No producen mercancías como la industria textil o automotriz y apenas emplean a algunas personas, pero consumen grandes cantidades de agua y electricidad.
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Habitantes de la ribera de Cupía, en el municipio de Chiapa de Corzo, están a la expectativa por la instalación de otra empresa refresquera: ahora de CocaCola, que incrementará la inoculación de los cuerpos de agua. Hace 20 años llegó Pepsi-Cola y trajo contaminación en lugar de desarrollo.
“Me decían que estaba loco, que cómo me iba a manifestar, que la empresa traería desarrollo”, así recuerda Edilberto Mendoza Urbina el día que sacó una cartulina con un mensaje de protesta tras la inauguración de una planta de la empresa refresquera Pepsi-Cola, hace dos décadas, en la zona de la Ribera de Cupía, municipio de Chiapa de Corzo.
Esto ocurrió en el sexenio de Felipe Calderón y del gobernador Juan Sabines, lo que provocó no sólo la molestia de las autoridades, sino de los lugareños que estaban contentos con la instalación de esa compañía porque, según ellos, todos saldrían beneficiados; pero al paso de los años, Edilberto ya no era visto como el “loco que protestó” porque pensaba que Pepsi-Cola sólo causaría un daño ecológico a la zona y, sobre todo, al río Santo Domingo, que cruza por ahí; el tiempo le dio la razón.
Edi, como es conocido en la zona, revela que permanecen en incertidumbre debido a que la empresa Femsa-CocaCola adquirió varias hectáreas de terreno para posicionarse en la ribera El Vergel, lo que sin duda afectará a cientos de personas, incluso al turismo que disfruta bañarse en las aguas del río Santo Domingo.
Advierte también que, inicialmente, esa compañía ya compró la planta de una purificadora de agua que trabaja con normalidad; no obstante, se prevé que expandirá su infraestructura y con ello sus descargas de aguas residuales. Para ello, estima Edi, las familias de El Vergel ya están construyendo pozos profundos.
Destaca que lo más preocupante es que se desconoce si existe un manifiesto de impacto ambiental, pues todo se ha desarrollado con cínica opacidad. En las cuatro riberas ubicadas sobre los ocho kilómetros de esa zona de la carretera Tuxtla Gutiérrez-La Angostura (la de Santo Domingo, Las Flechas, Cupía y El Vergel) hay otras empresas, incluida una grande de pollos; siempre les han mentido cuando se instalan: “nos dicen que sólo utilizarán los espacios como bodegas y luego ya cambian todo, contaminan el río y el aire”.
Con Pepsi-Cola –reitera– sólo hay contaminación de las aguas del río Santo Domingo, pero ningún desarrollo en la zona. Según él y otros pobladores, años después intentaron hacer las paces con la empresa, pero no han obtenido nada.
Dudas y más dudas
Hace menos de un año y tras una denuncia pública de los ribereños, Pepsi-Cola dijo que había resuelto el problema de los residuos constantes al río Santo Domingo y que, a diario, pipas con capacidad de 20 mil litros se encargan de llevársela y tirarla en otro lado; sin embargo, pese a que se proporcionó una solución, ahora dudan a dónde se llevan esa agua residual para tirarla, denunciaron.
Ahora se sabe que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) cobraría a la planta tres millones de pesos (no saben si mensuales o anuales) para encargarse del agua; pero esa información no se difunde. Este semanario intentó corroborar ese dato en el portal de transparencia de la dependencia, pero el sitio está en mantenimiento.
En mayo pasado, esa planta fue suspendida por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) por exceder la descarga de sus aguas residuales al río en los años 2024 y 2025, es decir, la dependencia constató un exceso de 59.94 por ciento más de descarga de agua residual que la autorizada, lo que afectó severamente al Santo Domingo.
En ese estudio, realizado por las instancias competentes, se descubrió que la planta de la Pepsi, bajo la sigla GEPP o nombre de razón social Bebidas Purificadas S. de R.L. de C.V./Pepsi vertía a ese afluente más de 100 mil metros cúbicos de aguas residuales por encima del límite permitido en un año.
Preocupación a flote
Edilberto afirma que las autoridades deben hacer algo para que el río no se contamine más, no se incremente el daño a la salud de los habitantes y visitantes, y se trabaje en el cuidado de la naturaleza.
Relata que cuando intentan dialogar con las empresas para que muestren los manifiestos de impacto ambiental o para saber los protocolos que se siguen para evitar contaminación, nunca son atendidos: “sólo pedimos que muestren los proyectos, como ahora lo hacemos con CocaCola”, demandó.
Uno de los antecedentes del daño a los cuerpos de agua en Chiapas es lo ocurrido en el río Suchiapa, pues en 2020 la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió una recomendación (la 03/2020) para varios entes gubernamentales luego de la contaminación denunciada desde años anteriores: frente al mismo gobierno del estado, en ese entonces encabezado por Rutilio Escandón Cadenas, y ante otras instancias como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la Conagua y administraciones de municipios cercanos como Ocozocoautla, Villaflores, Suchiapa, Chiapa de Corzo y Tuxtla Gutiérrez.
El problema, según ese organismo autónomo, consiste en que se documentaron descargas de aguas residuales municipales no controladas y gestión inadecuada de residuos sólidos, lo que afectaba a otros ríos como el Santo Domingo y, por ende, el río Grijalva y al propio Parque Nacional del Cañon del Sumidero.
Entre otras infracciones, también se detectó que había una inadecuada disposición de residuos sólidos urbanos, aunado a la sobreexplotación de material pétreo en la región, con el consecuente daño al medio ambiente, a la calidad del agua y a la salud de la población.
El panorama es más complejo de lo que parece. Según información oficial y de investigadores, debido a 135 puntos de descarga de aguas residuales; casi 80 por ciento de los ríos y arroyos de la entidad chiapaneca presenta un grado de contaminación.
De hecho, el Santo Domingo aparece en la “lista negra” de los más afectados con otros como El Fogótico y Amarillo, en San Cristóbal de Las Casas; El Sabinal, en Tuxtla Gutiérrez; el Suchiate, en el municipio del mismo nombre y hasta el Coatán, en Tapachula.
Empresas mañosas
En una entrevista, Antonino García García, doctor en Ecología y Desarrollo Sustentable por la Universidad Autónoma Chapingo, aclara que sin duda la Conagua dirá que la mayoría de los ríos en Chiapas están limpios, “pero hay que precisar que la contaminación es puntual, no para todo un río”.
Si se monitorea una descarga hacia el río Santo Domingo, ejemplifica, el agua saldrá muy contaminada, pero si te mueves a la cortina de la presa Chicoasén, los parámetros de seguro cambiarán por el recorrido del líquido vital y lo que se mezcla en ese mismo trayecto.
“Por eso, las cifras generales no nos sirven, lo que nos sirve son las puntuales de lugares donde están las descargas, ya sea de drenaje urbano o de aguas industriales”, sentenció.
Tras destacar que Chiapas es uno de los estados con menos agua suministrada en el país, lamenta que, mientras el Gobierno Federal no construya infraestructura para cumplir con el derecho humano al agua, no puede fomentar el establecimiento de otro tipo de industria, como la refresquera.
En el caso de la posible instalación de “Femsa-CocaCola” en la ribera de Chiapa de Corzo, el investigador prevé que seguramente esta empresa intente maquillar el impacto al medio ambiente con el aprovechamiento de agua mediante pozos profundos, además de construir una planta de tratamiento de aguas residuales.
“Como son procesos muy caros, por eso me parece que la estrategia por ahí no es usar el agua superficial del río, sino sacarle a la Conagua (la concesión) para la perforación de grandes pozos profundos cerca del río, es decir de 100, 300 o hasta 500 metros (de profundidad), y de ahí jalar el agua”.
El problema con el tratamiento de ese tipo de aguas residuales, menciona, es que como no tendrá dónde sacar las mismas, las tirarán de nuevo al río o al drenaje de alguna red cercana, como ocurre con esa misma compañía en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, donde tienen una planta.
“De ahí meten sus aguas residuales al alcantarillado del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado Municipal (SAPAM); y de ahí se revuelve y se contamina de nuevo. Ese proceso, cuando se combina el agua industrial tratada de la planta de la Pepsi-Cola con el drenaje, nadie monitorea ese paso, ni la Conagua ni el municipio; y ahí puede hacer trampa la Coca”, alerta y especifica que toda planta industrial genera daños al medio ambiente porque no sólo se plantean aguas residuales, sino miles de toneladas de plástico que llegan a los ríos.
Autoridades municipales los ignoran
Quien también ve cómo las aguas del río Santo Domingo se han contaminado con los años es Raúl Sánchez, habitante ribereño, quien lamenta que llegue otra refresquera, pues seguramente el daño al ambiente será mayúsculo: “Nos preocupa la llegada de la CocaCola”, asevera, y añade que, pese a que protestan, únicamente son intimidados.
En una ocasión, lamenta, los llamaron para visitar la planta de la Pepsi; pero una vez allí, los amenazaron que, si seguían con sus denuncias o protestas, “nos meterían al bote, porque ya tenían hasta nuestros nombres e hicieron lo que quisieron”.
Al transcurrir los años, narra, esa empresa ha afectado la salud de lugareños y visitantes. Proliferan desde zancudos hasta otras situaciones que les afectan como males del estómago, la piel y otros padecimientos: “No sabemos cómo tiran sus aguas residuales, si harán alguna fosa, no sabemos nada; por eso creemos que será contaminante para el río”, insiste.
Considera también que los habitantes de la Ribera deben unirse para enfrentar a la empresa, pues no generan beneficios, sino daño ecológico.
Don Raúl es uno de los ribereños con negocios orientados al turismo que disfruta bañarse en el río Santo Domingo, cuyas aguas desembocan directamente en el río Grijalva o río Grande, uno de los más importantes en Chiapas: “¡Les vale grillo contaminar aquí!”, advierte, mientras recuerda que sus cultivos de maíz y frijol también resultan afectados, como ya ocurre. Como a él, otros habitantes reportan sentirse decepcionados por unos cuantos pesos o promesas que luego no se cumplen, ya que se atenta contra el medio ambiente.
Julio, agente municipal de la Ribera de Cupía, aclara que ni siquiera el gobierno municipal los ha beneficiado; y tan olvidados los tienen que ni siquiera les han cumplido con otorgarles agua entubada.
Paseantes desconfían, pero algunos se meten al agua
Durante la Semana Santa, los visitantes llegaron y sólo algunos optaron por meterse al agua. Danaé Beltrán, originaria de Puebla, pero cuya familia es oriunda de Chiapa de Corzo, conoce el daño que históricamente se ha ocultado al río Santo Domingo por las descargas de aguas residuales: “Cuando veníamos antes, el agua era cristalina y ahora se ve verdosa, sucia, no es igual”, señala y lamenta que en la actualidad deba pensar si se mete o no a bañar en el río.
Si no se hace algo, pronostica, la afectación será mayor y, de paso, tampoco el turismo llegará, y cuestiona: “¿quién querrá regar sus cultivos con agua contaminada?”
Aunque ya no vive en la ribera de Cupía, Marbey Nanpulá Molina informa que es nativa de ese lugar e indica que el río Santo Domingo está muy dañado por empresas que descargan aguas residuales.
Antes, narró, el río la enorgullecía, pero hoy ya no quiere ni bajar ante la contaminación que se sufre: “ya la gente la va pensando para meterse”.
Si CocaCola instala una planta más grande en la ribera, advierte Edilberto Mendoza, en ese momento ya no podrá guiar a los paseantes en la zona, pues no está dispuesto a que la gente se enferme por nadar en las aguas contaminadas.
Nuevamente, el investigador Antonino García García señala que el panorama para Chiapas resulta más adverso de lo aparente, pues el gobierno podría impedir la autorización de muchas concesiones, tanto para el manejo del agua como en el tema de la minería, pero simplemente ha hecho caso omiso.
“Entonces, lo que hicieron con la Ley de Aguas Nacionales del año pasado fue un batido; pero no quitaron el cáncer, y se vuelve a manifestar el cáncer: una Ley que no quita esos títulos de concesión a las grandes empresas y no detiene la contaminación; está hecha desde 1992 para acaparar el agua para usos industriales y extractivos”.
Lo más grave de todo –explicó– es que el consorcio internacional más poderoso del mundo, BlackRock, dueño de CocaCola, tiene “bandera verde” para aplicar el fracking en México; y, sin problemas, llegará a Chiapa de Corzo para hacer su voluntad con su planta refresquera.
“Por eso puedo decir que Claudia Sheinbaum Pardo es comparable con el expresidente Carlos Salinas de Gortari, sin ningún problema, de ese nivel”.
Ante este panorama, los casi cinco mil habitantes concentrados en las cuatro riberas colindantes con el río Santo Domingo serán los primeros afectados directamente, más los visitantes y pobladores de otros sitios cercanos.
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Escrito por Christian González
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