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Miguel A. Pérez
Hacia 1845, Carlos Marx y Federico Engels establecieron las bases de la teoría materialista de la historia. En contraposición a la teoría aristocrática de Bruno Bauer y los llamados “Libres de Berlín” (una concepción de la historia “como producto de las élites, las que se servían de la masa como de materia de la iniciativa privada”) los creadores del materialismo histórico reivindicaron la importancia de la masa y la relevancia de su acción histórica.
En Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, Marx menciona que si bien la acción concreta tiene que “derrocarse mediante la fuerza material”, también la teoría actúa como “poder material tan pronto como se apodera de las masas”. Asimismo declara que “así como la filosofía encuentra en el proletariado sus armas materiales, el proletariado encuentra en la filosofía sus armas espirituales”. Según Marx, la filosofía no puede “llegar a realizarse sin la abolición del proletariado, y el proletariado no puede abolirse sin la realización de la filosofía”. En otras palabras: “tan pronto como el rayo del pensamiento llega a fondo en ese candoroso suelo popular, se lleva a cabo la emancipación de los hombres”.
La misma convicción aparece en la obra teórica del gran amigo y compañero de Marx. En su Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Engels escribió que si se quieren “investigar las fuerzas motrices que (…) están detrás de los móviles por los que actúan los hombres en la historia y que constituyen los verdaderos resortes supremos de la historia, no habría que fijarse tanto en los móviles de hombres aislados, por muy relevantes que ellos sean, como en aquellos que mueven a grandes masas, a pueblos en bloque, y, dentro de cada pueblo, a clases enteras”. En correspondencia con la idea de Marx respecto a la liberación del proletariado y la realización de la filosofía, Engels concluyó que “el movimiento obrero de Alemania era el heredero directo de la filosofía clásica alemana”.
Más tarde, el propio Lenin aseguró que el descubrimiento de la concepción materialista de la historia –es decir, la extensión del materialismo en los fenómenos sociales– superó los “dos defectos fundamentales de las anteriores teorías de la historia”, el segundo de los cuales era que las concepciones precedentes “no abarcaban precisamente las acciones de las masas de la población, mientras que el materialismo histórico permite estudiar por primera vez con exactitud histórica natural las condiciones sociales de la vida de las masas y los cambios en esas condiciones”.
A diferencia de estos tres autores, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche desarrolló una “crítica aristocrática de la sociedad de masas, explícitamente en contra del movimiento obrero”. En obras como El crepúsculo de los ídolos (1887) y El Anticristo (1888), Nietzsche propuso una “sociedad de jerarquías rígidas basada en un «orden natural» de castas”. El sociólogo Alan Swingewood –autor de El mito de la cultura de masas– aduce que “para Nietzsche (…) la amenaza a la sociedad moderna viene de abajo, del ‘hombre común’, del ‘hombre de masa’ que debe ser enseñado a conocer y aceptar su lugar ‘natural’ (…)”. Un par de décadas más adelante, el filósofo español José Ortega y Gasset desarrolló muchas de las ideas de Nietzsche. Según el propio Swingewood, en La rebelión de las masas (1930) Gasset hizo una crítica al colectivismo y definió a la sociedad en términos de minorías “superiores” y “masas incompetentes” y, al mismo tiempo, afirmó que la cultura europea se encontraba “amenazada por estos nuevos ‘bárbaros’ de las clases media y obrera”.
Destacan a la vista las diferencias entre una concepción y otra. Los gobiernos que rechazan la importancia histórica de la “masa” o que estigmatizan a las organizaciones sociales, adoptan el punto de vista de Nietzsche y de los críticos conservadores del siglo XX. ¿Qué pueden esperar las masas de los partidarios de un sistema que las excluye de la propia historia? En cambio, ¿cuánto pueden esperar de un partido o asociación política que las organiza y que las educa para que modifiquen las condiciones de su propia existencia?
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Escrito por Miguel Alejandro Pérez
Maestro en Historia por la UNAM.