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Empleo determina hábitos alimentarios, revela Colmex
Horarios, acceso a comida y formas de convivencia son sólo algunos de los factores que influyen en la alimentación.


El tipo de trabajo que desempeñan las personas, los tiempos destinados a comer, el gasto en alimentos y las posibilidades de compartir productos con otros, todo ello influye directamente en sus hábitos alimentarios, concluyó el Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México (Colmex).

De acuerdo con la académica Tiana Bakić Hayden, del Colmex, muchos trabajadores destinan entre 20 y 30 por ciento de sus ingresos diarios a comida fuera del hogar y que la falta de tiempo y de espacios adecuados para alimentarse es una de las principales problemáticas que enfrentan.

Durante la conferencia “Comer trabajando: repensar la alimentación a partir de los mundos laborales”, organizada por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la especialista explicó que el trabajo no sólo representa una fuente de ingresos, sino también un espacio donde se construyen rutinas, relaciones sociales e identidades que influyen en la manera de alimentarse.

Además, destacó que, especialmente en las ciudades, existen grandes diferencias entre ocupaciones que incluso pueden tener ingresos similares; por lo que factores como los horarios, el nivel de autonomía, las condiciones laborales, la convivencia con otras personas o el grado de aislamiento determinan también experiencias alimentarias distintas.

Con base en un estudio cualitativo, que incluyó entrevistas y observación de cinco grupos ocupacionales: trabajadoras del hogar, personal de limpieza y barrido, albañiles y ayudantes de construcción, cargadores y conductores de transporte de pasajeros y carga, Bakić Hayden y su equipo determinaron que, aunque estos sectores comparten condiciones de precariedad e informalidad, desarrollan sus actividades en contextos muy diferentes.

Como parte de los hallazgos, identificaron que los albañiles suelen contar con horarios definidos para descansar y comer. Además, acostumbran compartir alimentos durante la jornada laboral, convirtiendo la comida en un espacio de convivencia colectiva; asimismo, organizan compras conjuntas de productos como tortillas y bebidas para acompañar sus alimentos.

La situación es distinta para las trabajadoras del hogar. Según la investigación, algunas de ellas desayunan o comen en las viviendas donde laboran, pero otras enfrentan restricciones para acceder a los alimentos disponibles. En ciertos casos, solo pueden consumir lo que queda después de que la familia ha terminado de comer, una situación que, de acuerdo con la especialista, refleja relaciones de poder y desigualdad dentro del entorno laboral.

El estudio también documentó que numerosas personas trabajadoras gastan diariamente entre 150 y 200 pesos en alimentos adquiridos fuera de casa, principalmente café, tortas, tacos, pan, refrescos o comida corrida.

Otro problema recurrente identificado por los investigadores es la falta de tiempo para comer y la ausencia de espacios adecuados para hacerlo. Muchos trabajadores consumen alimentos de manera apresurada o en solitario, particularmente quienes se desempeñan en el transporte, una situación que genera insatisfacción y limita la dimensión social que suele acompañar a la alimentación.

Por último, la académica recordó que México registra algunas de las jornadas laborales más extensas del mundo. A ello se suman largos tiempos de traslado, ya que más de la mitad de los trabajadores tarda entre 31 minutos y dos horas en llegar a su empleo, condiciones que influyen de manera importante en la organización cotidiana de las comidas y en las decisiones alimentarias de millones de personas.


Escrito por Carolina Ruvalcaba

Periodista con casi 20 años de experiencia en el medio.


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