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Se debilita la unidad de Europa en torno a Estados Unidos (EE. UU.) y el gobierno ucraniano. Le Monde, 15 de junio, dio a conocer una encuesta del Consejo Europeo para las Relaciones Internacionales (ECFR), realizada entre ocho mil personas en nueve países de la Unión Europea (UE) y el Reino Unido. Dice: La Guerra en Ucrania. “Después de la unión sagrada, los europeos divididos entre halcones y palomas”. Y detalla (traducción libre). Se realizó una encuesta sobre las consecuencias y el costo de un conflicto largo. “las opiniones públicas comienzan a divergir sobre la continuación o no de los esfuerzos realizados por sus países respectivos para apoyar a Kiev. Y las grietas al seno de la Unión entre ‘halcones’, partidarios de una línea dura contra Moscú, y ‘palomas’, favorables a una paz negociada lo más pronto posible, podrían terminar por paralizar a Europa en la escena internacional”. Abunda: “Predominante, el grupo de los ‘pacifistas’ (35%) (el porcentaje más alto), particularmente representado por Italia y Alemania, desea una salida rápida a la guerra, incluso al precio de concesiones territoriales por parte de Ucrania; se opone al grupo (22%) que privilegia la ‘justicia’ y la integridad territorial del país, principalmente representado por los polacos, que estima que solo una clara derrota de Moscú firmará el fin de la guerra, y que al final Rusia deberá ser ‘castigada’ y se le deberán fincar responsabilidades por posibles crímenes de guerra. El 20% de los europeos oscila entre los dos campos: hostiles a Rusia, partidarios de una política dura respecto a ella, pero temen también los efectos de una guerra prolongada. Los precios de la energía como principal preocupación son principalmente compartidos por alemanes, franceses e italianos. Al 32% de los encuestados les preocupan más los problemas internos de sus países, la economía, que la guerra en sí. Polonia y Rumania (en el otro polo) encabezan la posición más beligerante”. Le Monde advierte que esta división al seno de los pueblos podría terminar imponiéndose sobre sus gobernantes, poniendo así fin a la unidad observada desde el inicio del conflicto. En la encuesta, 38 por ciento de los entrevistados se opone a un incremento en gastos militares, contra 32 que se declaran favorables. La mayoría de los encuestados (55 por ciento) responde que Europa está pagando las consecuencias de la guerra, mientras que en EE. UU. el impacto es mínimo. En Italia, 45 por ciento rechaza el envío de armas a Ucrania, contra 33 por ciento que lo aprueba, y 63 por ciento se opone a un aumento en el presupuesto militar, posición contraria a la de su gobernante, Mario Draghi. Los italianos se manifiestan por conservar los vínculos culturales con Moscú y son los más numerosos en opinar que EE. UU. es el principal responsable de la guerra y, junto con Ucrania, el principal obstáculo para la paz (35 por ciento) y no Rusia. Igual opinan 23 por ciento de los franceses.
De la misma encuesta, Radio Continental, Argentina, 15 de junio, destacó: “… los encuestados están a favor de poner fin al conflicto en lugar de responsabilizar a Rusia (…) la atención pública se desplaza cada vez más del campo de batalla a las preocupaciones por el costo de la vida (…) y la brecha se profundiza entre los votantes que quieren un final rápido del conflicto y los que quieren que Rusia sea castigada. La encuesta (…) encontró que el apoyo a Ucrania sigue siendo alto, pero que las preocupaciones se han desplazado hacia los impactos más amplios del conflicto. ‘Los europeos habían sorprendido a Putin, y a ellos mismos, por su unidad hasta ahora, pero las grandes tensiones están llegando ahora’, dijo Mark Leonard, coautor del informe (…) sobre el cambio de actitud hacia Rusia (…) muchos votantes en Europa quieren que la guerra termine lo antes posible, incluso si eso significa que Ucrania pierda territorio (…) ‘En las primeras etapas de la guerra, los países de Europa central y oriental se sintieron reivindicados en su actitud agresiva hacia Rusia’, escriben Leonard y su coautor Ivan Krastev. Pero en la siguiente fase, países como Polonia podrían verse marginados si el campo de la ‘paz’ amplía su atractivo entre los demás estados miembros”.
El presidente francés, Emmanuel Macron, registra estas tendencias, y matiza su discurso (es que hay elecciones al congreso francés y puede perder la mayoría). Su reciente visita a Kiev fue objeto de una dura campaña en medios ucranianos, que lo acusan de partidario de Rusia y aliado hipócrita de Ucrania, ello a raíz de sus declaraciones de que no se debe caer en la tentación de “humillar a Putin” y que es necesario dialogar con él. Los nazis ucranianos califican su posición como tibia y traidora. Se percibe, pues, algún matiz entre la posición de Francia y la más belicista de EE. UU. En alguna medida también el canciller alemán, Olaf Scholz, viene insistiendo recientemente en que debe haber diálogo con el presidente Vladimir Putin. Relacionado con los cambios que se perciben en el ambiente político europeo, hace algunos días, Le Monde ha reportado un enfriamiento en el entusiasmo de algunos gobiernos por albergar emigrados ucranianos y una tendencia a reducir los apoyos gubernamentales que se les otorgan.
La encuesta revela preocupaciones sociales de fondo. Le Monde, 16 de junio, reporta manifestaciones en Londres contra el alza en el costo de la vida, paros en el metro, una huelga de trabajadores programada para el 21 de junio y una manifestación de sindicatos. Según Frances O’Grady, secretario general del Trade Union Congress, principal confederación sindical inglesa (sigue diciendo Le Monde) el precio de la electricidad y el gas han aumentado 23 veces más rápido que los salarios, la inflación alcanzó nueve por ciento en abril (hoy es la más alta en 40 años). Y según especialistas, para octubre los incrementos acumulados habrán duplicado el precio de los energéticos. En mayo, la inflación en EE. UU. fue de 8.6 por ciento, la mayor en 41 años, con las consiguientes repercusiones políticas: “… la popularidad del presidente Joe Biden está en los mínimos de todo su mandato y también en los de cualquier otro presidente desde que se hacen estos ejercicios (…) Y si hay una recesión en el camino, Biden va derecho al precipicio (Enrique Quintana, El Financiero, 17 de junio).
Los países africanos, desde el inicio, se abstuvieron en la ONU de condenar a Rusia. “De la misma manera que Occidente no quiere romper con Moscú por la cuestión energética, por cómo afectaría esto a sus ciudadanos, los estados de África oriental intentarán protegerse”, explicaba en Al-Jazeera el escritor keniano Patrick Gathara” (El Salto, diario español, 24 de mayo). El problema alimentario se agrava: el mes pasado, 23 países impusieron restricciones a la exportación de alimentos para protegerse (DW, 1º de junio). EE. UU. culpa a Rusia por los aumentos en el precio del trigo, supuestamente por impedir las exportaciones ucranianas, pero el gobierno ruso ha aclarado, con datos duros, que Ucrania tiene un peso menor en el mercado mundial; además, Serguéi Lavrov ha insistido, y el propio presidente Putin, en que Rusia no tiene impedimento para dar salida a las exportaciones ucranianas hacia el mar Negro, por Odesa, puerto que Ucrania tiene minado y rechaza desminarlo. Asimismo, el presidente ruso ha propuesto que se levanten las sanciones a Rusia para que pueda exportar su trigo y así contribuir a resolver el problema mundial, pero EE. UU. y Europa se oponen. La causa del problema, pues, no es Rusia. Además, está sobradamente documentado que la inflación en el mundo data de antes de la guerra y que se complicó con las sanciones a Rusia, a la que se impide exportar gas, petróleo, carbón, trigo y fertilizantes, lo cual causa una drástica caída en la oferta mundial y el aumento en los precios de los energéticos, que poseen un alto potencial inflacionario.
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Escrito por Abel Pérez Zamorano
Doctor en Economía por la London School of Economics. Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Chapingo.