil 168 pesos al mes, equivalen a 72.26 pesos diarios ¿alguien se atreve a demostrar que éste es un ingreso de clase media?

Si bien los desprevenidos o poco informados pueden ser engañados por la propaganda oficial, no es el caso de los expertos y menos aún de uno tan respetable como Don Julio Boltvinik, quien en su columna del 22 de agosto pasado completó su demostración iniciada anteriormente, en el sentido de que los datos sobre la reducción de la pobreza publicados por el Inegi son falsos: “Me veo obligado a ser reiterativo –escribió– porque el cuchareo del Inegi ha seguido hasta 2024 (al parecer ya no usan el Método Estadístico que habían aceptado usar ante las protestas del Coneval para corregir falsedades) y este país no parece tener memoria: tanto los pro-4T como los anti-4T han tocado trompetas triunfales a la fantástica reducción de la Pobreza Media (que igualan a la pobreza real) que habría bajado 12.3 puntos porcentuales en el sexenio de AMLO, de 41.9 a 29.4 puntos porcentuales, una reducción de casi 30 por ciento en un sexenio con pandemia y muy bajo crecimiento económico, porque así lo dijo el Inegi, que ha seguido cuchareando la Pobreza Media”.

Es más, si bien el gobierno morenista festeja una supuesta reducción de la pobreza, no anuncia ninguna reducción de las llamadas ayudas para el bienestar, parte sustancial de la política de Primero los pobres, lo cual sería necesario y conveniente para el presupuesto de la federación ya que, ahora, como se afirma, existen menos pobres. No hay tal reducción de ayudas porque no hay reducción de pobres, pero, también, no la hay porque es público y notorio que las tales ayudas no sólo no se limitan a los pobres, sino que con cálculo pleno, llegan y benefician a sectores más altos en la escala social, lo cual demuestra que se trata de herramientas de extorsión electoral, de ahí su pertinacia.

Ahora bien, si ya tomamos en cuenta la escandalosa diferencia que existe entre los ingresos de los más ricos y de los pobres, comprenderemos la urgencia que tiene el gobierno morenista por esconder la verdad y tratar de contentar a la población trabajadora. Veamos una noticia de otra fuente: “El uno por ciento de la población más rica acapara el 35 por ciento de los ingresos totales del país, mientras el 10 por ciento con mayores carencias percibe apenas dos por ciento, revela un análisis de Oxfam México y el Instituto de Estudios sobre la Desigualdad” (La Jornada, 20 de agosto).

Unos cuantos ejemplos: “Durante la gestión de López Obrador, la riqueza de Carlos Slim, presidente de América Móvil, aumentó 109.8 por ciento, de 51 mil 800 millones de dólares a 107 mil millones (dato de diciembre de 2024); la de Germán Larrea, director ejecutivo de Grupo México, la minera más grande del país, y concesionario de la mayor extensión de vías de ferrocarril del país, despegó 944.2 por ciento, al incrementarse de tres mil 600 a 37 mil 800 millones dólares, y la de Ricardo Salinas Pliego, presidente de Grupo Salinas, subió 28.7 por ciento, de 10 mil 100 a 13 mil millones de dólares” (La Jornada, 23 de julio de 2024). ¿Y por qué? ¿Porque son muy trabajadores? ¿Muy inteligentes? Pueden serlo. Pero si tomamos en cuenta que con esas características, y más destacadas todavía, existen muchos millones de seres humanos que no tienen ni en qué caerse muertos, deberemos de buscar la explicación en otro lado.

Apenas hace unos días, el pasado ocho de agosto, el periódico El Porteño reportó que en Alemania, en Hamburgo, el Tribunal Administrativo de la ciudad, dispuso que las enseñanzas de Carlos Marx son “fundamentalmente incompatibles con el orden democrático liberal” de la República Federal Alemana. ¡En Alemania!, en donde en los primeros seis meses de este año, unas 11 mil 900 empresas quebraron, la cifra representó un aumento del 9.4 por ciento con respecto al mismo periodo del año anterior y resultaron lanzados a la calle 141 mil empleados. Cosas del respetable “orden democrático liberal”: a la calle, a vivir de la mendicidad.

Por eso los descubrimientos de Carlos Marx aterran a los capitalistas, porque el genio alemán trabajó incansablemente investigando y dejándonos una gran verdad: la sociedad capitalista moderna no está dividida en deciles de ingreso, sino en sólo dos sectores fundamentales: propietarios de medios de producción, que son unas cuantas personas y no propietarios de medios de producción que son la inmensa mayoría del género humano; los que no tienen medios de producción para producir –valga la redundancia– se ven obligados a vender lo único que tienen: su fuerza de trabajo, y se presume que se contratan como iguales con los dueños de los medios de producción, pero la realidad es que su salario es sólo una ínfima parte del valor que producen y la diferencia se queda en manos de sus patrones. A fin de cuentas, si consideramos que se contrata a millones de obreros, encontramos la causa de tan monstruosas fortunas.

Y ahí descubrimos, asimismo, la necesidad vital de los explotadores del mundo por mentir, por mantener y ampliar una costosísima y avasalladora guerra para imponer su ideología. El ocultamiento de la realidad social, la mentira reiterada y el engrandecimiento de banalidades, no son sólo consecuencia de la maldad humana, son la base de la existencia y ampliación del sistema de la ganancia. Como el cuento de los expobres y el hada madrina morenista. En cambio, la verdad es un arma muy poderosa y los trabajadores del mundo deben hacerse de ella. 


Escrito por Omar Carreón Abud

Ingeniero Agrónomo por la Universidad Autónoma Chapingo y luchador social. Autor del libro "Reivindicar la verdad".


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