A pesar de la anulación, el expresidente estadounidense aseguró que las tarifas “siguen en pie”.
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La reconfiguración geopolítica de la posguerra híbrida en Ucrania no favorece a Estados Unidos (EE. UU.) que, para preservar su hegemonía, reactiva la Diplomacia de Cañoneras en El Caribe. Su coartada radica en el narcotráfico, un nuevo frente de saqueo y golpismo para frustrar la autodeterminación de Nuestra América.
Tras imponer un virtual Estado de Sitio en Washington, llamar “héroe de guerra” al genocida Benjamín Netanyahu y criticar al Instituto Smithsonian por “exagerar” lo malo de la esclavitud, Donald Trump duplicó a 50 millones de dólares (mdd) la recompensa por capturar al presidente de Venezuela para, después, ocupar y desvalijar a ese rico país.
No presenciamos una operación antidrogas en El Caribe, sino la jugada geopolítica de múltiples capas para influir en la región: una para presionar al gobierno del presidente Maduro, la otra para apretar el cerco militar sobre Cuba y, la final, para ampliar el marco legal que convierte a las mafias en “terroristas”.
En paralelo, EE. UU. escenifica en El Caribe una demostración de poder que sitúa a Venezuela en el epicentro de su confrontación con Eurasia. Eso ocurre cuando las piezas del tablero geopolítico se dinamizan en todo el planeta y el mapa de tensiones se reconfigura en América Latina.
Ahora resulta indudable que Venezuela represente un gran activo estratégico. A su riqueza energética se suman sus cuantiosos recursos, que muestran casi toda la tabla periódica de elementos; por lo que, para el imperialismo corporativo, asaltarlo significa un paso imperativo por vencer a China en su rivalidad de poder.
Por ello surgió la ficticia lucha antidrogas como coartada que justifique esa ofensiva. En cuanto regresó a la presidencia, Trump la diseñó con precisión quirúrgica e inició su implacable campaña mediática, diplomática, militar y comercial.
Al militarizar El Caribe, el magnate optó por un cambio táctico que redefine la función de su Ejército sobre aspectos criminales. La ofensiva mediática se perfila hacia allá porque alienta la desconfianza y el temor de los venezolanos para romper el fuerte vínculo con su gobierno.
Otro eje del plan consistió en duplicar la recompensa por capturar al presidente Nicolás Maduro, mostrarlo como líder de un grupo delictivo y negar su legitimidad. Es la falsa premisa para desvalijar a la dirigencia de la Revolución Bolivariana de la enorme estatura moral que ha ganado.
Conforme a ese guión, la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, advirtió que hay cargos contra el Ejecutivo venezolano por tráfico de drogas. Eso apunta a escenarios catastróficos: que sicarios asesinen a Maduro para cobrar la recompensa, o que sea fugitivo de la ley estadounidense, según declaró el exsubdirector de Inteligencia del Comando Sur, Jesús Daniel Romero, a la colombiana FM.
Esa criminalización intenta infructuosamente borrar los logros bolivarianos, pese a las medidas coercitivas unilaterales de EE. UU. Hoy, los venezolanos gozan de salud y educación pública gratuita con excelente calidad, 96 por ciento de soberanía alimentaria, mejor empleo y la construcción de cinco millones de viviendas dignas.
Con el cerco geopolítico a Venezuela, Trump resucita el viejo lema de James Monroe y muestra a China, Rusia e Irán que “América es para los americanos”. Por ello observamos el espectáculo de los destructores USS Gravely, USS Jason Dunham y USS Simpson en El Caribe –con sus misiles Aegis capaces de rastrear objetivos aéreos y marítimos– aviones espía P-8 Poseidón y drones.
A esa hollywoodesca exhibición de capacidad bélica se suma el buque de desembarco anfibio USS Iwo Jima y se alistan el USS Fort Lauderdale y el USS San Antonio. Con ellos van más de cuatro mil agentes militares –la mayoría marines–, el Grupo Anfibio Ready y la 22a Unidad Expedicionaria de Marines, listos para desembarcar en costas de América Latina y El Caribe.
Sin embargo, expertos en operaciones contra adversarios difíciles cuestionan la idoneidad de los marines en esa tarea, pues carecen de entrenamiento en lucha antidrogas y necesitarían a la Guardia Costera que no ha sido requerida. Pero the show must go on (la función debe continuar).
No obstante, Donald Trump ignora, como Comandante en Jefe del ejército más poderoso de la región, que donde sus fuerzas armadas se pavonean, en febrero de 2014 se proclamó Zona de Paz por la Comunidad de Estados de America Latina y El Caribe (CELAC).
Reunida en La Habana, Cuba, la organización regional de 33 países –México incluido– refrendó su compromiso con la solución pacífica de conflictos, el respeto al Estado de Derecho y el desarme nuclear.
Pese a ello, el empresario reedita la colonialista Diplomacia de Cañoneras para desestabilizar a Nuestra América. Esa rancia fórmula del Monroísmo se adereza con la coartada de combatir al narcotráfico e invadir a una pacífica nación mediante la insostenible y humillante acusación contra su presidente.
Detrás de esa ofensiva se oculta la incapacidad del imperialismo para combatir a las mafias del narcotráfico, ese enemigo elusivo capaz de ocultarse en las coordenadas y poderosas cámaras de drones que sobrevuelan El Caribe, pero siempre omnipresente en la propaganda injerencista imperial.
Aunque a estas horas parece remota la posibilidad de que las cúpulas imperialistas aprueben la vía militar en Venezuela, es probable que la derecha local escale su violencia para cumplir su frustrada misión de socavar la Revolución Bolivariana y así satisfacer al huésped de la vivienda con el número 1660 de la avenida Pennsylvania, en el hoy cercado Washington D.C.
La actual exhibición de fuerza naval y bélica estadounidense en El Caribe no tiene precedentes. Esta falaz operación antidrogas no ha mostrado pruebas que sitúen al gobierno de Venezuela al centro del tráfico de drogas, como tampoco lo han efectuado la Casa Blanca, la Comunidad de Inteligencia, el Departamento de Seguridad Interior, el Departamento de Estado o sus desacreditadas agencias contra el crimen.
Hace décadas, la inteligencia estadounidense develó la geopolítica del narcotráfico e identificó sus vectores; entre ellos, el 90 por ciento de drogas producidas en Suramérica llega a EE. UU. por el Pacífico.
Esto refuta la versión de Donald Trump de que desde El Caribe llega la amenaza de las drogas y así se perfila contra el país sudamericano. En su fobia por Venezuela, intenta ocultar el llamado Vector del Pacífico Oriental, por donde ingresa a EE. UU. el 74 por ciento de la cocaína, según la Oficina de Drogas y Crimen de Naciones Unidas.
En particular desde Colombia y Ecuador donde, paradójicamente, EE. UU. tiene bases militares. En el este del Pacífico fluyen los estupefacientes, confirmaron operativos antidrogas recientes de la Guardia Costera, que el 19 de agosto incautó 589.6 kilogramos de cocaína y el 21 detuvo a dos ecuatorianos, lo que viralizó la broma: “Buscaban a Maduro y encontraron a Noboa”.
En el Pacífico norte, Canadá desempeña un rol fundamental, convertido en tierra fértil para el fentanilo: peligroso opioide sintético cuya importación, producción y exportación aumentó 42 por ciento en cinco años, según la inteligencia criminal canadiense.
Por ello, la misión del Zar Antidrogas, Kevin Brosseau, consiste en interceptarlo antes de que entre a EE. UU. y evitar que Trump penalice a ese país; desde luego, no con acorazados en sus costas del Pacífico.
En cambio, el tránsito de drogas por El Caribe resulta muy menor, reportó hace más de 15 años el Centro Nacional de Inteligencia de Drogas estadounidense (National Drug Intelligence Center, NDIC). Su informe 2008 refirió que, por la ruta Puerto Rico e Islas, pasa el uno por ciento de la cocaína; por el vector Haití-República Dominicana, el ocho por ciento y en el de Jamaica uno por ciento. Es decir, apenas 10 por ciento sobre esa región.
Esto evidencia que en cinco décadas de Guerra Antidrogas se aplicó una estrategia fallida. Hoy, las grandes mafias del narcotráfico “tienen presencia y vínculos en casi todo el mundo”, admitió desde 2023 la Administración de Control de Drogas (DEA).
EE. UU. no quiere acabar con el consumo de drogas, lo corrobora la disolución del NDIC, en 2012, cuya tarea fue asignada al Comando Sur. Hoy su jefe, el almirante Alvin Hosley, realiza frenéticas visitas a Argentina y otros aliados para alinearlos con la doctrina de seguridad nacional en cada país.
La dimensión geopolítica del abordaje militar de Trump, con su coartada monroísta antidrogas, constituye una arquitectura imperialista para socavar la soberanía regional. Esa visión no resolverá el grave problema de salud pública por consumo masivo de sustancias ilícitas en EE. UU., sólo empeorará la violencia y quebrantará derechos humanos, describe el Observatorio Lawfare.
Es cierto que está presente la vía del complot terrorista. El ocho de agosto se desmanteló un gran atentado terrorista en la Plaza Bolívar, cuya onda expansiva habría alcanzado 9.1 kilómetros, mientras se incautaban mil 500 cajas con explosivos, armas automáticas y rifles para francotiradores. Ése sería el escenario para justificar la invasión estadounidense, explicó el vicepresidente de Política, Seguridad Ciudadana y Paz, Diosdado Cabello.
El presidente Nicolás Maduro calificó las amenazas estadounidenses como “extravagantes, estrambóticas y estrafalarias”, dispuso un Plan Especial de Seguridad y activó a 4.5 millones de milicianos, como ejemplo de la tenaz, sabia e inteligente resistencia de los venezolanos contra el saqueo y la sumisión.
En reacción, 10 miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), condenaron ese amago “Disfrazado de operación antidrogas como amenaza a la paz y a la estabilidad de la región que viola el Derecho Internacional.
Para el imperialismo estadounidense, la creciente cooperación entre gobiernos latinoamericanos antihegemónicos y potencias extrarregionales como China, Rusia, Irán, Turquía e incluso Irán, representa un desafío a su hegemonía sobre América Latina.
La enemistad entre EE. UU. y China es más geopolítica que comercial, pues el veloz desarrollo del país asiático superó la expectativa estadounidense que lo veía como eslabón en las cadenas de producción de una economía liderada por los gringos.
Otra amenaza al imaginario imperial de dominar Eurasia fue el reposicionamiento mundial de Rusia, que se acentuó cuando surgió el nuevo orden multipolar con China. La intención permanente de Washington ha consistido en aplastar esa competencia que amenaza su posición de potencia hegemónica, refiere Philip Golub.
Para frenar la influencia de esos actores extrarregionales, EE. UU. recurre a su Comando Sur, que con 31 miembros y jurisdicción en 24.9 millones de kilómetros cuadrados, posee tres líneas de acción: Contrarrestar Amenazas, Fortalecer alianzas con las “democracias” de la región y Fortalecer la Lucha contra el Narcotráfico.
Todas se vinculan al narcotráfico con “la amenaza hacia la democracia”, como hizo el 12 de marzo de 2024 la entonces jefa del Comando, la generala Laura J. Richardson, quien sostuvo que las organizaciones criminales –no el histórico colonialismo ni el capitalismo corporativo– dejan pobreza, inseguridad, muerte e inestabilidad tras de sí.
En octubre, Richardson urgió a desplegar un nuevo Plan Marshall sobre la región y enfrentar la creciente influencia de esas potencias euroasiáticas. Al término de su gestión, en noviembre, insistió en que China y Rusia no respetan a sus pueblos y “son incapaces de respetar a los demás”.
El nuevo jefe del Comando Sur, almirante Alvin Holsey, mantuvo esa premisa. En su primer mensaje, el 13 de febrero, criticó a los “regímenes autoritarios” de China y Rusia, alertó contra su “metódica incursión” regional y subrayó que Rusia apoya militarmente a regímenes antiamericanos. Holsey reunió el riesgo representado por esas potencias con el de las Organizaciones Criminales Trasnacionales y Organizaciones Extremistas Violentas, impulsoras de drogas, migración ilegal y anarquía en fronteras estadounidenses.
Trump lo escuchó y, en su segunda presidencia, clasificó como “organizaciones terroristas y extranjeras” al Tren de Aragua, la Mara Salvatrucha y otros seis grupos delictivos en México. El ocho de agosto, en la medida más agresiva contra las drogas, autorizó el uso de la fuerza militar contra “esas mafias”.
El 18 de junio de 1971, Richard Nixon introdujo su Guerra contra las Drogas y asignó 71 mdd a impedir el ingreso de esas sustancias calificadas como “enemigo público número uno” de EE. UU. Desde entonces se ha erogado más de un billón de dólares (bdd) en ese esfuerzo sin éxito, pues EE. UU. es el primer consumidor mundial de cocaína, según la UNODC.
Le sigue el consumo de heroína, fentanilo, barbitúricos, antidepresivos y analgésicos. Para expertos, eso se explica porque, pese a ser una sociedad rica, la estadounidense está profundamente deprimida, muy insatisfecha y con crecientes problemas de salud mental. Con registro récord de casi 30 por ciento de depresión, cita el analista conductual, Justin Baksh.
Por primera vez, el índice de satisfacción en EE. UU. descendió de la marca 15 a la 23; “El futuro se ve muy sombrío”, admite la analista Aditi Shrikant. Y así, de 350 millones de personas en el mundo con depresión, al menos 15 millones experimentan depresión clínica en EE. UU., explica la psiquiatra Anna Lembke.
Para aliviar esa situación, los adictos a las drogas sintéticas sumaron 48.5 millones en 2024. Es tal la crisis de opioides que, de registrar 68 mil 630 muertos en 2020, pasó a 80 mil 391 en 2023, según la organización Healthy Children. La sobredosis de drogas causó 87 mil muertos entre octubre de 2023 y septiembre de 2024, en California, Nueva York y Ohio informó la organización Addictions. Los estados con más adictos son Nuevo México, Alaska, Oregon, Nevada, Washington, Virginia occidental, Distrito de Columbia, Oklahoma, Vermont y Luisiana.
Sin embargo, en el último año del expresidente Joseph Biden y en ocho meses de gestión de Donald Trump, las instituciones de salud revelan sospechosamente que las muertes por drogas han disminuido tras años de haber registrado incrementos constantes.
Otros alertan todavía, como el Informe del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de estadounidense (National Institute on Drug Abuse, NIDA) –fundamental en investigación científica– una tasa de muertes por sobredosis de cocaína dos o tres veces mayor en hombres que en mujeres y aumentan los decesos por antidepresivos, refiere el Centro Nacional de Estadísticas de Salud (NCHS).
Por ello, es creíble el subrayado del Informe 2024 del Centro de Control de Enfermedades de que “EE. UU. padece una Epidemia de Drogas”. Detrás está la crisis de infelicidad que el depredador capitalismo causa en los estadounidenses, que no detendrá una mítica invasión a Venezuela.
En su conferencia de prensa del 22 de agosto, la Presidenta mexicana respondió con un rotundo no a la pregunta de si considera posible la intervención de tropas estadounidenses en México. Descartó esa acción igual que hizo el ocho y 11 de agosto, luego de que Donald Trump calificara como “terroristas” a las mafias del narcotráfico.
La última incursión de tropas estadounidenses en México fue en 1916, cuando perseguían a Francisco Villa, durante la Revolución; y poco antes, en 1914, ocuparon Veracruz. A 109 años del suceso, el ejército estadounidense ha realizado simulacros de guerra con fuerzas expedicionarias que cruzan la frontera desde Arizona y Texas, así como ejercicios de ataques a los puertos de Tampico, Mazatlán y Manzanillo, sin descartar una intromisión-relámpago aérea al Aeropuerto Felipe Ángeles y al Internacional Benito Juárez, apunta el periodista Don Knowland.
Tal escenario está en la mesa de Trump, aunque se afirme que la relación bilateral mejoró al reducirse el flujo migratorio y de drogas. Una eventual invasión estadounidense a México retrasará 100 años el vínculo, sentencia Todd Robinson, exsubsecretario de Estado para Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley con Biden.
Sin embargo, será la clase trabajadora de México, EE. UU. y América Latina la que “pueda y deba” suprimir la vorágine mediante la fundación de la Cuarta Internacional de las Américas, alerta la versión estadounidense de la organización Mundo Socialista.
A pesar de la anulación, el expresidente estadounidense aseguró que las tarifas “siguen en pie”.
Además de los logros académicos, la delegación mexicana fue reconocida con un trofeo especial por ser la más amistosa durante la noche cultural del evento.
Declaró a la Ciudad de Gaza como “zona de combate”.
La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó la visita de Marco Rubio al país para el próximo 3 de septiembre
Previamente el presidente estadounidense había propuesto que EE.UU. tomara el control de Gaza, desalojara a sus dos millones de habitantes.
El tiroteo ocurrió dentro de una escuela católica de Estados Unidos; 17 personas resultaron heridas, entre ellas 14 menores.
México se suma a una lista de países que incluyen a Alemania, Canadá, Japón y Nueva Zelanda que no envían correo ni paquetería al país estadounidense.
La Media Luna Roja Egipcia indicó que los camiones son devueltos bajo “pretextos” como problemas con el cargamento y acosos por parte de Israel.
El sistema de pagos electrónicos “Pix” es una plataforma brasileña reconocida globalmente por su capacidad para facilitar transacciones financieras rápidas y accesibles.
Más de dos mil millones de personas en todo el mundo están expuestas a enfermedades por el uso de fuentes contaminadas como ríos, estanques o canales.
Desde el 21 de agosto, se realiza una huelga de consumo todos los jueves, para presionar económicamente a las empresas vinculadas con Israel.
Los manifestantes también exigen que Donald Trump ayude a asegurar un acuerdo.
Desde el inicio de la ofensiva en octubre de 2023 a la fecha han fallecido más de 240 comunicadores.
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Instó a las bases de su gobierno a fortalecer las milicias campesinas y obreras en fábricas y zonas rurales, a las que dotó de “fusiles y misiles”.
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Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.