En el capitalismo moderno, la explotación del trabajo no se limita al espacio visible de la producción: se extiende más allá de él.
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Con más de siete décadas como la divisa hegemónica del sistema financiero global, el dólar se había posicionado como la moneda de referencia para el comercio internacional, pero en lo que va del año su desempeño ha mostrado claras señales de debilidad ligadas al panorama geopolítico internacional, decisiones de política monetaria y en mayor medida, a las políticas impulsadas por el presidente estadounidense Donald Trump.
La moneda estadounidense había experimentado un periodo prolongado de fortaleza, con ganancias pronunciadas entre 2020 y 2022, cuando el crecimiento económico estadounidense posterior a la pandemia por COVID-19 y las tasas de interés relativamente altas impulsaron la demanda de la divisa por parte de los inversores.
Fue en 2025 cuando el billete verde comenzó a flaquear. El índice del dólar (DXY), que mide su valor frente a otras seis monedas, cayó casi un 10 por ciento debido a las políticas arancelarias de Donald Trump.
Este mismo índice abrió el 2026 en un nivel de 98.32 puntos, pero a medida que avanzó el mes se debilitó hasta tocar los 96.22 enteros el 27 de enero. Al cierre de la sesión del pasado 6 de febrero se ubicó en los 97.63 puntos, por lo que no logró siquiera llegar al rango del inicio del año.
Si se compara el último dato disponible con los 107.98 puntos reportados el 21 de enero del año pasado, un día después de que Trump regresara a la Casa Blanca, la divisa se ha depreciado en alrededor de 9.6 por ciento.
Con este resultado, el tipo de cambio del billete verde frente al peso mexicano reportó una ganancia de 0.65 por ciento en la sesión del 6 de febrero, para cotizar en 17.2592 unidades.
Un dólar debilitado
Si bien se ha mencionado, principalmente desde el gobierno, que el peso se ha fortalecido frente al dólar, la evolución reciente de la moneda estadounidense se ha debido a factores internos, como cambios en la Reserva Federal (Fed) y altas tasas de interés.
Entrevistada por Buzos, Priscila Robledo, economista en jefe de Fintual, afirmó que “desde principios de 2022 el dólar no estaba tan débil comparado con una canasta de monedas de países desarrollados”, por lo que aseguró que el desempeño de la moneda no está relacionado con México.
“La principal razón del movimiento en el tipo de cambio peso-dólar es lo que está pasando en Estados Unidos, aunque también es cierto que el peso mexicano es una de las monedas que más se ha apreciado en el último año”, enfatizó.
Ante este panorama, Robledo explicó que uno de los principales factores internos que han golpeado al dólar son las presiones hacia la Fed de Estados Unidos, ya que “ancla las expectativas de inflación, permite tomar decisiones técnicas sin calendarios electorales, y actúa como prestamista de última instancia en una crisis. Cuando esa independencia se debilita, también se debilita la confianza en la moneda”.
Actualmente, la Fed atraviesa un periodo de transición debido a la próxima salida de Jerome Powell como presidente del organismo. El 30 de enero de 2026, el presidente de Estados Unidos anunció al exgobernador de la Reserva Federal Kevin Warsh como su candidato para suceder a Powell al frente del banco central, aunque su nombramiento aún requiere la confirmación del Senado.
Este proceso ha añadido un nivel adicional de cautela entre los inversores, pues diversos analistas han señalado que existe el riesgo de que la nueva presidencia de la Fed esté alineada con los objetivos de la administración de Donald Trump, lo que podría interpretarse como una disminución en la independencia del banco central y un sesgo diferente en la conducción de la política monetaria.
Adicionalmente, analistas de Fintual mencionaron en un reporte que el desorden fiscal en Estados Unidos también ha comenzado a influir en el desempeño del dólar, pues la deuda del país ya rebasa el 100 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y el costo de los intereses supera el 5 por ciento de total, “lo que podría obligar a los mercados a exigir tasas aún más altas para seguir financiando al gobierno”.
Para Gabriela Siller Pagaza, directora de análisis económico de Banco Base, los problemas de la moneda estadounidense giran en torno a Trump: “A mí me da la impresión que Trump quiere un dólar barato para varias cosas; por una parte, mejorar la balanza comercial, porque tener un dólar débil hace que las exportaciones crezcan mientras que las importaciones bajan, y entonces tendrían un menor déficit que impulsaría el crecimiento económico, y por otro lado también incentiva los recortes en la tasa de interés”, explicó a esta casa editorial.
Además, atribuyó la debilidad de la divisa a operaciones de carry trade, donde, según explicó, “los inversionistas piden prestado en una parte del mundo con una tasa de interés baja como en Estados Unidos, Japón o la Unión Europea, y lo llevan a otra parte del mundo con una tasa de interés más alta”.
Cuando el dólar baja, México también pierde
La debilidad e inestabilidad de Estados Unidos y su moneda no se quedan dentro de la Unión Americana, sino que permean aspectos comerciales y económicos de México, principal socio comercial de dicha nación.
De acuerdo con datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos (US Census Bureau, por su nombre en inglés), al menos hasta noviembre de 2025 ambos países registraron un intercambio comercial por 71 mil 132.2 millones de dólares (mdd), superando a Canadá, que sumó 53 mil 700.1 mdd y a China con 27 mil 959.1 mdd.
Además, México recibió en total 61 mil 791 mdd en remesas durante 2025, que representaron 3.40 por ciento del Producto Interno Bruto del país, a pesar de las medidas de vigilancia, redadas y operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos.
En este sentido, Siller Pagaza señaló que, debido a que las operaciones de carry trade tienen un carácter principalmente especulativo y a que se aproxima la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), es probable que hacia la mitad del año se observe un rebote en el tipo de cambio.
Indicó que, contrario a la retórica política, la apreciación de la moneda mexicana frente al billete verde resulta desfavorable, ya que encarece las exportaciones, presiona las finanzas públicas y provoca que las familias que dependen de las remesas pierdan poder adquisitivo.
“México sale perdiendo con la apreciación del peso porque los receptores de remesas pierden poder adquisitivo, las exportaciones pierden competitividad y las finanzas públicas se ven más estresadas”, afirmó.
A esto se suma el efecto fiscal. La Secretaría de Hacienda diseñó el presupuesto para 2026 suponiendo un tipo de cambio de 19.30 pesos por dólar, pero si la cotización se mantiene cerca de 17.25, los ingresos denominados en dólares serían menores a lo proyectado.
De acuerdo con Siller, esta diferencia podría representar un faltante equivalente a cerca de 5 por ciento del gasto programado para infraestructura, lo que obligaría al Gobierno Federal a aplicar recortes en ese rubro o asumir un mayor déficit fiscal.
Coincidió Robledo al señalar que un peso más fuerte frente al dólar beneficia a importadores y abarata la deuda en moneda extranjera, pero también afecta a quienes reciben dólares, al mismo tiempo que resta competitividad al sector exportador.
“Las razones globales detrás de la apreciación del peso son algo que no esperamos se disipe pronto. Nosotros estimamos que el peso mexicano ya no tiene mucho más espacio para seguirse apreciando versus el dólar”, añadió.
Incertidumbre en aumento
Para lo que resta del año el panorama para el dólar no mejorará. Distintas instituciones de banca esperan que la moneda experimente caídas que van desde el 3 hasta el 10 por ciento frente a otras divisas, especialmente en comparación con el yen, el euro y la libra esterlina.
Para algunos analistas, el deterioro del dólar podría ser aún más profundo. Peter Schiff, economista conocido por anticipar la crisis financiera de 2008, advirtió recientemente que la moneda estadounidense enfrenta un ciclo bajista por lo que los inversionistas tenderán a refugiarse de manera más agresiva en activos como el oro, cuya demanda podría intensificarse en los próximos meses.
Según Schiff, los recientes aumentos en el precio de los metales preciosos anticipan una posible crisis del dólar, ya que los bancos centrales de todo el mundo están reduciendo sus activos dolarizados y recurriendo al oro como respaldo de sus monedas.
Al respecto, Fintual aclaró que el dólar puede debilitarse y perder terreno, “pero no va a colapsar de un día para otro”, sino que “dependerá de si Estados Unidos logra ordenar sus cuentas fiscales, preservar sus instituciones y la independencia de su banco central”.
Así, tras décadas de hegemonía, el dólar enfrenta problemas internos que debilitan su fortaleza, al mismo tiempo que repercute en naciones que dependen de él para comercio, reservas y financiamiento, dejando un panorama incierto en los mercados globales y obligando a inversionistas y gobiernos a replantear estrategias ante la posibilidad de que su rol como divisa de referencia se vea cada vez más deteriorado.
En el capitalismo moderno, la explotación del trabajo no se limita al espacio visible de la producción: se extiende más allá de él.
La centralización del capital en otras ciudades deja sin oportunidades a emprendimientos en etapas tempranas.
El país enfrenta restricciones presupuestarias, débil gobernanza y presiones de Pemex.
El plan del Gobierno Federal requeriría inversiones millonarias y mayor capacidad operativa.
La inflación anual en México se ubicó en 4.59 por ciento durante marzo de 2026.
El sector de servicios supera el 50% del PIB.
Compañías como Exxon, Chevron, Occidental Petroleum y Continental Resources han incrementado sus ganancias gracias a las políticas del presidente estadounidense.
En México, el tomate verde pasó de 28 a 60 pesos por kilogramo.
Las naciones en desarrollo enfrentarán mayores presiones derivadas del encarecimiento de hidrocarburos y alimentos.
Algunas estaciones de servicio siguen elevando los precios, aún con el estímulo de hasta el 81 por ciento en el diésel y 31 por ciento en la gasolina.
Los tres organismos formaron un grupo de coordinación para maximizar el apoyo a los países afectados por el bloqueo en el suministro energético.
El poder adquisitivo de las remesas presentó una disminución de 16.1% anual.
La inversión en maquinaria y equipo cayó 8% anual, mientras que la inversión privada se redujo 4.5%.
Sin energía no se mueven mercancías, máquinas ni personas; tampoco se iluminan, calientan o enfrían los espacios.
La Casa Blanca plantea un recorte del 10 por ciento a programas sociales, agencias científicas y sector educativo.
Escrito por Sebastián Campos Rivera
Periodista de finanzas, economía, negocios, mercados, divisas, indicadores y el sector energético. | X: @srivera1410