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Internacional
Guerra y exterminio, en manos de los servicios de inteligencia
Los servicios de inteligencia, y sus análisis, son clave en la geopolítica imperial y ya emergen como actores influyentes.


Los servicios de inteligencia, y sus análisis, son clave en la geopolítica imperial y ya emergen como actores influyentes. Al revelar las fortalezas y debilidades de socios y adversarios, esos entes diseñan escenarios de saqueo como en Venezuela, Irán, Cuba, China y Rusia, sin excluir a México.

Para recuperar su marchita hegemonía, las élites estadounidenses detonaron un gran conflicto en Medio Oriente que tiene como iluso objetivo repartir con Israel un botín. Sólo se los impedía la República Islámica de Irán, por eso el 28 de febrero asesinaron a la cúpula gubernamental y de seguridad de ese Estado.

En lo que hoy constituye la mayor erosión del orden internacional, EE. UU. e Israel coordinaron ataques devastadores alegando, sin probar, que son para impedir que Irán fabrique un arma nuclear. Lo que realmente buscan es cambiar ese régimen por uno a su gusto.

La andanada de ataques que causó el magnicidio del Ayatola Alí Jamenei ocurrió cuando las delegaciones iraní y estadounidense esperaban en Ginebra, Suiza, la tercera ronda de diálogo sobre un pacto nuclear. Pero a seis mil 544 kilómetros, el 47º presidente de EE. UU., Donald Trump, ordenó lanzar contra Irán la operación Furia Épica, a la que Israel nombra Rugido de León.

Así fue como entre el 13 y el 24 de junio de 2025, en pleno diálogo sobre el tema nuclear, la dupla Washington-Tel Aviv bombardearon Irán y asesinaron a decenas de científicos nucleares con bombas lapa y drones.

El pasado 28 de febrero, Trump ordenó una ofensiva mayor contra el Estado iraní. En Washington, Trump y sus jefes corporativos diseñaban la arquitectura de un Medio Oriente y un gobierno iraní afines a sus intereses.

Pero con esta acción, el empresario únicamente logró que su país perdiera el poco prestigio que le quedaba y echó por tierra su credibilidad como jefe de Estado; perdió mucho más que la vida de cuatro de sus soldados que insiste en homenajear.

La columna vertebral de ese ataque se basó en miles de informes recopilados por sus agentes en el terreno, socios y colegas en el exterior, mercenarios repartidos en la periferia e informantes y confidentes locales; es decir, la misión que coordinan las agencias de inteligencia.

Hoy se sabe que esos reportes incluyeron la agenda y el rastreo geoespacial de los dirigentes iraníes; hábitos de familiares y funcionarios; el monitoreo de sus desplazamientos hacia sedes estratégicas. La inteligencia sionista aportó el hackeo a teléfonos y radios de Hezbolá.

La operación en curso contra Irán derivó del análisis de añejos planes de ataque que las agencias de inteligencia –propias e israelíes– pusieron ante Donald Trump, quien descartó que sus tropas pisaran tierra iraní para evitar críticas de la oposición.

Para no repetir los errores en la Guerra de los Doce Días, Trump ordenó decapitar a la cúpula de gobierno y de seguridad persa. Para este homicidio masivo, las agencias israelíes aportaron inteligencia “vital”: dieron información para eliminar los sistemas iraníes de defensa aérea y comunicación.

En los primeros minutos, misiles sionistas impactaron en zonas clave del país; desde cazas furtivos y aviones de combate –como el avanzado F22, el F16 y el F35– salieron las bombas y balas que asesinaron a más de 100 alumnas, mientras misiles crucero Tomahawk y drones unidireccionales destruían la sede donde trabajaba el líder ideológico-religioso Seyyed Alí Hoseini Jamenei.

Las ráfagas letales también cobraron la vida del ministro de Defensa, Amir Nasirzadeh; del jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Abdolrahim Mousavi; y del comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammad Pakpour.

Agentes israelíes y aliados lanzaron drones desde sus puestos secretos en Teherán y alrededores para destruir la defensa aérea iraní. Otros están infiltrados en el ejército y en posiciones clericales, según el experto en grupos radicales, Michael Weiss. Fue así como la dupla sionista-estadounidense golpeó también la psicología de la población iraní.

Complacido por este ataque contra su principal adversario en la región, Benjamín Netanyahu, anunció que aumentaría su ofensiva. Hizo esa amenaza desde el techo de la Unidad de Inteligencia Kiryá, escoltado por Roman Gofman, jefe de la tenebrosa agencia de inteligencia Mossad.

Inteligencia y subversión

En la demencial ofensiva armada contra Irán, la inteligencia es influyente actor entre sombras. Son las agencias las que diseñan la narrativa falsa de que “Irán incendia Medio Oriente” y que su respuesta al ataque exhibe su “gusto por el terror”, tal como publica la prensa corporativa.

Por ello conviene explicar que, aunque los Estados utilicen sus servicios indiscriminadamente, inteligencia y espionaje no son sinónimos. Inteligencia alude al proceso de reunir datos e información, que luego se transforman en conocimiento. Espionaje son las prácticas para la obtención encubierta de esa información confidencial. En ambos casos se habla de “falta de ética”, pues no hay rendición de cuentas por el uso indiscriminado de prácticas ilegales.

Sin embargo, para lograr un cambio de régimen en Irán, las agencias de inteligencia y espionaje de la Casa Blanca desempeñan un gran rol porque impulsan una campaña de subversión y cooptación popular dentro y fuera del país.

Esta ofensiva y su desenlace durarán semanas, no días, tal como anticipa el analista Michael Weiss. Por tanto, su impacto será global debido al bloqueo del Estrecho de Ormuz, al alza en el precio del crudo y gas, a las manifestaciones pro-Irán la acometida y la alineación de Francia, Reino Unido y Alemania con EE. UU.

La prioridad de EE. UU. e Israel es avanzar, pues temen represalias no convencionales del llamado Eje de la Resistencia iraní (la milicia libanesa-chiita Hezbolá y los hutíes yemenís de Ansar alá) en una zona que conocen bien. Incluso, sus informes de inteligencia no descartan ataques en territorio estadounidense o israelí por el asesinato del líder supremo iraní.

Ése y otros son los escenarios que barajan los servicios secretos sionista-estadounidenses. Uno de ellos revela que, ante la urgencia de las cúpulas tecno-políticas de posicionarse en Irán, intensificarán su campaña de cooptación-subversión.

Lo harán sobre personajes muy precisos: oficiales de alto nivel en los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Les ofrecerán sanciones menores, inmunidad o compensación económica a cambio de su alineación con el enemigo –o al menos como informantes.

Tras el vacío generado por el quiebre en la estructura de mando original, esas agencias incitarán a personajes locales a tomar el poder. La efectividad de este plan se probó el tres de enero en Venezuela, después del secuestro del presidente Nicolás Maduro.

Otra táctica subversiva consiste en alentar la organización de los opositores internos y los disidentes. Con esa intención, Israel y EE. UU. filtraron a The Wall Street Journal que, desde su ofensiva de junio, ingresaron al país miles de terminales Starlink para que esa disidencia se comunique y organice como fuerza política.

Mal cálculo

Los recursos y el potencial de los servicios de inteligencia se emplean diversamente en un Estado imperialista que en otros nacionalistas, progresistas, antihegemónicos o socialistas. De igual modo, la información se usa de forma diferente en un Estado imperialista que en Estados antihegemónicos, explica el analista Serge Duchêne.

En el Occidente Colectivo existen verdaderos conglomerados de inteligencia que se justifican alegando que su trabajo “reduce la incertidumbre” en el complejo mundo actual. Y con esa información, los Estados despliegan un poder duro (hardpower) o suave (softpower), según su visión geopolítica.

Y es así como tanto en tiempos de relativa paz, como cuando se despeja el humo de la destrucción por un misil, las agencias de inteligencia emergen como arma clave en la geopolítica, sea del Occidente Colectivo, del Sur Global y potencias emergentes.

El 28 de enero se vio en acción a un Estado imperialista que, con la información de sus agencias, cambió el escenario regional: del acercarse a un eventual acuerdo de política nuclear con Irán para aliviar las sanciones que Occidente impuso ilegalmente hace más de 47 años, se transitó hacia el caos y la incertidumbre regional de efectos imprevistos.

Es por ello que expertos ven la ofensiva en Medio Oriente –instigada por los halcones y sus agencias de inteligencia– como un salto al vacío. Es un mal cálculo creer que esa estratégica, plural y rica región será su botín y que, bajo el liderazgo de Trump, con su yerno Jared Kushner y socios, será el enclave inmobiliario del capital corporativo.

A la luz de estos hechos parece haberse normalizado que el Estado imperialista asigne a su inteligencia misiones abiertamente ilícitas como la de infiltrar instituciones públicas, cooptar delatores y opositores para después efectuar sabotajes, ataques armados y magnicidios.

Estas acciones confirman que las agencias detentan tal poder que incluso pueden superar el de los Estados. En síntesis: trabajan en la sombra, en el límite entre la democracia y el delito, sin rendir cuentas a la sociedad; la información secreta obtenida en su labor cruza fronteras y modela la política exterior.

Invasor frágil

Más allá de los planes hacia esta primera fase de la contienda, resulta evidente que Donald Trump carece, por ahora, del arsenal y los recursos necesarios para invadir y ocupar Irán, al menos en gran escala. Tampoco lo ha sugerido su secretario de Guerra, el belicoso Pete Hegseth, consciente de su fragilidad estratégica.

Lo cierto es que, sobre los servicios de inteligencia estadounidenses y sus aliados, aún pesan dos fracasos estrepitosos: las invasiones a Irak y Afganistán. No previeron, o soslayaron, la decidida resistencia de esas naciones que los obligó a retirarse humillados.

Los halcones de Trump pueden repetir ese error en Irán, porque el enorme territorio persa es cuatro veces más grande que Irak, el doble que Afganistán, tiene 93 millones de habitantes cuya mayoría repudia a la dupla israelí-estadounidense y que, desde hace varias décadas, se han preparado para enfrentarlos.

En contraste, cuando la agencia de un Estado antihegemónico realiza misiones de inteligencia para prevenir amenazas a su existencia, se le acusa de injerencia. Sin embargo, sólo con un servicio de inteligencia de excelencia es que la Revolución Cubana evitó los más de 600 intentos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para asesinar a Fidel Castro.

Si el pasado tres de enero, la información de la CIA allanó el camino a las Fuerzas Especiales de EE. UU. para secuestrar al presidente Nicolás Maduro –después de asesinar a su guardia y a 32 militares cubanos que lo resguardaban– las agencias de inteligencia no tienen garantizado el éxito en Irán o en Cuba.

Sin embargo, ninguna operación contra sus rivales avanzará sin información de inteligencia. Y hay que recordar que Donald Trump siempre desconfió de las agencias de inteligencia de su país, a las que acusó de intentar socavar su primer gobierno; por ello, en cuanto retornó a la Casa Blanca, hace ya 14 meses, Trump se propuso reformarlas y presionar a la jerarquía del sector: por ello desclasificó información incómoda, como: los archivos de los asesinatos de John y Robert Kennedy de Martin Luther King, y la injerencia en su primera elección por la Oficina Federal de Investigaciones (FBI).

Hoy, urgido por la tecnopolítica para recuperar la hegemonía que su país ha perdido, Trump apostó por los servicios de inteligencia para ganar la partida a Irán; ahora, jactancioso, aspira a que su legado sea haber acabado con el jomeinismo y todo rastro de gobierno islámico. En todo caso, el único legado del magnate será el rastro de sangre de sus interminables guerras y el desprestigio que acarreará a su país. 

 

Democracia o interés

Los servicios de inteligencia se descubren de vez en cuando, aunque prosperan a la sombra de la democracia. Sin embargo, sus acciones son ahora tan útiles y vigentes para la geopolítica contemporánea como en la Guerra Fría, explica el especialista en terrorismo Lucas Martin.

En 1975, el legislador por Idaho Frank Church intentó revelar los esfuerzos de la CIA para asesinar a jefes de Estado extranjeros; el entonces presidente, Gerald Ford, y el director de esa agencia, William Colby, lo presionaron para que no avanzara. Pese a ello, expuso que esa agencia intentó “neutralizar” a Fidel Castro, Patrice Lumumba (Congo) y al general René Schneider en Chile.

Todos en EE. UU. saben qué es la CIA, pero quizás uno de cada mil identifica a la Oficina de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado (INR), conocida como La Cassandra de la inteligencia, que ganó esa reputación por su capacidad internacional para espiar y ordenar sabotajes en otros países, explica el politólogo Dylan Matthew. Como el secretismo persiste, los estadounidenses confirman que sus gobiernos les ocultan las operaciones de sus agencias, lo que incumple la noción de una sociedad democrática.

 

Tríada letal: Mossad, Amal y Kiryá

Las principales agencias del sionismo son Mossad, que opera en el exterior; Shin Bet, que recopila inteligencia interna; y Aman, la división de inteligencia de Relaciones exteriores que se vincula con colegas militares del mundo. Todas procesan millones de datos para determinar qué objetivos atacar mediante el uso del malware –como el Stuxnet y espiar comunicaciones de adversarios.

Nadie duda que agentes del Mossad maniobraron para esta agresión, aunque ha optado por mantenerse en silencio a diferencia del video de junio pasado, cuando alardeó de su acción. El sábado 28, todas las fuentes de la agencia callaron, escribió Yonah Jeremy en The Jerusalem Post.

Que Irán responda destruyendo objetivos israelíes es una humillación, como el impacto de un misil en Tel Aviv contra la sede de Kiryá, el Pentágono israelí, sede del Ministerio de Defensa y Mando Central. Ese golpe fracturó la idea del poderío militar israelí en la región, pues en el Kiryá se planearon desde el genocidio a palestinos hasta asesinatos en Irak, Siria, Líbano, Yemen e Irán.

El exdirector del Mossad, Yossi Cohen, asegura que su agencia se apropió del archivo nuclear iraní desde 2018. Entonces, ¿por qué el bombardeo a sedes nucleares en 2025 y 2026?

 

 

 


Escrito por Nydia Egremy

Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.


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