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Historia de la Resolución 2758
Voy a hacer un recuento histórico de Taiwán, una isla cuya identidad étnica, lingüística y cultural es eminentemente china.

Me parece que el pueblo de México, en particular los jóvenes, deben conocer su historia; y sobre todo conocer los episodios más críticos o controvertidos para saber qué pasó, guiarse mejor, no cometer errores y defender la soberanía nacional y su propia identidad. A modo de ejemplo sobre cómo se debe analizar un suceso político en extremo complicado, en este artículo voy a hacer un recuento histórico de Taiwán, una isla cuya identidad étnica, lingüística y cultural es eminentemente china, pero su pertenencia y soberanía le ha sido regateada a la República Popular China por el imperialismo yanqui y las potencias de Occidente desde la segunda mitad del Siglo XX.

Chuntao explica claramente que Taiwán, también conocida como Yizhou o Liuqiu, en tiempos antiguos, fue el sitio elegido por la antigua China para establecer los órganos administrativo y jurisdiccional del país. En el año de 1624, Holanda invadió el sur de Taiwán. Dos años después, España invadió el norte de Taiwán, pero sus invasores fueron desalojados por los holandeses. En 1661, el general Zheng Chenggong envió un ejército para recuperar Taiwán y expulsó a los holandeses en febrero de 1662, y conformó la prefectura Chengtian.

En 1683, la dinastía Qing mandó al general Shi Lang a atacar Taiwán; sin embargo, Zheng Keshuang, nieto de Zheng Chenggong se entregó pacíficamente a la corte imperial y la dinastía estableció la prefectura de Taiwán, subordinada a la provincia de Fujian. 

Después de la guerra chino-francesa en el año 1885, la dinastía Qing creó oficialmente la provincia de Taiwán.

En 1894, los japoneses desencadenaron la guerra chino-japonesa e invadieron China; y en 1895 fue derrotada la dinastía Qing y obligada a firmar el Tratado de Shimonoseki, con el que cedió la soberanía del territorio de Taiwán y las islas Penghu a Japón.

Ya durante la Segunda Guerra Mundial, en el año de 1943, se firmó la Declaración de El Cairo, en la que Estados Unidos (EE. UU.), Gran Bretaña y China establecieron que todo el territorio invadido por Japón debía ser devuelto a China: incluido Taiwán y las islas Penghu.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, el 26 de julio de 1945, China, EE. UU. y Gran Bretaña firmaron la famosa Declaración de Postdam para exigir la rendición incondicional de Japón y se acordó que éste debía respetar la Declaración de El Cairo. El 15 de agosto de 1945, Japón declaró su rendición y manifestó aceptar los artículos establecidos en las declaraciones de El Cairo y Postdam.

En 1949, al triunfo de la revolución china, militares y funcionarios del Kuomintang (KMT) se retiraron a Taiwán y en 1950, durante la guerra de Corea, la séptima flota de EE. UU. entró al estrecho de Taiwán para impedir su liberación por el ejército de China.

En 1954, EE. UU. proclamó el Tratado de defensa mutua para proteger a Taiwán con la autoridad administrativa de la provincia de Taiwán. Desde 1949 hasta 1970, al amparo estadounidense y otros países de Occidente, Taiwán obtuvo un escaño como “representante legítimo” de China en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hasta el 25 de octubre de 1971, cuando se aprobó la Resolución 2758, en la que se expulsa a los representantes de la autoridad taiwanesa y se emite que Taiwán forma parte de China y su gobierno es el único representante del pueblo chino.

El libro Echeverría a través de su tiempo destaca, cómo durante su discurso del cinco de octubre de 1971 en la ONU (20 días antes de la resolución), el entonces presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, sentó las bases para la incorporación de China a la ONU, cuando aseveró que para realizar el principio de universalidad, “será un avance trascendental dar la bienvenida durante el actual periodo de sesiones a los representantes de la nación que alberga en su territorio la cuarta parte de la población mundial: la República Popular China y su consecuente ingreso al sitio que le corresponde en el Consejo de Seguridad”. 

Esta posición no gustó en la Casa Blanca; y el entonces presidente estadounidense Richard Nixon quiso obligar a México a que se abstuviera de votar la Resolución 2758; pero el embajador en la ONU, Alfonso García Robles, habló con el presidente Echeverría para convencerlo sobre la importancia de votar a favor de la resolución pese a la presiones de Nixon, refiere en sus Memorias Emilio Óscar Rabasa, exsecretario de Relaciones Exteriores de México.

Fue así como el 25 de octubre de 1971 se votó la Resolución AGONU 2758, por la que se admitió – después de 22 años– a la República Popular China como la única y legítima representante del país llamado China en la ONU, por 76 votos a favor, 35 en contra y 17 abstenciones. México, Canadá, Chile, Cuba, Ecuador, Guyana, Perú y Trinidad y Tobago fueron los únicos países del continente americano que apoyaron esa histórica decisión.

El 14 de febrero de 1972, México y la República Popular China establecieron relaciones diplomáticas plenas mediante una declaración conjunta firmada por Alfonso García Robles, entonces representante de México en la ONU y el representante chino ante la ONU, señor Huang Hua. Ya se habían roto esas relaciones con Taiwán (Echeverría a través de su tiempo).

Los mexicanos no debemos olvidar nuestra historia y debemos fortalecer los lazos con China. Me da mucho gusto ver cómo se fortalecen las relaciones de China con Rusia y cómo se han desdolarizado sus relaciones comerciales en 90 por ciento. La unidad de los pueblos para la construcción de un mundo multipolar, desarrollado y compartido para todos, resulta fundamental para frenar los abusos de un sistema que, a pesar de sus obsolescencias, pretende imponer sanciones a China como la más reciente, que consiste en incrementar al 100 por ciento los aranceles a sus autos eléctricos. Pero los gringos “se toparán con pared”, porque mientras sus sanciones a China equivalen a 18 mil millones de dólares (mdd), las relaciones comerciales con Rusia en proyectos estratégicos representan 200 mil mdd.

Celebro el restablecimiento del vuelo comercial y de pasajeros entre México y China. México tiene pendiente la firma de la Franja y la Ruta y la modificación de la cláusula que el gobierno estadounidense impuso en el Tratado México-EE. UU.-Canadá (TMEC) para no suscribir un tratado comercial con China; pero el pueblo mexicano, libre y soberano, puede y debe hacerlo.

Como miembro del Movimiento Antorchista Nacional (MAN) apoyaré incondicionalmente el principio de una sola China, pues México está comprometido históricamente con esta gran nación del Extremo Oriente. 

Escrito por Brasil Acosta Peña

Es Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el CIDE.


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