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El uso sin control del celular inteligente afecta el proceso de aprendizaje de los adolescentes más allá de la distracción en el aula, pues puede interferir con el sueño, fragmentar la atención y favorecer problemas relacionados con la salud mental, señaló el doctor en Educación Iván Muñoz Valle.
En entrevista con buzos, el especialista habló sobre los efectos del uso de smartphones en el aprendizaje escolar de los adolescentes, luego de la propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum para reducir su utilización en las escuelas públicas del país.
De acuerdo con Muñoz Valle, existen 114 sistemas educativos en los que se han establecido restricciones al uso de celulares y, según datos que atribuyó a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), 58 por ciento de los países ya cuenta con medidas para limitar estos dispositivos en las escuelas, debido a que pueden promover actividades ajenas al aprendizaje y afectar el descanso de los estudiantes.
El especialista reconoció que los teléfonos inteligentes pueden facilitar el acceso a información y herramientas educativas, así como apoyar la educación a distancia, pero consideró que su utilización debe ser moderada y acompañada de mecanismos de autorregulación, una capacidad que todavía se encuentra en desarrollo durante la adolescencia.
Muñoz Valle identificó tres principales efectos del uso excesivo del celular en los estudiantes: adicción, distracción y afectaciones a la salud mental.
En el primer caso, explicó que las redes sociales generan estímulos constantes asociados con la recompensa, lo que puede llevar a los adolescentes a revisar de manera repetitiva sus dispositivos y sacrificar horas de sueño.
En el aula, señaló, las llamadas, mensajes y notificaciones interrumpen la atención, afectan el trabajo en equipo y pueden generar una fragmentación del pensamiento que repercute en procesos como la memoria de trabajo.
El especialista también advirtió sobre posibles efectos en la salud mental. El uso continuo de redes sociales puede favorecer ansiedad, depresión y aislamiento, particularmente por la exposición constante a imágenes y estilos de vida idealizados que alimentan lo que denominó “perfeccionismo socialmente prescrito”.
A su juicio, el contenido que consumen los adolescentes también puede influir en la percepción que tienen de sus propias capacidades y en las metas que se plantean. El consumo constante de contenidos relacionados con el espectáculo, el escándalo y la vida de celebridades puede desplazar otros referentes para establecer objetivos personales y académicos.
Muñoz Valle agregó que la exposición permanente a contenidos breves e inmediatos puede generar impaciencia frente a actividades que requieren concentración prolongada. Como ejemplo, señaló que el tiempo promedio de atención frente a una pantalla habría disminuido de 2.5 minutos en 2004 a 45 segundos en 2021.
El problema, sostuvo, también se traslada al estudio en casa. Utilizar el teléfono mientras se realizan tareas escolares favorece la multitarea y dificulta mantener una secuencia de trabajo, lo que puede prolongar el tiempo necesario para recuperar la concentración después de una interrupción.
Otro de los efectos señalados por el especialista es la alteración del sueño. Explicó que los adolescentes requieren alrededor de nueve horas y media de descanso y que la exposición nocturna a las pantallas puede retrasar la producción de melatonina. La falta de sueño, agregó, afecta la consolidación de la memoria y otros procesos relacionados con el aprendizaje.
Ante este escenario, Muñoz Valle consideró que la solución no consiste únicamente en retirar los celulares de las aulas, sino en desarrollar mecanismos de autorregulación y establecer reglas claras tanto en las escuelas como en los hogares.
El estudiante, sostuvo, debe aprender a controlar sus metas, administrar su tiempo y reconocer los distractores que interfieren con sus actividades. Sin embargo, señaló que esta responsabilidad debe acompañarse de límites establecidos por padres y autoridades escolares.
Para el especialista, el celular inteligente no es indispensable durante todo el proceso educativo y, sin reglas claras para su uso, puede convertirse en un factor que afecta desde la motivación y la concentración hasta el desempeño académico.
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Escrito por Abigail Cruz Guzmán
Reportera