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En Campeche, un plan que fracasó
El 24 de mayo, las 137 escuelas volvieron a ser cerradas y los educandos regresaron a sus clases en línea debido a que se presentó una ligera alza en los contagios de Covid-19 registrados en las dos últimas semanas.
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Después de un año de mantener cerradas las escuelas, Campeche fue el primer estado del país en regresar a clases presenciales con la primera etapa de reactivación escalonada mixta de los servicios educativos, que operó en 137 planteles del 19 de abril al 24 de mayo.

Para tranquilizar a los padres de familia, el gobernador del estado, Carlos Miguel Aysa, explicó: “se ha trabajado un plan de retorno seguro a clases en conjunto con la Secretaría de Educación y la Secretaría de Salud”. Sin embargo, el 24 de mayo, las 137 escuelas volvieron a ser cerradas y los educandos regresaron a sus clases en línea debido a que se presentó una ligera alza en los contagios de Covid-19 registrados en las dos últimas semanas, que asimismo obligaron al retorno de Campeche al semáforo epidemiológico amarillo.

Este suceso generó el alza de numerosas voces que calificaron como apresurada la reapertura de las escuelas y se quejaron de que Campeche haya sido convertido por el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), en el promotor de esta peligrosa iniciativa, como “laboratorio social”, sin prever sus posibles efectos negativos, ya que la pandemia no está controlada.

El señalamiento de AMLO, como principal responsable de esa medida está sustentado en que, desde que nombró como Secretaria de Educación a la profesora Delfina Gómez Álvarez, aseguró que su principal objetivo sería reabrir las escuelas a las clases presenciales; y así lo dispuso en cuanto vio la primera oportunidad para ello.

Con ese fin, Gómez Álvarez vino a Campeche a reunirse con el Secretario de Educación, Ricardo Koh Cambranis y el de Salud, José Luis González Pinzón, aunque no mostró ninguna preocupación por revisar la situación de las escuelas, hacer un diagnóstico adecuado del problema sanitario ni proyectar acciones con base en estos asuntos. Y no lo hizo porque la línea ya estaba trazada desde Palacio Nacional: abrir a como diera lugar las escuelas.

Gómez Álvarez también había anunciado que, a través del programa La Escuela es Nuestra, se destinarían 89 millones de pesos (mdp) para 454 escuelas en Campeche y concretar el proyecto piloto de reapertura de los servicios educativos en las primeras 137 escuelas para reabrir, en mayo, otros 290 centros educativos; aunque la Dirección de Planeación y el Instituto de la Infraestructura Física Educativa del Estado de Campeche informó que, hasta el pasado 20 de abril, se habían rehabilitado las escuelas del estado con un monto de 400 mil pesos, es decir el 0.4 por ciento del monto total prometido.

Las autoridades siempre declararon que los padres de familia tendrían la “última palabra” en torno al regreso a las clases presenciales mediante una encuesta. Ésta se efectuó con una “muestra que se aplicaría a 664 padres y hemos tenido respuesta de más de 62 mil 427 padres, lo que nos permitirá ver con claridad cuál es su punto de vista”, anunció Koh Cambranis.

El resultado de la encuesta fue que, de los más de 62 mil padres de familia consultados, el 71.6 por ciento se pronunciaron en contra de la reapertura, y solo el resto expresó el sí a la misma. Estas cifras contradijeron las estadísticas de opinión que aseguraban que la popularidad de AMLO en el estado estaba entre el 70 y el 74 por ciento, así como la presunción del gobierno estatal en torno a que el regreso a clases presenciales sería apoyado.

Pero la negativa de los campechanos no detuvo al Presidente, quien ha traicionado su palabra, su presunta vocación democrática y su lealtad a la voluntad popular, y siguió con su experimento. Y para disimular el acto arbitrario, echaron por delante otra vez al Secretario de Educación local Koh Cambranis, quien se encargó de justificar el retorno a las aulas con el argumento de que la misma encuesta había revelado que el 67.3 por ciento de los padres de familia advirtió que el aprendizaje a distancia no es tan efectivo como el presencial, sugiriendo con ello que aquéllos estaban aprobando de alguna manera el “aprendizaje presencial”.

Además, tanto Delfina Gómez como el Presidente insistieron en que el regreso a clases presenciales sería “gradual y voluntario”; es decir, que los padres de familia estaban en “libertad de decidir” si llevan o no a sus hijos a las escuelas, con lo que echaban sobre ellos las consecuencias sanitarias y educativas de su decisión.

Es decir, responsabilizaron a los padres de familia por la pérdida del año, si no enviaban a sus hijos a clases presenciales, y de contraer el contagio del Covid-19 en caso de mandarlos de vuelta a las aulas, así como difundirlo entre sus familiares y la comunidad en general.

La inconformidad prevalece y alzan la voz

Pero ésa no fue la única vez que los campechanos se pronunciaron en contra del regreso a clases. Es un secreto a voces que existe una amplia inconformidad con la imposición y un temor aún más amplio a que ésa sea la causa de nuevos contagios. Muchos padres se resignan a que “ya lo decidió el Presidente” y reprimen su inconformidad, pero los hay también que no se resignan y se pronuncian para que se retroceda en la medida.

Es el caso de Nuvia Magdalena Dzul Estrella, de la colonia La Cruz, ubicada en la cabecera municipal de Champotón, quien escribió una misiva dirigida a AMLO en la que le pide que “se implemente la vacunación de los estudiantes, maestros y la población en general antes de regresar a clases presenciales; de no hacerlo, estarán arriesgando a todas las familias mexicanas”.

Así opina también Iris Sarao Morales, madre de familia del municipio de El Carmen, quien admite que las clases en línea no son una opción para quienes no tienen señal o recursos para adquirir el equipo de cómputo o pagar el Internet, que son muchos. “En nuestra colonia ya estamos implementando clases presenciales, pero son poquitos alumnos y hay mucho control e higiene. Eso no se puede controlar en la isla (Ciudad del Carmen), y se haría un contagiadero que nadie podría parar; nuestros esposos trabajan allá y seguramente volverían a ser despedidos sin sueldo o hasta se contagiarían y traerían el bicho a la casa”.

Los pronunciamientos se multiplican y parecen ir en ascenso. Los maestros también han manifestado sus dudas al respecto; pero los que laboran en escuelas públicas se inhiben y evitan pronunciarse. Hay quienes, pidiendo el anonimato para evitar represalias administrativas, han dicho que se les ha instruido para definir los contenidos de sus pronunciamientos públicos o en redes sociales, primero en relación con la misma pandemia de Covid-19 y su evolución, con el proceso de vacunación y con el retorno a clases presenciales.

En Ciudad del Carmen permanece uno de los centros de contagio más severos en el estado debido a su carácter de urbe cosmopolita y a la presencia de la paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex), con sus complejos petrolíferos y personal proveniente de distintos estados de la República, y la reapertura de escuelas significaría poner de cabeza a la isla en lo referente a la movilidad.

 En esta ciudad hay cerca de 61 mil estudiantes inscritos en las diferentes escuelas públicas, y más de tres mil 400 profesores; y a la hora del ingreso y salida de los estudiantes de sus respectivas centros, el tráfico se complica sobre gran parte de las calles aledañas. La movilidad normal o cotidiana sería sin duda motivo de nuevos contagios.

En Champotón, la profesora Arcelia Cahuich Pérez, de nivel básico, se armó de valor y expresó con precisión su desacuerdo con la apertura de las escuelas a clases sin antes haber avanzado en la vacunación y en el acondicionamiento de las instalaciones educativas; pues hay centros escolares que ni aulas tienen, mucho menos instalaciones sanitarias para el cuidado y la higiene de los alumnos, y exigió al Presidente de la República “que sea vacunada toda la comunidad estudiantil ya que, con la reanudación de clases presenciales, nuestros jóvenes están muy expuestos a esta nueva decisión que ha tomado”.

Los estudiantes también se han pronunciado porque, pese a que son los primeros interesados en regresar a las aulas, sufren las carencias sociales y las dificultades del sistema de clases en línea. Sin embargo, especialmente los mayores, están conscientes de que el retorno a las aulas no procede sin antes haber domado la pandemia o alcanzado la inmunidad comunitaria con la vacunación de todos los mexicanos, incluidos los estudiantes.

A ellos no los detienen las amenazas del Gobierno Federal ni los ataques, burlas e insultos de los defensores del Presidente en redes sociales, y exigen con pancartas, pintas, peticiones, pronunciamientos y hasta manifestaciones pacíficas que se detenga esa estrategia hasta que no se haya avanzado en el proceso de vacunación.


Escrito por Javier Martínez

colaborador


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