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Marx y la crisis del capitalismo
La previsión marxista de que “… sin recursos para subsistir; la industria, el comercio están a punto de perecer”, está materializándose ahora en las recientes crisis bancarias estadounidenses.
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En el Manifiesto del Partido Comunista leemos lo siguiente: “… Basta mencionar las crisis comerciales, cuya periódica reiteración supone un peligro cada vez mayor para la existencia de la sociedad burguesa toda. Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes. En esas crisis se desata una epidemia social que a cualquiera de las épocas anteriores hubiera parecido absurda e inconcebible: la epidemia de la superproducción. La sociedad se ve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea; se diría que una plaga de hambre o una gran guerra aniquiladora la han dejado esquilmada, sin recursos para subsistir; la industria, el comercio, están a punto de perecer. ¿Y todo por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burgués de la propiedad; son ya demasiado poderosas para servir a este régimen, que embaraza su desarrollo. Y tan pronto como logran vencer este obstáculo, siembran el desorden en la sociedad burguesa, amenazan dar al traste con el régimen burgués de la propiedad. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada. ¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía? De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos. Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas”. [1]

Esto fue escrito en 1847; y algunos pudieran alegar que por su antigüedad, no es vigente. Sin embargo, cuando un planteamiento tiene sustento científico trasciende épocas y resiste a toda crítica porque está basado en el análisis de la realidad material. Por ejemplo, en el contexto histórico actual, esta reflexión nos permite advertir que la conducta imperialista de Estados Unidos (EE. UU.), cuya oligarquía pretende dominar al mundo con base en una visión unipolar por todas las vías, es la que ha propiciado los problemas de sobreproducción industrial, que ahora afectan a su propio mercado y a los de otros países.

El Manifiesto del Partido Comunista subraya también: “Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes”. Con respecto a este problema, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) afirma que a nivel global “entre un cuarto y un tercio de los alimentos producidos anualmente para consumo humano se pierde o desperdicia”. Esto equivale a cerca de mil 300 millones de toneladas de alimentos, cuyo 30 por ciento corresponde a cereales; entre el 40 y el 50 por ciento raíces, frutas, hortalizas y semillas oleaginosas; el 20 por ciento carnes y productos lácteos y el 35 por ciento pescados. La FAO calcula que estos alimentos serían suficientes para “alimentar a dos mil millones de personas”. [2] Los desperdicios son expresión de la sobreproducción; pero también de las crisis económicas en las que mucha gente no tiene dinero para adquirir lo existente en el mercado; y, como en éste las mercancías solo se obtienen con dinero, que a su vez proviene del salario de los trabajadores, cuando no hay trabajo, no hay dinero y no se pueden comprar las mercancías. Es así como surgen las crisis, y se desperdician los alimentos.

La guerra contra Rusia auspiciada por EE. UU. y los países de Europa, que integran la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y que defienden a Ucrania, cuna de neofascistas, ha retrotraído al estado de barbarie que hoy prevalece en esa región del mundo, y que pretende impedir que la economía del país nativo de Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, crezca y compita comercialmente con la estadounidense en los mercados de Occidente y el resto del mundo. Washington aplica esta misma estrategia contra los chinos, a los que, además, violenta su política de “una sola China” –la cual reivindica la pertenencia de la isla de Taiwán a la República Popular China (RPCh)– porque brinda apoyo militar y político a sus dirigentes espurios. Así opera EE. UU. para mantener su control sobre algunas regiones del mundo y vender armas a muchos gobiernos.

La previsión marxista de que “… sin recursos para subsistir; la industria, el comercio están a punto de perecer”, está materializándose ahora en las recientes crisis bancarias estadounidenses. En marzo pasado quebraron tres: Silvergate Bank, Silicon Valey Bank y Signature Bank.

“¿Cómo la burguesía se sobrepone a las crisis? De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistando nuevos mercados mientras explota profundamente los mercados antiguos”. Así se explica el impulso que Washington da a Ucrania, pues la guerra destruye fuerzas productivas en este país y en Rusia, a la que además impone sanciones comerciales y cuya infraestructura económica sabotea violentamente. “El 26 de septiembre de 2022 se registraron varias explosiones submarinas que dañaron los gasoductos del Nord Stream 1 y 2, cuya función era transportar gas natural desde Rusia a Alemania a través del mar Báltico, provocando hasta cuatro fugas cerca de la isla de danesa Bornholm”. [3]

La estrategia estadounidense destinada a la conquista de nuevos mercados se advierte hoy en la promoción de guerras en otras regiones del mundo; en la suscripción de tratados comerciales; con ataques comerciales contra poderosos competidores, como es el caso de China, a cuyos clientes impone también sanciones estratégicas; y en la implementación de su política nearshoring, que consiste en la inversión de sus grandes empresas especializadas sobre países cercanos a EE. UU. para reducir costos de producción y obtener mayores ganancias. Pero inclusive con estas medidas, el Tío Sam se siente amenazado porque hasta ahora no ha logrado frenar a China y Rusia, ni lo logrará.

Ahora hay dos amenazas de alto riesgo. Una es la recesión en Alemania, cuya economía lleva dos trimestres consecutivos sin crecimiento a pesar de que es la cuarta economía mundial, según el ranking estadounidense. El otro riesgo está generado por el estado financiero de default de nuestro vecino norteamericano que no tiene dinero para pagar sus deudas; y la única manera que tiene para sufragarlas consiste en pedir prestado. Este problema, para cuya solución los republicanos le negaban votos al presidente demócrata Joseph Biden en el Congreso, finalmente produjo el entendimiento de ambos partidos para evitar que aumente la crisis económica en EE. UU.

Sin embargo, el default es un signo adicional de la crisis capitalista y los revolucionarios del mundo deben saber que este tipo de problemas económicos fueron advertidos desde hace mucho tiempo por el gran Carlos Marx, quien también aportó las respuestas necesarias para resolverlos, porque los trabajadores y desprotegidos del mundo resienten el mayor impacto. Por ello, el pueblo debe educarse, organizarse y tomar el poder político para que quienes únicamente ambicionan su satisfacción ya no exploten ni gobiernen a costa del interés colectivo de las masas populares.

 


Escrito por Brasil Acosta Peña

Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en el CIDE.


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