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Reportaje
Quintana Roo: pobreza y falta de oportunidades a unos pasos de las zonas turísticas
Fuera de las zonas hoteleras, la realidad es muy distinta; en las colonias populares y las comunidades humildes, miles de familias enfrentan diariamente la pobreza.


Cada año, Cancún, Playa del Carmen, Tulum, Cozumel y Mahahual, entre otras ciudades, reciben a millones de turistas que dejan una derrama de miles de millones de pesos (mdp); pero basta con alejarse un poco de los emporios urbanizados para descubrir otra realidad; una donde los pobladores viven en pobreza y abandono, incluido el gubernamental.

El estado de Quintana Roo es reconocido internacionalmente por sus riquezas naturales, sobre todo por sus playas, tan importantes para el turismo. La entidad proyecta una imagen de prosperidad, lujo y prometedoras oportunidades económicas.

Sin embargo, fuera de las zonas hoteleras, la realidad es muy distinta; en las colonias populares y las comunidades humildes, miles de familias enfrentan diariamente la pobreza, el empleo precario y la falta de acceso a vivienda digna, servicios básicos como agua potable, energía eléctrica y atención médica.

El informe anual Sobre la Situación de Pobreza y Rezago Social 2025 de la Secretaría del Bienestar de la entidad evidenció que la pobreza aumentó 7.6 por ciento; lo que significa 52 mil 398 nuevos pobres. De enero de 2025 al mismo mes de este año, la cifra pasó de 683 mil 887 a 736 mil 285.

A su vez, la instancia federal destaca que el 38.5 por ciento de los casi 2.1 millones de quintanarroenses presenta algún grado de vulnerabilidad por carencias sociales, sobre todo en el norte y la zona maya del estado.

Aunque el Gobierno de Quintana Roo ha reconocido esta problemática y ha prometido aplicar programas para combatir la pobreza, se ha quedado en promesas.

Recientemente, el secretario de Desarrollo Territorial Urbano Sustentable, José Alberto Alonso Ovando informó que en el estado existen alrededor de 370 asentamientos humanos, la mayoría ubicados al norte de la entidad, especialmente en Cancún; entre ellos se cuentan La Chiapaneca, Valle Verde, El Milagro, Tres Reyes y Avante, entre otros en los que viven más de 240 mil habitantes en condiciones precarias.

Una demanda muy sentida entre las familias más pobres de la entidad es la regularización de sus predios, que les permitiría acceder a alguno de los programas sociales anunciados por el gobierno estatal.

La brecha entre la riqueza y la necesidad

Las hermosas playas del norte de Quintana Roo, su infraestructura hotelera y la industria de servicios lo han convertido en un motor económico fundamental para el país. Cancún y la Riviera Maya reciben millones de turistas nacionales y extranjeros; tan solo en el primer semestre de este año visitaron este punto 4.2 millones, según cifras de Josefina Rodríguez Zamora, Secretaria de Turismo del Gobierno Federal.

Desde la década de 1970, cuando despegó el desarrollo económico de Cancún como un destino turístico planificado, la economía estatal ha dependido en gran medida de los visitantes nacionales e internacionales. Actualmente, la llamada “industria sin chimenea” representa la principal fuente de ingresos y de “empleo” para cientos de miles de personas.

Según datos de la Secretaría de Desarrollo Territorial Urbano Sustentable, en el municipio de Benito Juárez, más de 37.9 por ciento de la población vive en condiciones precarias, especialmente en zonas de asentamientos irregulares que carecen de servicios públicos básicos como agua potable, drenaje y recolección de basura.

Cancún, cabecera municipal, ha sido históricamente un imán de migración interna, lo que ha derivado en un crecimiento desmedido y desordenado. Desde los años 70 del siglo pasado, los asentamientos irregulares proliferaron en la periferia; pero esto generó cinturones de miseria que el gobierno municipal no ha logrado atender. Colonias como Valle Verde, La Chiapaneca, Avante y Tres Reyes son las principales de decenas que hasta la fecha no reciben redes de agua potable, drenaje sanitario ni alumbrado público, pese a haber cumplido una década de existencia.

“Los grandes complejos hoteleros, los restaurantes de lujo, los centros nocturnos reservados, los parques ecoturísticos y los centros comerciales proyectan una imagen de desarrollo económico constante. Sin embargo, en lo que va de este 2026, en Cancún persiste una realidad que contrasta con la imagen de prosperidad difundida por los gobiernos en revistas, periódicos y redes sociales; pero esta prosperidad no se distribuye uniformemente entre la población que más lo necesita”, reveló Juan José González, habitante del municipio, maestro de educación básica de profesión y taxista en sus ratos libres.

En las zonas turísticas es común observar hoteles de cinco estrellas, restaurantes exclusivos y desarrollos inmobiliarios de alto nivel; pero, a pocos kilómetros, existen colonias donde el agua potable llega apenas una vez a la semana, calles sin pavimento y predios irregulares, además de asentamientos en zonas de alto riesgo, donde las familias construyeron pequeñas viviendas con materiales provisionales.

Especialistas en desarrollo regional que conforman el Comité Estatal de Regularización de Asentamientos Humanos coinciden en que el crecimiento económico no siempre garantiza una mejora en la calidad de vida de todos los habitantes. Cuando la riqueza se concentra en unas cuantas manos, en determinados sectores, las diferencias sociales se evidencian más, y la población cae en precariedad y pobreza.

Organizaciones civiles y académicos, entre ellos Christine McCoy, investigadora de la Universidad del Caribe, han propuesto estrategias de regularización progresiva e inversión en infraestructura básica para atender la falta de servicios. Pero, aunque los hoteles de cinco estrellas proyectan una imagen de prosperidad al mundo, a kilómetros de ahí, el gobierno municipal de Cancún no atiende una sola carencia de servicios y obra pública básica en las colonias de la ciudad más poblada del estado.

Las voces de la pobreza 

“Vivir en la pobreza se ha hecho una costumbre para muchas familias humildes que perdieron incluso las esperanzas de que, algún día, su vida cambie”, señala Eduardo Gómez, vecino de la colonia México, en Cancún. “Para mí, no. El gobierno también tiene la responsabilidad de crear condiciones que permitan a las personas vivir dignamente. No basta con ofrecer ayudas económicas si al mismo tiempo existen empleos mal pagados, servicios públicos deficientes y pocas oportunidades para salir de la pobreza de manera permanente”, denunció.

Para Rosalina Gómez, madre soltera de 36 años, quien migró desde Chiapas huyendo de la pobreza y de su padre violento, el principal contacto con el esplendor turístico de Cancún consiste en su trabajo como empleada de limpieza del aeropuerto.

 

 

“Ésta es la suerte que corremos los pobres; debemos abandonar nuestros hogares para buscar mejores oportunidades; no queda de otra que trabajar para sacar unos pesos diarios para la papa. A veces, los turistas dan propinas, regalan ropa, refrescos o agradecen porque está limpio el baño. De algo hay que vivir.

“Mientras el gobierno dice que va a combatir la pobreza, las soluciones no siempre llegan a quienes más las necesitan o no resuelven las causas del problema; muchos, como yo, han migrado de sus lugares de origen no por gusto, sino porque hay que comer; el estómago de mis hijos no espera, no pide permiso. Además, se necesitan empleos dignos, educación de calidad, acceso a servicios de salud y políticas que permitan a las familias humildes, como yo, mejorar sus ingresos”, lamentó.

La pobreza no sólo se limita a la falta de ingresos. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) establece la pobreza en dos elementos principales: el ingreso económico y el acceso a derechos sociales, como educación, salud, alimentación, vivienda, servicios básicos y seguridad social.

Una persona puede tener empleo y, aun así, encontrarse en situación de pobreza si su salario resulta insuficiente para cubrir sus necesidades básicas o si carece de acceso a servicios básicos fundamentales.

“Gran parte de los empleos están relacionados con el turismo y los servicios. Muchos son temporales, dependen de las temporadas vacacionales o presentan salarios relativamente bajos en comparación con el elevado costo de vida en ciudades como Cancún, Playa del Carmen o Tulum; y a los que trabajan en los hoteles a veces se les dificulta y no nos va igual a nosotros, los pequeños comerciantes”, opinaron Andrés Puga, Leticia Uscanga, Ana María Sandoval y Juan Carlos Sulub.

“Lamentablemente, ésa es la vida de los trabajadores en Quintana Roo; sufrimos mucho por el aumento en los precios de la vivienda, el transporte y los alimentos; se ha reducido la capacidad económica de numerosas familias, especialmente aquellas que perciben uno o dos salarios mínimos”, agregó Andrés Puga.

La señora Luisa España Chan, vendedora ambulante y vecina de la colonia Avante ubicada en la periferia de Cancún, destacó también la precariedad en la que vive su familia, un contraste respecto a zonas de mayor plusvalía del municipio.

El crecimiento económico y la desigualdad

En Quintana Roo se vive un fuerte contraste; genera una enorme riqueza gracias al turismo internacional de la Riviera Maya y Cancún, mientras afronta profundas desigualdades. Aunque los informes oficiales del Inegi y la asociación civil México ¿Cómo vamos? señalan una reducción de 17.7 por ciento en la pobreza multidimensional y una baja en la pobreza laboral de 19.4 por ciento, persisten fuertes carencias en salud ‒30.3 por ciento‒, seguridad social ‒47.5 por ciento‒, rezago educativo en varias zonas ‒18.6 por ciento‒, falta de vivienda ‒15.5 por ciento‒.

En municipios como Benito Juárez, Solidaridad, Tulum y Othón P. Blanco existen asentamientos donde todavía persisten problemas relacionados con el abasto de agua, drenaje, transporte público y seguridad, lo que evidencia la desigualdad en la entidad comparada con ciudades turísticas como Cancún y Playa del Carmen.

Estas diferencias también son evidentes entre el norte y el sur del estado. Mientras la Riviera Maya concentra buena parte de la inversión privada, municipios del centro y del sur enfrentan mayores dificultades económicas; las comunidades rurales, muchas de ellas con población maya, dependen principalmente de actividades agrícolas, pequeñas unidades comerciales y apoyos gubernamentales. En ese sentido, la falta de oportunidades laborales obliga a muchos jóvenes a migrar hacia los principales destinos turísticos donde ya se concentran los cinturones de pobreza y pobreza extrema.

Datos del Inegi revelan que la Población Económicamente Activa (PEA) en Cancún oscila las 300 mil personas. Además, el 50 por ciento carece de vivienda propia, y casi una cuarta parte percibe entre uno y dos salarios mínimos, lo que limita su capacidad de desarrollo.

La realidad contrasta fuertemente con su imagen turística: aproximadamente tres de cada 10 habitantes viven en asentamientos irregulares y periferias urbanas que suman más de 200 colonias sin servicios públicos completos, lo que afecta a unas 228 mil personas con carencia alimentaria y rezago social, de acuerdo a cifras de Samuel Mollinedo Portilla, octavo regidor del ayuntamiento de Benito Juárez.

Un estudio sobre el rescate de zonas irregulares presentado por el regidor cancunense, Samuel Mollinedo Portilla, denominado “Programa de Regularización para el Bienestar Patrimonial” evidenció que existen en esta ciudad 213 asentamientos humanos irregulares y revela que tres de cada 10 cancunenses viven en pobreza.

Ésa es la suerte que corren estas decenas de colonias como El Pedregal, situada en la periferia de la ciudad, donde cientos de familias no han recibido desde hace más de 20 años ningún tipo de apoyo por ser colonias “irregulares”; la ley municipal no estipula un presupuesto de ningún tipo para atender cuando menos el servicio público en esas zonas; porque “al hacerlo, la administración municipal incurriría en delitos legales”.

En una pequeña tienda de abarrotes en la colonia Las Pencas, doña María Esther Tuyub acomoda mercancía mientras conversa con sus vecinos; ella explica que, cada semana, los precios cambian y que muchas personas compran solamente lo indispensable.

“Antes alcanzaba para llevar más cosas. Ahora la gente compra por piezas: un huevo, medio kilo de tortillas, una bolsa pequeña de arroz”, explicó a este medio.

A unas calles de distancia vive la familia Hernández Guillén. El padre trabaja como chofer en un hotel y la madre realiza labores domésticas. Entre ambos sostienen a tres hijos que estudian la primaria y la secundaria; y aunque ambos tienen empleo, cuentan que los gastos de transporte, alimentación, útiles escolares y renta consumen prácticamente todo su ingreso mensual.

Para la familia Hernández Guillén, ahorrar resulta imposible. La historia de esta familia es la de miles de familias quintanarroenses cuyas economías dependen directamente del turismo.

 

 

“De igual manera, cuando disminuye la ocupación hotelera, también se reducen las horas de trabajo y, en consecuencia, los ingresos familiares; eso afecta a todos los sectores por igual, de eso no hay duda: nos pega la crisis terriblemente”, agrega Esther Tuyub.

María Hernández Cauich vive con su esposo y sus tres hijos en la colonia Unidad Antorchista, en Cancún. Su esposo trabaja como jardinero en un hotel y ella realiza labores de limpieza por días en casas particulares. Aunque ambos poseen empleo, explica que los ingresos apenas alcanzan para cubrir los gastos básicos.

“Vivimos al día. Mi esposo trabaja de lunes a sábado y yo trato de conseguir trabajo tres o cuatro veces por semana. Entre los dos apenas logramos pagar el servicio de electricidad, el transporte, la educación de mis hijos y la comida. El problema es que casi nunca sobra dinero. Si uno se enferma o se presenta un gasto inesperado, todo el presupuesto se descontrola.

“Al no tener apoyos del gobierno, se vuelve incierto el futuro de mis hijos para que estudien una carrera y no tengan que pasar por las mismas dificultades que enfrentamos por la falta de trabajo y pagos justos. Hacemos todo lo posible para apoyarlos para que salgan adelante; aunque eso implique no comer varias veces a la semana”, acotó.

¿Dónde está el Gobierno de Quintana Roo?

La pregunta central para quienes viven en estas zonas, no solamente es dónde termina el pavimento o cuándo llegará un servicio; también consiste en cuánto tiempo deberán esperar los habitantes de las colonias populares para tener las mismas condiciones urbanas que otras zonas y residencias de la ciudad a escasos metros de la zona turística.

Aunque el gobierno municipal a cargo de Ana Paty Peralta y de la gobernadora Mara Lezama tienen responsabilidades distintas en materia de ordenamiento territorial, regularización, infraestructura y servicios, ambas tienen obligaciones concretas que no han materializado en las zonas de mayor marginación territorial.

En los últimos años se han anunciado programas y acciones de regularización. Desde 2023 a la fecha, por ejemplo, habitantes de cientos de colonias irregulares de Cancún han insistido en la necesidad de acelerar los procedimientos relacionados con la tenencia de la tierra. Aunque hubo algunas reuniones con las autoridades estatales, los afectados insisten en una solución a su situación y la inclusión de servicios básicos.

Las autoridades locales anunciaron programas de regularización, pero esto no significa que la desigualdad vaya a desaparecer de inmediato. La regularización de un terreno puede ser un proceso largo y complejo; mientras tanto, las familias construyen y viven en su patrimonio bajo condiciones distintas a las de otros sectores cercanos.

En este año, la entidad recibió mil 420 mdp del Fondo de Infraestructura Social (Fais). La distribución del presupuesto para la “Infraestructura Social” ha resultado disparejo; en colonias y comunidades, la materialización de obra social ha sido irrisorio, mientras que la gobernadora Mara Lezama ha ejecutado obras de infraestructura sin uso, proyectos inconclusos y modelos de desarrollo ajenos a la realidad.

Esto refleja que Quintana Roo representa una brecha de desigualdad entre las zonas turísticas mexicanas; porque detrás de la riqueza proyectada por el estado, existe una pregunta que permanece abierta entre sus habitantes: ¿quiénes están realmente disfrutando los beneficios del crecimiento y quiénes esperan que les toque una parte de él? 


Escrito por Juan Carlos Pool

colaborador


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