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Poesía
Nicolás Guillén
Su obra constituyó un paradigma de la poesía negra, conjugando los motivos afroantillanos con la actitud combativa.


(Camagüey, Cuba, 1902. La Habana, 1989). Su obra constituyó un paradigma de la poesía negra, conjugando los motivos afroantillanos con la actitud combativa en poemarios como Sóngoro cosongo (1931). El homenaje y la defensa de su raza y la denuncia de su precaria condición social se enmarcan en un movimiento social generalizado contra la dictadura de Machado. En 1937 asistió al II Congreso de la Defensa de la Cultura celebrado en Valencia, en plena Guerra Civil Española; y posteriormente se afilió al Partido Comunista de Cuba. Entre 1937 y 1938 dirigió la revista Mediodía, y en 1944 fue miembro editor de la Gaceta del Caribe. En 1959, tras el triunfo de la Revolución Cubana, fue nombrado presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Sus principales obras son Motivos del son (1930), West Indies, Ltd. (1934), El son entero (1947), ¿Puedes? (1959), Poemas de amor (1964), Poemas del zoo (1967), y El diario que a diario (1971).

 

Tengo

Cuando me veo y toco

yo, Juan sin Nada no más ayer,

y hoy Juan con Todo,

y hoy con todo,

vuelvo los ojos, miro,

me veo y toco

y me pregunto cómo ha podido ser.

 

Tengo, vamos a ver,

tengo el gusto de andar por mi país,

dueño de cuanto hay en él,

mirando bien de cerca lo que antes

no tuve ni podía tener.

 

Zafra puedo decir,

monte puedo decir,

ciudad puedo decir,

ejército decir,

ya míos para siempre y tuyos, nuestros,

y un ancho resplandor

de rayo, estrella, flor.

 

Tengo, vamos a ver,

tengo el gusto de ir

yo, campesino, obrero, gente simple,

tengo el gusto de ir

¡es un ejemplo!

A un banco y hablar con el administrador,

no en inglés,

no en señor,

sino decirle compañero como se dice en español.

 

Tengo, vamos a ver,

que siendo un negro

nadie me puede detener

a la puerta de un dancing o de un bar.

O bien en la carpeta de un hotel

gritarme que no hay pieza,

una mínima pieza y no una pieza colosal,

una pequeña pieza donde yo pueda descansar.

 

Tengo, vamos a ver,

que no hay guardia rural

que me agarre y me encierre en un cuartel,

ni me arranque y me arroje de mi tierra

al medio del camino real.

 

Tengo que como tengo la tierra tengo el mar,

no country,

no jailáif,

no tennis y no yatch,

sino de playa en playa y ola en ola,

gigante azul abierto democrático:

en fin, el mar.

 

Tengo, vamos a ver,

que ya aprendí a leer,

a contar,

tengo que ya aprendí a escribir

y a pensar

y a reír.

 

Tengo que ya tengo

donde trabajar

y ganar

lo que me tengo que comer.

 

Tengo, vamos a ver,

tengo lo que tenía que tener

Sudor y látigo

Látigo,

sudor y látigo.

 

El sol despertó temprano

y encontró al negro descalzo,

desnudo el cuerpo llagado

sobre el campo.

 

Látigo,

sudor y látigo.

 

El viento pasó gritando:

–¡Qué flor negra en cada mano!

 

La sangre le dijo: ¡vamos!

Él dijo a la sangre: ¡vamos!

Partió en su sangre, descalzo.

El cañaveral, temblando,

le abrió paso.

 

Después, el cielo callado,

y bajo el cielo, el esclavo

tinto en la sangre del amo.

 

Látigo,

sudor y látigo,

tinto en la sangre del amo;

 

látigo,

sudor y látigo,

tinto en la sangre del amo,

tinto en la sangre del amo.

 

Caña

El negro
junto al cañaveral.

 

El yanqui
sobre el cañaveral.

 

La tierra
bajo el cañaveral.

¡Sangre
que se nos va!

 

Burgueses

No me dan pena los burgueses vencidos.

Y cuando pienso que van a darme pena,

aprieto bien los dientes, y cierro bien los ojos.

Pienso en mis largos días sin zapatos ni rosas,

pienso en mis largos días sin sombrero ni nubes,

pienso en mis largos días sin camisa ni sueños,

pienso en mis largos días con mi piel prohibida,

pienso en mis largos días.

No pase, por favor, esto es un club.

La nómina está llena.

No hay pieza en el hotel.

El señor ha salido.

Se busca una muchacha.

Fraude en las elecciones.

Gran baile para ciegos.

Cayó el premio mayor en Santa Clara.

Tómbola para huérfanos.

El caballero está en París.

La señora marquesa no recibe.

En fin.

Que todo lo recuerdo y como todo lo recuerdo,

¿qué carajo me pide usted que haga?

Además, pregúnteles,

estoy seguro de que también

recuerdan ellos.

 

 


Escrito por Redacción


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