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Reportaje
Guerrero: la peor sequía en 35 años
La sequía que golpea al campo de Guerrero afecta ya a 82 de los 85 municipios integrantes del estado.


La sequía que golpea al campo de Guerrero afecta ya a 82 de los 85 municipios integrantes del estado. Según el último corte del monitor de sequía de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) del 31 de agosto, la sequía expone una crisis agrícola que va más allá del clima; la falta de lluvia durante más de 40 días ocasionó pérdidas irreversibles y parciales de cultivos, principalmente de maíz –que representa alrededor del 90 por ciento de las superficies dañadas, más de 200 mil hectáreas– en las ocho regiones: Montaña, Costa Grande, Costa Chica, Acapulco, Centro, Norte, Tierra Caliente y Sierra.

El campo, principal proveedor de alimentos básicos para la población, hogar, fuente de vida y espacio donde millones de campesinos construyen su identidad en relación directa con la tierra, está en declive debido al cambio climático y a la sequía que afecta al mundo y gran parte de México. Guerrero no ha sido la excepción. Y cuando las plantas necesitaban humedad para crecer, se presentó la llamada sequía intraestival con mayor intensidad y duración de la habitual, por lo que se detuvo el crecimiento de los sembradíos y no lograron desarrollarse.

A través de un dictamen emitido por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) el pasado 28 de agosto, el ciclo agrícola primavera-verano 2026, fue declarado perdido. Ante este problema, organizaciones sociales, entre ellas el Movimiento Antorchista, la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) y otros integrantes del Frente Guerrerense por el Rescate del Campo Mexicano solicitaron que el gobierno estatal reclame a la federación, declarar Zona de Emergencia por la sequía y, de esta manera, se liberen los recursos correspondientes para adquirir maíz, fertilizante y otros insumos para la siembra.

Las cifras oficiales permiten dimensionar el golpe, pero no cuentan toda la historia. Por ejemplo, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) admite daños en sólo 124 mil hectáreas de cultivos, de las cuales 80 mil registran pérdidas totales, más las 50 mil hectáreas que no se sembraron debido a las condiciones de sequía; además, la dependencia descarta el desabasto de maíz.

El delegado de la Sader en Guerrero, Wilfrido Nájera Lomelí, afirmó que, con base en la información disponible, existen condiciones para plantear una declaratoria de emergencia a solicitud del gobierno estatal. Sin embargo, esta declaratoria corresponde a la Coordinación Nacional de Protección Civil, que deberá evaluar la información meteorológica proporcionada por la Conagua y el Servicio Meteorológico Nacional. La determinación dependerá de los criterios y procedimientos establecidos por las autoridades federales para este tipo de emergencias.

Asimismo, advierte en torno al riesgo de escasez alimenticia en 2027, aunque descarta un desabasto de maíz debido a las reservas existentes. El desdén oficial, a dos meses de iniciada la sequía, no se ha hecho esperar, por lo que aumentan la preocupación y la inconformidad entre los campesinos, uno de los sectores sociales más vulnerables del estado. Esta situación en el campo guerrerense podría desencadenar un descontento generalizado.

La peor sequía de los últimos 35 años

Durante un recorrido por municipios del Norte –pertenecientes a la zona productora más afectada, denominada “Los Semilleros de Guerrero”, con las regiones Tierra Caliente y Costa Chica‒, entre ellos Huitzuco de los Figueroa, este medio constató la existencia de grandes sembradíos de maíz, con pérdidas totales en pueblos como Atetetla, donde la mayoría de la población se dedica al campo.

Los campesinos, que en su mayoría siembran para el autoconsumo familiar entre una y seis hectáreas, lamentaron la pérdida de cultivos de maíz, frijol, calabaza y cacahuate; aseguraron que no saben a quién recurrir para subsanar los gastos. Compraron semilla de maíz, fertilizantes, líquidos, trabajaron de sol a sol durante varios días, pagaron peones y la renta de la tierra, aproximadamente tres mil pesos por hectárea. Ahora están sin cosecha y sin dinero para reponer la inversión y volver a sembrar.

El pueblo de Atetetla, que cuenta con aproximadamente mil habitantes, en su mayoría dedicados a la siembra de maíz y cacahuate, tiene calles sin pavimentar y sólo cuenta con preescolar, primaria y telesecundaria. El arroyo y la barranca del pueblo están completamente secos, la presa de Tepecoacuilco está seca también; ante la difícil situación, están analizando si sembrar el próximo año, porque aseguran que es la peor sequía de los últimos 35 años.

Eusebio Montes, Raúl Galindo y Ricardo Galindo, entre otros productores, recorrieron con el equipo de buzos de la noticia varios cultivos dañados, entre ellos tres hectáreas de maíz y calabaza de la señora Eleuteria Díaz, y constataron la existencia de grandes hileras de milpas secas y elotes sin desarrollar, es decir, con granos demasiado pequeños, que servirán únicamente para alimentar al ganado. Los campesinos siembran la tierra, pero no son dueños de ella; por tanto, no tienen acceso a programas federales, lamentaron; es por ello que solicitan la ayuda urgente del Gobierno Federal.

 

 

Marco Antonio Reyes Campos, dirigente de la UNTA, denunció que las organizaciones han sido pacientes, “en su momento hicimos los reportes, tomamos fotografías, hicimos listados y los reportes correspondientes a la Sader y a la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Rural de Guerrero (Sagadegro), ofrecimos opciones de apoyo; pero no ha habido respuesta de los gobiernos Federal y estatal”.

Admitió que no existe una cifra definida de hectáreas dañadas por la sequía, uno plantea 125 mil hectáreas de pérdida total; otro, más de 150 mil hectáreas más otras 50 mil con pérdidas parciales, sobre todo en las zonas de mayor producción del estado y algunas zonas de autoconsumo.

El dirigente campesino reveló que buscaron ayuda desde que el problema afectaba a 53 municipios, hace casi dos meses. Hoy son más de 82 municipios afectados y más del 50 por ciento de la producción en Guerrero, por lo que se prevé un desabasto del grano comercial y de maíz blanco en zonas de autoconsumo en municipios de la Montaña, Costa Chica, Norte y Tierra Caliente.

Asimismo, lamentó que las autoridades pretendan minimizar el problema que afectará el mercado de alimentos, el precio de la tortilla y la carne, porque no hay grano suficiente, “se prevé un alza de los precios y el gobierno tiene dos opciones: establecer un programa integral a corto, mediano y largo plazo que permita garantizar la productividad en Guerrero, el almacenamiento y la soberanía alimentaria de los guerrerenses o importar maíz del extranjero, maíz transgénico, con lo que estaríamos a merced del mercado global”.

El pasado 21 de septiembre efectuaron reuniones regionales simultáneas para definir la ruta de acciones y exponer el problema ante la Presidenta de México, ya que se dará prioridad a los molineros para estabilizar el precio de las tortillas, con lo que se abandona a los campesinos primarios a su suerte, lamentó Reyes Campos.

Luego de señalar que los programas federales no están ayudando a los campesinos de la entidad, planteó las demandas de las organizaciones: declarar a Guerrero zona de desastre y que se destinen recursos extraordinarios para rehacer la producción agropecuaria; que la Conagua realice un plan emergente para rehabilitar presas y canales de riego, así como un programa especial para la captación de agua y construcción de presas; desarrollar proyectos “microrregionales” y garantizar el abasto de maíz y de forraje para que las familias campesinas mantengan su economía. “Son algunos planteamientos que requieren recursos federales y voluntad política; no hay ni una cosa ni otra a dos meses de haber iniciado una lucha pacífica, sin respuesta alguna”.

A pesar de las pérdidas agrícolas, autoridades descartan desabasto de maíz en Guerrero debido a que el estado registró una cosecha récord durante 2025, lo que permitirá tener reservas hasta abril del 2027; mientras el programa de acopio recibió 90 mil toneladas, también una cifra histórica, según la información institucional.

El inicio de la nueva cosecha ‒de riego‒ está prevista para noviembre o diciembre, periodo en el que se podrá conocer con mayor precisión el comportamiento de la producción y las condiciones reales de abasto. Las autoridades agrícolas mantienen el seguimiento de la situación mientras prosiguen las evaluaciones para determinar el impacto de la sequía y las posibles medidas de apoyo a los más de 300 mil productores afectados.

Menosprecio gubernamental 

La omisión y desestimación gubernamental para un sector que paulatinamente desaparece y deja a los campesinos en el desamparo se manifiesta en las contradicciones existentes en las declaraciones de los propios funcionarios federales con los estatales, todos de extracción morenista.

Wilfrido Nájera Lomelí, advirtió que la sequía de 2026 podría convertirse en la más aguda de la última década, y citó para ello al Monitor de Sequía que, al 15 de agosto, 70 de los 85 municipios de Guerrero enfrentaban algún grado de sequía y 20 estaban en grado moderado de este fenómeno climático; el presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) del Congreso Local, el diputado Joaquín Badillo, aseguró que la sequía no está generalizada en la entidad y llamó a “ser muy responsables” con las peticiones de una declaratoria de emergencia estatal.

Sin embargo, si únicamente los datos emitidos por la Oficina de Representación de Agricultura en Guerrero sobre al menos 29 mil 433 hectáreas y 13 mil 138 productores afectados en 24 municipios, concentrados en las regiones Norte, Tierra Caliente, Centro y Acapulco, son reales; las cifras son ya alarmantes. El cultivo más golpeado es el maíz, que representa cerca del 90 por ciento de la superficie dañada; aunque también ha afectado la producción de calabaza, cacahuate y frijol, y ya genera problemas para alimentar al ganado por escasez de forraje y agua.

Ante este difícil panorama y el desprecio gubernamental, las manifestaciones están organizándose. El problema de fondo no sólo es la sequía de este año, sino la desaparición paulatina de la agricultura por el aumento de los costos de producción, degradación del suelo y el impacto del cambio climático.

 

 

Los desafíos del sector agrícola se dividen en cuatro aspectos: 1. Rentabilidad y mercados. 2. Crisis climática y ambiental, donde las sequías recurrentes, la escasez de agua para riego y la degradación de los suelos limitan los rendimientos agrícolas. 3. El alza en insumos y fertilizantes químicos y 4. Factores sociales y laborales, como el envejecimiento de la población rural, el desinterés de los jóvenes en la agricultura, la migración, la fragmentación de la tierra, etcétera.

Se prevé el desabasto de maíz y, por consiguiente, un aumento en el precio de las tortillas, porque los campesinos que siembran para el autoconsumo familiar y los que comercializan el grano no tendrán producción; y este problema repercutirá también en el sector ganadero, porque no habrá pastura; de tal manera que se prevén incrementos al precio de la carne, frijol, calabaza, maíz y otros productos.

El Movimiento Antorchista, preocupado por la tranquilidad nacional e interesado por defender la soberanía, alerta a las autoridades e intenta conducir la lucha por la vía de la civilidad y la tranquilidad social. Y plantea: 1. Declarar a Guerrero como zona de emergencia, porque se prevé una crisis alimentaria. Se trata de un tema de seguridad alimentaria que puede dimensionarse nacionalmente. 2. Realizar una evaluación por región, reuniones que están ya en marcha a partir del 21 de septiembre. 3. Derivado de los análisis, brindar apoyos a los campesinos, como dotación de maíz para el consumo, créditos a la palabra, créditos con tasa baja, entre otros que atenúen las afectaciones por la sequía.

Ante este llamado, diversas organizaciones se han sumado a la urgencia de declarar al campo de Guerrero como zona de emergencia y realizar un plan emergente para apoyar a los productores, cuya mayoría siembra para el autoconsumo familiar; en tanto, los estragos causados por la falta de lluvias evidencian que la sequía y el cambio climático ya están impactando al campo. No es un problema del futuro, es un problema real que debe atenderse con la seriedad y celeridad necesarias, a través de programas y entrega de insumos agrícolas que coadyuven al fortalecimiento del campo guerrerense.

Migración por sequía en la Montaña

El Centro de Derechos Humanos Tlachinollan alerta sobre un nuevo fenómeno denominado migración por sequía, que se está desarrollando principalmente en la zona de la Montaña y podría extenderse a pueblos de la Costa Chica.

La sequía de dos meses generó preocupación para la sobrevivencia de familias indígenas, al grado que, el pasado ocho de septiembre, migraron en tres autobuses 160 jornaleros más, 86 mujeres y 74 hombres a los campos de chile morrón en la empresa Divemex, en Sinaloa. Se fueron 36 niños y 33 niñas de 0 a 17 años. Un ejemplo más de que la niñez de la región está dejando sus sueños y truncando los estudios para buscar la sobrevivencia.

Se trata de pobladores de comunidades abandonadas y con una desigualdad profunda, de municipios como Tlapa, Copanatoyac, Alcozauca de Guerrero, Cochoapa el Grande y Olinalá, entre otros, que tenían todas sus esperanzas en los surcos.

 

 

El agro guerrerense produce entre 1.1 y 1.4 millones de toneladas de maíz al año, lo que ubica a la entidad en el sexto lugar nacional de producción de este grano. El campo mexicano se hunde en Guerrero, donde se siembra para comercializar, pero también para el autoconsumo familiar; sigue en franco declive por falta de lluvias, de crédito y de apoyo gubernamental, porque una sequía no significa únicamente perder una cosecha, también implica reducir la capacidad de las familias para garantizar su propia alimentación.

La sequía de 2026 no sólo deja parcelas dañadas, sino desolación, incertidumbre y expone condiciones reales en las que sobrevive el campo guerrerense, donde los campesinos envejecen y los jóvenes prefieren migrar a sembrar, porque ya no es redituable quedarse a cultivar la tierra; además, existe una infraestructura agrícola deteriorada y una crónica falta de apoyos para quienes realmente trabajan la tierra. Es urgente que las autoridades atiendan realmente el problema del campo, que recibe cada vez menos agua, menos infraestructura y donde hay cada vez menos personas interesadas en sembrar maíz, actividad fundamental para la seguridad alimentaria, la economía agrícola y la preservación de la identidad cultural. 


Escrito por Olivia Ortíz

Reportera


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