Gobierno estadounidense combina el bloqueo económico con restricciones que afectan el suministro de recursos y combustibles.
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Cuando el piloto estadounidense Aaron Bushnell se inmolaba en protesta por haber sido parte de las masacres en Gaza, y el presidente francés amagaba con enviar tropas a Ucrania, se reunían en Rusia analistas de todo el mundo para alentar el nuevo orden multipolar. Todos coincidían en que ese proceso, impulsado desde el sur global y Eurasia, pondrá fin al neocolonialismo y voracidad de Occidente sobre la civilización.
La emergencia multipolar en el actual sistema internacional ya reúne a gran diversidad de actores, estatales y no estatales, cuya relación se apuntala en tres ejes: cooperación, respeto y confianza. Ese proceso, inédito en la historia, ya es irreversible, constataba el Foro de Multipolaridad celebrado en Rusia del 26 al 27 de febrero, auspiciado por el Movimiento Internacional Rusófilo (MIR).
Perder el control total sobre la geografía planetaria, así como de sus recursos naturales y humanos, es incompatible en el imaginario hegemónico del Occidente Ampliado –con Estados Unidos (EE. UU.) como su líder político-ideológico, junto con Reino Unido, Canadá, la Unión Europea (UE) y otros aliados–.
Nueva arquitectura global
Aunque México y más de 180 estados miembros de Naciones Unidas ven con entusiasmo esa nueva arquitectura global, Occidente la rechaza y para mantener su poder e influencia global ha convertido a la Federación de Rusia, objetivo de su implacable guerra híbrida para impedir su ascenso en la escena global.
De ahí que, en su mensaje anual ante el Parlamento del 29 de febrero –de 1:55 horas– el presidente ruso Vladimir Putin se posicionara ante las recientes provocaciones de Washington y Bruselas.
El presidente ruso llegaba a esa cita en inmejorables condiciones ante sus conciudadanos, a quienes presentaba buenos resultados de su gestión. De concretarse su triunfo electoral a mediados de marzo, tal escenario positivo delineaba su próximo programa de gobierno hasta 2030.
En principio, sus tropas ya controlan Avdivka y otros espacios estratégicos de Ucrania, humillada por sus aliados, que ya dibujan un espacio post-conflicto con Rusia como vencedora. De ahí la frase de Putin, de que sus soldados en la exrepública “no retrocederán, no fracasarán y no traicionarán”.
A la incendiaria versión occidental del eventual uso de armas nucleares, Putin respondía: “dicen que queremos poner armas nucleares en el espacio; eso es falso y lo hacen para que nos sometamos y negociemos condiciones que sólo interesan a EE. UU., pero bloquean nuestras propuestas de no proliferación de armas en el espacio que presentamos desde 2008”.
Y añadía: “debo dejar claro que tenemos suficiente paciencia, responsabilidad, profesionalidad, confianza en nosotros mismos, seguridad en nuestra causa y sentido común a la hora de tomar una decisión de cualquier tipo. Espero que a nadie se le ocurra cruzar ‘la línea roja’ con respecto a Rusia. Nosotros determinaremos en cada caso dónde se trazará esa línea”.
Todo le salía mal a EE. UU.: para mantener la tensión, activaba a Emmanuel Macron, quien anunciaba que no excluía el envío de tropas a Ucrania, lo que desató una polémica intra-europea, pues ya ningún Estado apuesta a esa aventura.
El dos de marzo, EE. UU. retrocedía y aseguraba que no hay señales de que Rusia planee usar armas nucleares, luego de que también fracasaba su ingenua expectativa de que los funerales del activista Alexéi Navalny se convirtieran en protestas contra Moscú.
En ese contexto, el periodista italiano Ángelo Giuliano advertía contra los discursos vacíos de la UE y aconsejaba: “es hora de empezar a escuchar a Putin, ser adultos y admitir la derrota. Olvidan que Putin no es ingenuo, que los objetivos de Rusia nunca han cambiado y nunca cambiarán”.
Occidente, fuente de crisis
Consciente de ese ríspido contexto internacional, y de su exitosa visita a Brasil, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, habló ante invitados de todas las regiones del mundo en el Foro Multipolar.
Sostuvo que Occidente se ha estancado en el callejón sin salida del neocolonialismo y que, quienes lo siguen, están condenados al eterno conflicto. Describió que, desde la Segunda Guerra Mundial, Occidente no ha llevado a sus socios al bienestar, sino a la crisis.
Recordó que, tras la salida de escena de la Unión Soviética, Occidente impuso sus reglas y dominio absoluto en la economía, la política y el comercio, además de que ha perfeccionado agresivas prácticas coloniales y métodos de fuerza ya vistos en Yugoslavia, Irak, Libia, Siria y otros países.
El jefe de la diplomacia rusa describió que, en el ámbito económico, ese Occidente Colectivo utiliza herramientas que acotan las posibilidades de desarrollo independiente (sanciones injustas, acuerdos inequitativos, saqueo de recursos estratégicos por los que paga unas monedas contra países que no se rinden a su voluntad).
Lavrov citó el heroísmo del pueblo de Cuba, el de Venezuela y Nicaragua, así como la República Popular Democrática de Corea. De igual manera evidenció que, al inicio de la pandemia de Covid-19, Occidente acaparó las vacunas y abandonó al resto de países.
También denunció que se ha confirmado que, en Mariúpol, las grandes empresas estadounidenses y europeas han usado a niños en ensayos de laboratorios que favorecen el desarrollo de células cancerígenas. Por ello –describió– hoy Ucrania es un instrumento en manos del ‘Señor de las marionetas’ y ahí se juega el futuro del orden mundial.
“Puede ser un orden democrático y policéntrico que refleje dignamente las particularidades de la diversidad de la civilización; o el modelo unipolar de un grupo de Estados que instigue conflictos armados y prácticas neocoloniales al estilo de la ‘cultura de la cancelación’”.
Así, desde el clúster de Innovación de la Universidad Lomonosov, Lavrov aseguró a los cientos de asistentes que el futuro de un nuevo orden plural y democrático depende de que los Estados avancen hacia un modelo multipolar.
Justo entonces, el G-7 emitía un hostil comunicado con exigencias arbitrarias para Moscú. En reacción, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso recordó que EE. UU. y sus aliados no han explicado a la comunidad el fundamento legal de sus guerras en Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria y Yemen.
Puntualizó que Rusia no violó ninguna norma internacional ni es el agresor en Ucrania y actúa en el marco del derecho a la defensa individual y colectiva conforme a la Carta de la ONU. Toda su acción responde a la agresión geopolítica, de muchos años, contra sus intereses vitales de seguridad, puntualizaba el Kremlin.
Simultáneamente, en el Foro de Multipolaridad se denunciaron los crímenes contra el Derecho y la Comunidad Internacional cometidos por el Occidente ampliado –entendido como EE. UU., la UE, Canadá, Reino Unido y otros aliados–
DESDE LA CALLE
Un amplio sector de asistentes al Foro Multipolar conoció Rusia, estudió y trabajó ahí en la era soviética; otra es la nueva generación que llega a un país que, en medio de la ofensiva declarada de Occidente, teje una efectiva red multipolar para cerrar el paso a la guerra híbrida occidental, donde la desinformación es una constante.
De ello da un ejemplo la vocera del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso María Zajárova, cuando revela que un gran medio estadounidense entrevistaba al ministro Lavrov y, abusivamente, editaba su intervención, difundía sólo lo que convenía a sus intereses y eliminaba la visión rusa sobre Ucrania y otros asuntos internacionales. Esa manipulación muestra a Rusia como agresora, salvaje e impide el paso a la realidad de Rusia y el mundo; es una estrategia deliberada en la que la mentira es un arma política, denunció Zajárova en el Foro.
Ésa es la Guerra de Quinta Generación para impactar emocionalmente en las audiencias y crearles falsas percepciones. Así sucede con la engañosa información que se propaga en EE. UU. sobre México y sus ciudadanos, “por lo que entendemos bien el impacto de la mentira como arma política y de ahí la urgencia de contraatacar desde medios comprometidos con la verdad para construir así el nuevo orden multipolar”, expresó la representante mexicana.
En su recuento de daños causados por el imperialismo en África, el líder panafricanista Kemi Seba (célebre por su propuesta de eliminar el franco francés), llamó a los actores emergentes para colaborar en favor de la descolonización y el desarrollo.
Orgulloso, el experto de India explicó que la suya fue la primera Unión Multipolar (entre Afganistán y Birmania), “donde se vivía entre potencias, no conquistábamos y no robábamos”. Hoy, India es un gran poder que retorna a la geopolítica basada en la multipolaridad, tiene mucho que ofrecer contra el sufrimiento y coopera con Rusia para enriquecer las arcas del conocimiento.
Yakei Kimura, el activista japonés, expresó su apoyo a la reunificación de Crimea con Rusia y exigió la salida de las bases estadounidenses de su país para restablecer la soberanía japonesa, pues denunció la gran dependencia del exterior de su país, sobre el cual el Congreso de EE. UU., ha impuesto su proyecto político-social.
Desde Kenia, Peter Oluete denunció que hay un mundo de granjeros sin semillas, pues Occidente los obliga a importarlas y cuando sus paisanos se negaron a hacerlo y quisieron traerlas de Rusia, EE. UU. lo impidió. El activista aseguró que gracias a esa oposición en Kenia ha nacido una organización que importa semillas sin injerencia occidental.
La resistencia antihegemónica de Irán es una vertiente de la naciente multipolaridad. Sayed Mohammed explicó que la Revolución expandió la cultura y la economía antihegemónica, antiimperialista, con un modelo que sostiene a su nación. “Necesitamos atacar al centro imperialista, no sólo el aspecto militar, lo cultural es básico para la resistencia”, sentenció.
A esas expresiones de dinamismo multinacional se sumaron los intercambios entre la experta en informática de Nepal, quien fortaleció vínculos con sus colegas rusos y de las exrepúblicas soviéticas. Con ellos dialogaron el delegado de Bahréin y el empresario de Congo, quien promueve intercambios más equitativos entre socios del sur.
La representante de la Palestina ocupada recibió emotivos gestos solidarios de todos los asistentes, mientras el representante de las islas Comores no cesaba de describir la belleza y dinamismo de esa nación de África Oriental, mientras otros escuchaban las experiencias del corresponsal iraní que por 28 años ha cubierto firmas de acuerdos estratégicos y el surgimiento de conflictos sociales y armados en todo el planeta. Ésas fueron las expresiones de los asistentes a un encuentro donde, además de denunciar los males del capitalismo corporativo occidental, manifestaron su voluntad de construir la multipolaridad desde abajo, a pie de calle.
Esa nociva acción del imperialismo occidental se ha recopilado en Libros Blancos con títulos elocuentes: Consecuencias materiales de las intervenciones militares de EE. UU. y sus aliados europeos, esas aventuras bélicas que aún causan daños irreparables y elevan el nivel de tensión para obtener dividendos geoestratégicos.
Otros Libros Blancos son: Sobre la responsabilidad histórica y jurídica internacional de Gran Bretaña por los crímenes del periodo colonial y poscolonial, Libro Blanco Sobre las muertes de civiles en Afganistán como resultado de acciones arbitrarias de EE. UU. y sus aliados, así como Pérdidas del patrimonio cultural e histórico de Irak a raíz de la invasión liderada por EE. UU. en 2003 o Implicación de EE. UU. en el conflicto ucraniano.
Al participar en el análisis de la guerra híbrida contra Rusia y sus efectos mediáticos, la vocera del Ministerio de Asuntos Exteriores, María Zajárova, invitó a los asistentes a desmontar los relatos de Occidente, que evitan abordar los asuntos más urgentes del mundo actual.
Sostuvo que el Foro Económico de Davos no es la esperanza de la Humanidad, sino de los eternos ganadores de la economía capitalista mundial. Y consideraba que, de las 130 naciones presentes en ese Foro “sí tenemos la posibilidad de construir un mundo basado en la solidaridad y la buena fe y confío en que se construirá”.
Voz esperada era la del filósofo Alexander Dugin, quien sostuvo que la Unión Imperial (Occidente) impone su visión de género, de desarrollo y sustituye a la Humanidad por la Inteligencia Artificial. Se pronunció contra los valores falsos que proyecta el liberalismo occidental.
Describió que el imperialismo inició con la multiplicación de conflictos y la llamada Civilización de la Ilustración de Occidente, no entiende que sólo es una región entre siete civilizaciones que han fundado Estados y proyectado su identidad (africana, china, india, el Islam, latinoamericana, asiática y rusa).
Dugin, creador de la teoría geopolítica del eurasianismo, considera vitales esas civilizaciones, pero Occidente insiste en privilegiar su propia ideología. “Por eso pelean contra nosotros, por su visión unipolar; por eso China es un reto para Occidente, y el mundo islámico es incompatible con su visión, como el movimiento africanista que se libera del colonialismo y se proyecta en los BRICS”.
Occidente rechaza el proyecto multipolar porque teme los focos de independencia y si no son gobiernos a su favor, desata conflictos como en Ucrania, estima el analista, quien califica la entrevista Putin-Carlson como el “acontecimiento político-mediático más importante del siglo”. Para él, Carlson es un paleo-conservador y parte de un elaborado programa ideológico, útil para que el ala conservadora estadounidense determine su actitud hacia Rusia y Putin.
En su turno, el representante de China definió la unipolaridad como deshonesta. Desde su mirada, Occidente maniobra desde los dólares hasta la comercialización de la tecnología que produce misiles, revoluciones de colores y armas que causan sufrimiento para miles de personas.
Y subrayó los éxitos del coloso asiático en las últimas siete décadas: impulsó a su sociedad y desde el año 2000 ha dado un giro hacia el desarrollo con la Cuarta Revolución Industrial. Y afirmó contundente: “China es el único Estado con poder para producir bienes y ofrecer servicios para todo el mundo. Por ello, hay que cambiar el actual orden y sólo se logrará con ayuda de Rusia, China, el Oriente global y los BRICS”.
La visión de América Latina llegó al Foro con el politólogo argentino Atilio Boron, quien sostuvo que el futuro multipolar es una realidad, que EE. UU. ya es un país declinante en la escena internacional luego de que por más de 50 años Occidente se benefició del sistema unipolar que daba por muerta a Rusia.
Hoy el mundo reconoce que no es posible una historia sin ese actor, que ha sido amigo del sistema mundial y resurgió con fuerza pese a las sanciones en un efecto paradojal que ha sorprendido a los analistas. Hace tiempo, la idea de EE. UU. ha sido borrar el poderío político y económico que significa Rusia, su intención es acabar con Rusia, le tienen mucho miedo a su inmenso territorio, enormes riquezas naturales (energía, agua) tecnología de punta y poderosa fuerza militar. Por eso la quiere erosionar y causarle una hemorragia económica. En esa lógica, sentenció el analista, el Fondo Monetario Internacional completa su trabajo con las Revoluciones de Colores y su ingeniería político-social, que determina qué vacunas nos aplicamos.
El sistema de la ONU no refleja la realidad actual y de ahí su incapacidad para detener el genocidio en Gaza, pese a la indignación popular. “Necesitamos un nuevo orden internacional y una nueva ONU para detener lo que Paul Wolfowitz y la Rand Corporation diseñaron como su gran objetivo en 1990: terminar con Rusia, apuntó Boron.
Gobierno estadounidense combina el bloqueo económico con restricciones que afectan el suministro de recursos y combustibles.
Los periodos de Mao Zedong, Deng Xiaoping y Xi Jinping están caracterizados por una ideología socialista que, en los tres casos, convive con un pragmatismo.
La guerra se ha convertido para la Casa Blanca en el método con el que los estadounidenses estudian geografía, y la fuerza militar, en el idioma para exportar la democracia estadounidense.
Los productos de la empresa estadounidense se encuentran bajo revisión ante posibles riesgos para infraestructura y seguridad nacional.
El marxismo del Partido Comunista de China funciona hoy como teoría de gobernanza, estabilidad y desarrollo, donde la lucha de clases queda subsumida como contradicción secundaria.
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Un estudio realizado en 36 países muestra que China ya tiene una mejor imagen internacional que Estados Unidos y que más personas confían en Xi Jinping que en Donald Trump.
La aplicación de mensajería instantánea presuntamente facilita actividades terroristas, sabotajes, fraudes y otros delitos.
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Escrito por Nydia Egremy
Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.