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Los fabliaux (“hablillas”) son pícaros cuentos medievales franceses escritos en verso cuyos protagonistas son tipos populares cuyas aventuras se relatan con la intención de despertar la hilaridad. La risa es el resultado de una transgresión; en este caso, la ruptura con las convenciones feudales: las buenas costumbres, la vida piadosa, la elegancia cortesana y el amor idealizado, temas característicos de una literatura aristocrática en decadencia, que ceden el paso a los cuadros en los que se pinta la vida fuera del palacio; en un ambiente nocturno, que favorece los equívocos, mujeres adúlteras y astutas, maridos cornudos, clérigos lujuriosos, lugareños codiciosos, estudiantes borrachos son algunos personajes que desfilan por los relatos de este prolífico género del que se conocen más de 150 narraciones.
El argumento del fabliau de Estormi es el siguiente: tres clérigos han solicitado los favores sexuales de la esposa de un burgués; ésta lo comunica a su marido y juntos urden un plan: ella les solicita el pago de una fuerte suma a cambio de pasar la noche con ellos; los curas acuden a la cita, entregan el oro y uno a uno son asesinados por el marido. Para deshacerse de los cadáveres, le dicen a Estormi, sobrino de la mujer, que se trata de un clérigo que intentó abusar de su tía y le ruegan su ayuda. El joven accede y carga el primer cuerpo, que arroja a una fosa; pero al regresar, sus tíos le dicen que el muerto ha vuelto y le muestran el cadáver del segundo cura, a quien Estormi lleva al mismo sitio donde enterró al primero; vuelve donde sus parientes, que ya lo esperan para señalarle el tercer cuerpo, asegurándole que el agresor ha resucitado para consumar su fechoría; el crédulo joven también lo carga a cuestas y lo lleva a la fosa, donde lo sepulta junto a los otros dos. A punto de amanecer, y mientras se encamina a la casa de sus tíos a notificarles que ha cumplido el encargo, nota que por el camino lo sigue un clérigo que va cantando; convencido de que se trata del mismo cadáver que ha intentado sepultar toda la noche, lo interpela con estas palabras:
Mira nomás, ya se me está escapando el cura. Por el culo de Dios, otra vez se va a regresar. ¿Qué te pasa curita, me quieres cansar? Ya me hiciste desvelarme toda la noche, pero no te va a servir de nada.()
Mientras dice lo anterior le propina tal golpe en la cabeza que los sesos quedan expuestos; entonces echa sobre sus espaldas el cuarto cadáver y lo sepulta junto a los otros. Acto seguido regresa a notificar a sus tíos que la tarea está cumplida y el honor de la dama a salvo; la muerte de un cuarto clérigo –éste, inocente– no recibe mayor importancia en el relato, lo que permite atisbar un cambio en la forma en que se conceptualiza a los hombres de iglesia, que en los fabliaux se describen siempre como lujuriosos, aficionados a la bebida, gordos como cerdos y codiciosos... no ya como espirituales hombres de Dios.
Traducción de Cristina Azuela, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, en Del espanto a la hilaridad en el relato cómico medieval.
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Escrito por Tania Zapata Ortega
Correctora de estilo y editora.