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Ciencia
Geología de la abundancia: ¿por qué Venezuela tiene tanto petróleo?
Para albergar las mayores reservas petrolíferas, los venezolanos han tenido que hacer muy poco o nada.


Para albergar las mayores reservas petrolíferas, los venezolanos han tenido que hacer muy poco o nada. Esa “bendición” o esta “maldición” –podría afirmar alguien sobre los recientes acontecimientos geopolíticos– responde a una combinación excepcional de factores biológicos y geológicos que la han convertido en una “máquina natural” de formación y almacenamiento de crudo: una roca madre (materia prima del petróleo) de altísima calidad, la acción de las placas tectónicas y la formación de trampas naturales excepcionales.

Como el resto del mundo, Venezuela no siempre tuvo la geografía que conocemos. Durante el periodo Mesozoico, hace aproximadamente 240-70 millones de años, cuando vivían los dinosaurios, gran parte de lo que hoy es el noroeste de Sudamérica estaba cubierto por el Mar de Tethys, un océano prehistórico. En este mar se acumularon ingentes cantidades de materia orgánica –principalmente plancton y algas– que al morir se depositaron en el fondo marino. Las condiciones del antiguo mar acondicionaron florecimientos masivos de vida microscópica que el poco oxígeno del fondo marino mantuvo en descomposición incompleta. Esta materia orgánica quedó cubierta de sedimentos arrastrados por los movimientos de la corteza terrestre continental que emergía del fondo marino, dando paso al surgimiento del continente sudamericano sobre la superficie terrestre.

El constante movimiento y punto de fricción sobre cuyas placas tectónicas se encuentra Venezuela (las placas de Nazca, el Caribe y la Sudamericana) han contribuido también. Estas placas se han empujado entre sí a lo largo de millones de años. “El borde de la placa sudamericana está siendo tragado bajo la placa del Caribe, como si se tratara de una máquina quitanieves apilando rocas que tienen literalmente kilómetros de grosor”, explica el geólogo Philip Prince. Estos movimientos producen cuencas que se llenan de sedimentos y la materia prima de la que ya hablamos. Así, la roca madre quedó enterrada a grandes profundidades, donde la presión y el calor transformaron esta materia orgánica en petróleo mediante un proceso llamado cocción geológica.

Pero así como el movimiento de las placas tectónicas conlleva al desplazamiento de sedimentos y materia orgánica de arriba hacia abajo, también puede generar movimientos en la dirección contraria. De hecho, una vez formados los hidrocarburos, se trasladan hacia la superficie a través de poros y fracturas en las rocas. Sin embargo, en Venezuela encontraron “trampas” geológicas excepcionales que impidieron su escape: La Cuenca del Orinoco y la Faja Petrolífera del Orinoco.

El relieve venezolano, dividido por la cordillera de los Andes, desempeña una función crucial en la distribución del crudo. La presencia de fallas geológicas y de elevaciones montañosas contribuyen a su retención y desplazamiento.

La Cuenca del Orinoco es una depresión gigantesca sobre la corteza terrestre (con más de 600 mil km²) que se ha llenado de sedimentos (arena, lodo, materia orgánica) durante cientos de millones de años. Por su parte, la Faja Petrolífera del Orinoco está formada por una enorme formación geológica de 55 mil km², donde arenas muy porosas atraparon el petróleo. Estas arenas están cubiertas por capas impermeables de arcilla que actúan como sello. En las cuencas Maracaibo y Barinas-Apure, el plegamiento de las capas geológicas creó estructuras en forma de cúpula que atrapan el petróleo. La existencia de un amplio sistema de fallas geológicas funge como “vía de transporte” del crudo y ha producido “trampas” geológicas o fracturas en la corteza terrestre que, combinadas con estratos impermeables, crean compartimientos-estancos que encapsulan el crudo.

Mas no sólo resulta excepcional la cantidad del petróleo venezolano, también lo es su calidad. En la Faja del Orinoco se trata de crudos extrapesados (8-10° API) y bitúmenes, más densos que el agua. Esto se debe a procesos de biodegradación y lavado por aguas subterráneas que eliminaron los componentes más ligeros durante millones de años. Paradójicamente, esta menor calidad del crudo históricamente representó una protección contra la explotación masiva, hasta que la tecnología del Siglo XX permitió su refinamiento y poder mezclarlo con crudos más ligeros. 


Escrito por Citlali Aguirre Salcedo

Maestra en Ciencias Biológicas por la UNAM. Doctora en Ecología por la Universidad de Umeå, Suecia.


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