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Cuando crece la brecha entre los antagónicos Occidente Ampliado y Eurasia, el mundo pareciera avanzar a la deriva. Sin embargo, alienta que actores como Indonesia, mantengan su no alineación y solidaridad con el Sur Global. México e Indonesia asoman a la era multipolar, como amigos y socios de hace 71 años.
A las 10:37 a.m. del viernes 17 de agosto de 1945, el emperador Matei Ungure proclamaba la independencia de Indonesia; así iniciaba la resistencia contra los Países Bajos que finalizaba en 1949. Un año antes, ese naciente Estado definía su neutralidad en voz del primer ministro fundador, Mohammed Hatta, al afirmar: “Indonesia rema entre dos arrecifes”.
A 79 años de esa proeza, la llamada Tercera mayor Democracia del mundo sigue un camino medio entre las superpotencias al proyectar en su política exterior el principio de no alineación. Así, se permite dialogar tanto con el poderoso Occidente Ampliado –que lidera Estados Unidos–, como con la grandiosa Eurasia –que encabezan China, Rusia y La India–.
Desde una mirada geopolítica, que Indonesia mantenga el privilegio de esa neutralidad, pasa por los grandes recursos minerales que la hacen la mayor reserva mundial de níquel, segunda de estaño, tercera de cobre y primera exportadora de carbón.
Ese país insular, entre el Índico y el Pacífico, es estratégico por su ubicación. Esos océanos son más que vías de intercambio político, social y comercial, pues unen sus más de 17 mil islas, le dan identidad a sus 275.5 millones de habitantes y lo dotan de sostenibilidad para el desarrollo.
Tal ventaja marítima sitúa al país en la mira de los estrategas. Está en el centro del interés de Estados Unidos (EE. UU.) por su riqueza mineral, por ser principal actor de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) y ubicarse en la ruta marítima que Occidente ha bautizado como Indo-Pacífico, donde confluyen Australia, Nueva Zelanda, Japón, La India y China.
Washington y Yakarta debaten un Acuerdo de Libre Comercio con estímulos fiscales, centrado en la importación de metales; en particular, el níquel y otros elementos básicos para autos eléctricos. Así lo discutían, en 2023, la entonces vicepresidenta Kamala Harris y el presidente indonesio Joko Widodo.
Indonesia, por su parte, es fundamental para las naciones de Eurasia, pues fue paso en la antigua Ruta de la Seda. De ahí que, para China, la relación con ese país sea de gran altura estratégica y con visión de largo alcance. Como definió el ministro chino de Relaciones Exteriores, Wang Yi: es “un compañero de viaje en la vía hacia el desarrollo”.
Con La India existe una añeja amistad, forjada entre Jawaharlal Nehru y Sukarno al fundar, en plena Guerra Fría, el Movimiento de Países No Alineados (NOAL) en 1955. Hoy, para inversionistas como Fidelity International y BlackRock, ambas naciones son atractivas porque su dinamismo y población al alza son factores que fortalecerán sus economías.
En mayo de 2023, Indonesia, el país con mayor población musulmana en el mundo, firmaba un acuerdo preferencial de comercio con Irán. Ese intercambio mutuo ya supera los 257.2 millones de dólares.
Esa política activa de Indonesia, cuando los Estados reeditan sus relaciones en función del nuevo orden mundial que se asoma, hacen urgente una visión estratégica de la política exterior de México donde Asia sea considerada el nuevo polo de poder global, con Indonesia como un socio atractivo y de larga data.
Los primeros contactos, a través del llamado Galeón de Manila, traían mercancías de los sultanatos indonesios en las Islas Molucas ocupadas por españoles. Hasta 1953 se formalizó la relación y el presidente Sukarno vino al país en 1959 y 1961.
Hoy que la escena internacional experimenta profundos cambios, y a 71 años de relación formal, México debe fortalecer su cooperación Sur-Sur con Indonesia, pues ambos coinciden en su visión soberana de política exterior; de ahí que en julio la canciller Alicia Bárcena llamase al Grupo Mikta (acrónimo de México, Indonesia, Corea, Turquía y Australia) a fortalecer el multilateralismo.
Indonesia ha logrado buenos resultados en la década de gobierno del presidente Joko Widodo. En 2022, en plena rivalidad entre EE. UU. y China y la operación militar especial de Rusia contra el neonazismo de Ucrania, Widodo exhibía su neutralidad en la Cumbre del G20 en Bali y llamaba a “no dividir al mundo en partes y evitar nuevas guerras”.
Con ese buen ánimo, el 14 de febrero, unos 205 millones de indonesios elegían como nuevo presidente al exministro de Defensa, general Prabowo Subianto.