Cargando, por favor espere...

Opinión
Tres fuentes y tres partes del Socialismo con Características Chinas
El marxismo del Partido Comunista de China funciona hoy como teoría de gobernanza, estabilidad y desarrollo, donde la lucha de clases queda subsumida como contradicción secundaria.


El Socialismo con Características Chinas es una teoría acuñada por Deng Xiaoping que rompió con formas previas de entender la construcción socialista y se convirtió en el paradigma teórico que hasta la fecha guía al Partido Comunista de China. Históricamente, forma parte de un proceso que se remonta a la figura de Li Dazhao, uno de los dos líderes fundadores del Partido. Li Dazhao sostenía que el socialismo debía adaptarse a las circunstancias específicas de China, pues de lo contrario se convertiría en un discurso vacío. El término “Sinización del Marxismo” fue creación de Mao Zedong, quien en 1938 planteó que un marxismo separado de las características de China resultaría abstracto y vacío. Deng Xiaoping dio un paso adelante en esa tradición al acuñar el término “Socialismo con Características Chinas” en el XII Congreso del Partido, en 1982, planteando que era necesario integrar la verdad universal del marxismo con la realidad concreta del país.

Esta teoría se distingue por acuñar conceptos inexistentes en la obra de Mao, como el de Economía Socialista de Mercado, –una economía híbrida con propiedad pública y privada, mercado y planeación, controlada en última instancia por el Partido– y Primera Etapa del Socialismo, que asume un periodo prolongado, de décadas y generaciones, durante el cual China mantendrá el sistema económico de la Economía Socialista de Mercado y el sistema político dominado por el Partido-Estado. También reinterpreta la contradicción principal de la sociedad china: si para Mao era la lucha de clases antagónicas, lo que impulsó la Revolución Cultural, para Deng la contradicción principal residía entre las atrasadas fuerzas productivas y las necesidades del pueblo. Está compuesta, principalmente, por tres partes.

La primera fuente del Socialismo con Características Chinas es el nacionalismo. El marxismo llegó a China en una era de crisis, marcada desde la Guerra del Opio de 1839 por invasiones imperialistas, fragmentación interna y búsqueda de alternativas de salvación nacional. Tras perder sucesivas guerras y ceder territorios, y frente a levantamientos internos como la Rebelión Taiping y la Rebelión Boxer, la dinastía Qing se mostró incapaz de revertir el deterioro del país. En ese contexto llegaron las ideas modernas provenientes de Occidente, entre las cuales se encontraba el marxismo. Éste comenzó a ser visto como una vía posible de salvación nacional. La Revolución Rusa de 1917 y el Movimiento del 4 de Mayo de 1919 le dieron al marxismo una gran aceptación entre los intelectuales chinos.

Los fundadores del Partido llegaron al socialismo buscando ante todo salvar a China. Antes de su giro comunista, Mao Zedong había simpatizado con ideas liberales y reformistas; su célebre frase “Sólo el socialismo puede salvar a China” sigue siendo un emblema partidario. Deng Xiaoping y Zhou Enlai, por su parte, llegaron al marxismo durante sus estancias en Francia, a donde habían viajado buscando formas de industrializar y fortalecer al país.

Este componente nacionalista explica en buena medida que el Partido nunca aceptara ser satélite de la Unión Soviética, incluso desde antes de fundar la Nueva China, y que durante el Gran Salto Adelante buscara demostrar la superioridad de su propio modelo socialista. El Socialismo con Características Chinas heredó esa tradición: el socialismo debe servir, ante todo, para salvar y desarrollar a China, entendido esto como mantener la independencia, salvaguardar la integridad territorial y la unidad política, recuperar el estatus internacional del país y mejorar la vida de las mayorías.

La segunda fuente es el marxismo soviético clásico. El interés chino en el marxismo se intensificó tras la Primera Guerra Mundial, cuando el Tratado de Versalles transfirió a Japón posesiones alemanas en China en lugar de devolverlas, pese a que el país había luchado del lado vencedor. Ese agravio llevó a muchos intelectuales a equiparar imperialismo y capitalismo, viendo en el antiimperialismo soviético una vía de salvación. Fue hasta ese momento cuando el marxismo despertó un fuerte interés.

El marxismo llegó a China de manera tardía y directamente de la mano soviética: el Manifiesto del Partido Comunista se tradujo al chino apenas un año antes de la fundación del Partido, en 1921. Marx, Engels, Lenin, y posteriormente Stalin, se convirtieron en los referentes teóricos centrales desde que inició la tradición marxista en el país. Mao consideraba a Stalin un continuador legítimo del marxismo-leninismo, pese a discrepancias prácticas notables entre ambos, como el apoyo soviético a facciones rivales dentro del Partido.

El XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, en 1956, marcó un punto de quiebre. Mao rechazó la desestalinización soviética, considerando que los aciertos de Stalin superaban ampliamente sus errores. Desde entonces, el Partido Comunista de China caracterizó al de la Unión Soviética como revisionista e imperialista, y comenzó a desarrollar una tradición marxista propia –iniciada por Mao y continuada por Deng– que retomaba el marxismo soviético desarrollado hasta Stalin, pero rechazaba el que se produjo después, tanto en la Unión Soviética como en Europa y otras latitudes. Esa independencia filosófica respecto a Moscú permitió al marxismo chino sobrevivir al colapso del bloque socialista en los años noventa, y los resultados posteriores del país reforzaron la confianza del Partido en sus propias bases teóricas.

El Socialismo con Características Chinas está anclado al marxismo soviético clásico, conservando conceptos como la lucha de clases, el desarrollo de las fuerzas productivas, la dictadura del proletariado y el materialismo histórico, cuestionados por otras corrientes marxistas del Norte Global. Sobre esa base, desarrolló elaboraciones teóricas posteriores, adecuadas a la realidad nacional.

La tercera fuente es la experiencia de la Nueva China. Las diferencias entre Mao y Deng Xiaoping se hicieron evidentes desde 1958, cuando Mao lanzó unilateralmente el Gran Salto Adelante y las comunas populares. Las consecuencias negativas de estas políticas comenzaron a corregirse en 1960, pero Mao insistió en 1962 en que la lucha de clases seguía siendo la contradicción principal de la sociedad china, lo que desembocó en el Movimiento de Educación Socialista y, finalmente, en la Revolución Cultural de 1966, durante la cual Deng Xiaoping y Liu Shaoqi fueron purgados como representantes de una supuesta fracción burguesa dentro del Partido.

El rechazo de Mao a los mecanismos de mercado tras 1958 obstaculizó el desarrollo productivo del país, pese a que él mismo había reconocido tempranamente los errores del Gran Salto Adelante. Las reformas orientadas al mercado, impulsadas por Zhou Enlai y Deng Xiaoping en los años sesenta fueron interrumpidas por la Revolución Cultural, y sólo después de 1978 las Cuatro Modernizaciones y la reforma agrícola se consolidaron, dando paso en 1992 a la formalización de la Economía Socialista de Mercado.

Mao había planteado en Sobre la Nueva Democracia una revolución en dos etapas, en la que el mercado y una burguesía nacional servirían en el primer momento para desarrollar la economía china, para posteriormente dar paso a la construcción socialista. La Nueva Democracia inició con la fundación de la República Popular, en 1949, y la construcción del socialismo comenzó al terminar la Guerra de Corea, en 1953. El Partido consideró que en 1956 el país había alcanzado la transformación socialista básica y proyectó continuar la construcción socialista de forma gradual a través de los planes quinquenales. Mao acompañó esta decisión al principio, pero después insistió en la necesidad de acelerar la construcción socialista, primero por la vía económica y, tras el fracaso del Gran Salto Adelante, por la vía ideológica, mediante la Revolución Cultural.

Deng y otros líderes discreparon de esa lógica desde 1958. El Socialismo con Características Chinas sostiene que la construcción socialista no puede acelerarse por voluntad política, sino que obedece a leyes objetivas del desarrollo histórico. El XIII Congreso de 1987 estableció que China atravesaría una Primera Etapa del Socialismo de al menos cien años desde 1949, durante la cual el mercado prestaría sus servicios al socialismo y el Partido mantendría vigentes cuatro principios fundamentales innegociables: el camino socialista, la dictadura democrático-popular, la dirección del Partido y el marxismo-leninismo y Pensamiento Mao Zedong. Esta aproximación se mantiene esencialmente vigente bajo Xi Jinping.

El Socialismo con Características Chinas integra tres fuentes: el nacionalismo, que antecede cronológicamente al marxismo en China y explica su carácter de proyecto de salvación nacional; el marxismo soviético clásico, que fijó desde el origen el canon teórico Marx-Engels-Lenin-Stalin, excluyendo de la ideología oficial al marxismo soviético posterior, al Marxismo Occidental y otras corrientes marxistas; y la experiencia histórica de la Nueva China, que demostró que la construcción socialista responde a leyes objetivas del desarrollo y no puede acelerarse por voluntarismo político.

Quizás el rasgo más distintivo de esta teoría frente a otros marxismos en el mundo sea su carácter no revolucionario: mientras el marxismo nació como teoría para la conquista proletaria del poder y la construcción socialista, el marxismo del Partido Comunista de China funciona hoy como teoría de gobernanza, estabilidad y desarrollo, donde la lucha de clases queda subsumida como contradicción secundaria. Se trata de una teoría acotada temporal y geográficamente, que funcionará como paradigma en China mientras dure la Primera Etapa del Socialismo y que no aspira a universalizarse como guía de los movimientos comunistas internacionales, aunque sí ofrece principios –como huir del dogmatismo y buscar la verdad en los hechos– que pueden inspirar otros socialismos del mundo. 


Escrito por Ehécatl Lázaro

Columnista de politica nacional


Notas relacionadas

Pekín calificó como "falsas y sin fundamento" las versiones sobre un supuesto contrato para suministrar hasta 400 sistemas de defensa antiaérea a Teherán; Pakistán también rechazó participar en la operación.

El 58 por ciento de los mexicanos considera que China es un socio confiable, frente al 34 por ciento que opina lo mismo de Estados Unidos. Además, siete de cada diez creen que Washington interfiere en los asuntos internos de otros países.

Un estudio realizado en 36 países muestra que China ya tiene una mejor imagen internacional que Estados Unidos y que más personas confían en Xi Jinping que en Donald Trump.

El dirigente del Movimiento Antorchista afirmó que la competencia por recursos naturales y mercados entre las principales potencias económicas incrementa el riesgo de un conflicto global y sostuvo que la organización de los trabajadores es la única vía para evitar una escalada bélica.

BYD se mantuvo como la marca preferida entre los consumidores.

La no renovación del Tratado entre México, EE. UU. y Canadá impactará en el desarrollo de México.

Este breve texto quiere presentar un panorama claro de la situación actual de la IA en el capitalismo.

Pekín mantiene la política de no interferir en los asuntos de otras naciones.

Más de 25 países respaldan la iniciativa que busca establecer reglas comunes para el desarrollo ético de la IA.

El organismo instó a buscar acuerdos específicos para preservar vínculos comerciales con China.

El PCCh se erige no sólo como el timonel del desarrollo de su propia nación, sino como un referente de ingeniería política, estabilidad y disciplina organizativa para todos los pueblos del mundo.

Parenti llega a la conclusión de que el fascismo es exactamente lo contrario al socialismo porque responden a intereses completamente distintos.

El embajador de China en México, Chen Daojiang, destacó las oportunidades de cooperación en materia de movilidad e infraestructura.

La ayuda incluye suministros de emergencia, imágenes satelitales y recursos para la reconstrucción, luego de que los sismos dejaran más de mil 700 muertos y miles de damnificados.

Xi Jinping insistió en que la integración total del territorio chino sigue siendo una prioridad política, mientras Pekín pidió a Estados Unidos actuar con cautela sobre el tema taiwanés.