Las personas que realizan estas tareas son jóvenes en su mayoría, realizan su actividad en condiciones precarias y de explotación máxima.
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Foto: Pexels
Ante la falta de empleo formal y estable en el país, el 46.3 por ciento de las personas jóvenes emprenden por necesidad económica y no por oportunidad; además, 4 de cada 10 debe combinar sus estudios con trabajo y emprendimiento, reveló el estudio titulado “Trayectorias juveniles en México: oportunidades y barreras en la construcción de la autonomía económica”.
La investigación también identificó que el emprendimiento juvenil se desarrolla principalmente en economías de subsistencia, en contextos de informalidad, precariedad laboral y falta de educación financiera.
El estudio, que forma parte del proyecto Emprende Joven México y fue elaborado por Plan International con financiamiento de Scotiabank, se basó en 54 encuestas y 14 entrevistas a jóvenes, cuyas trayectorias están condicionadas por factores como pobreza, desigualdad, acceso limitado a educación superior y falta de empleo formal.
Entre los testimonios destaca el de Patricia, de 29 años, quien comenzó la comercialización de sus dibujos: “La primera vez que vendí fue en primero de primaria, mi mamá cuenta que me gustaba dibujar cuentitos y los doblaba yo como acordeón y se los vendía yo a los niños y me daban un peso con 50 centavos en ese entonces... Yo vendía con mis amigas, en la secundaria fue cuando más se ocupaba el dinero para materiales”, compartió.
Cabe mencionar que en México viven 30.4 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años, lo cual equivale al 23.3 por ciento de la población nacional; de ellos, 15.5 millones son hombres y 14.9 millones son mujeres, representando el 51 y 49 por ciento respectivamente, cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) 2025 citadas en el informe.
De igual manera, señaló que el 58.8 por ciento de las juventudes ocupadas trabaja en la informalidad y que la tasa de desempleo juvenil alcanza al 4.8 por ciento, casi el doble de la media nacional que es del 2.5 por ciento.
Según el estudio, los jóvenes de entre 15 y 19 años sufren una ruptura en el ámbito educativo y comienzan a laborar, con un emprendimiento clasificado en un nivel bajo; mientras que quienes tienen entre 20 y 24 años presentan una mayor necesidad de trabajar y emprender, además de combinar sus actividades.
Entre los hallazgos, el estudio resaltó que “El emprendimiento juvenil se inserta en economías de subsistencia, más que en dinámicas de crecimiento”, toda vez que, según los testimonios, los proyectos en los que incursionan los jóvenes se enfocan en subsistir “destinando los ingresos en gastos diarios”, lo cual limita su capacidad de ahorro, reinversión y que el negocio se consolide a largo plazo.
“Emprender no parte necesariamente de la identificación de una oportunidad de mercado, sino de la capacidad de responder con los recursos disponibles a necesidades concretas e inmediatas. Con esta lógica, los proyectos suelen estructurarse a corto plazo, con metas enfocadas en generar ingresos inmediatos, como asegurar ventas mínimas o mantener clientes, en lugar de buscar el escalamiento o la consolidación sostenida… De esta manera, el emprendimiento no es una vía directa de crecimiento económico, sino un mecanismo para sostener el día a día…”, se lee en el estudio.
Otro de los resultados refiere que las juventudes emprenden con conocimientos empíricos, sin herramientas suficientes de educación financiera. Las cifras del Inegi revelan que, a pesar de que el 63 por ciento de la población cuenta con una cuenta de ahorro formal, sólo el 23.9 por ciento realiza presupuestos y apenas el 19.5 por ciento utiliza herramientas formales de administración financiera.
En este sentido, Valentina, de 23 años de edad, comentó: “Yo creo que es lo que siempre nos cuesta más trabajo con un emprendimiento, tener tus cuentas claras para no gastarte tu inversión, porque al final si no tienes que volver a poner de tu bolsa y ese no es el chiste”.
La desigualdad de género en las trayectorias juveniles fue otro de los hallazgos, tema en el que se identificó que más del 75 por ciento del trabajo de cuidados en México recae en las mujeres, situación que las obliga a desarrollar proyectos de emprendimiento entre las actividades domésticas y de cuidados para generar ingresos.
“En este contexto, el emprendimiento suele ser una alternativa viable, no siempre por elección, sino por la flexibilidad relativa que ofrece frente a esquemas laborales más rígidos; sin embargo, esta flexibilidad no elimina las restricciones existentes, sino que traslada el trabajo productivo a los márgenes del tiempo disponible”.
Por último, el estudio documentó que el emprendimiento de los jóvenes está marcado por “narrativas de autosuficiencia y éxito individual”; es decir, si alguien se esfuerza puede triunfar, o bien, que el éxito del negocio dependerá sólo de “echarle ganas”; sin embargo, esto resulta aún más complejo, ya que factores como la pobreza, la falta de empleo, las responsabilidades familiares; así como la desigualdad en el acceso de la educación, influyen directamente en el éxito o estancamiento del proyecto económico.
Las personas que realizan estas tareas son jóvenes en su mayoría, realizan su actividad en condiciones precarias y de explotación máxima.
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Escrito por Carolina Ruvalcaba
Periodista con casi 20 años de experiencia en el medio.