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Filtración exhibe ineficiencia y doble rasero del Pentágono
Millones de personas saben que EE. UU. libra una guerra de facto y de jure contra Rusia, que ve a Ucrania como su peón de brega para socavar a China y Alemania, y que no confía en sus aliados.
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 Hoy, millones de personas saben que el gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) libra una guerra de facto y de jure contra Rusia, que ve a Ucrania como su peón de brega para socavar a China y Alemania, y que no confía en sus aliados.

Así lo revelan documentos del Departamento de Defensa del gobierno estadounidense (Pentágono) que un miembro de la Fuerza Aérea filtró a los medios de comunicación, y que explican por qué hoy los ciudadanos de ese país desconfían de las versiones de Washington sobre su política exterior y el curso de la guerra híbrida en Europa.

La penetración en los secretos de instituciones estratégicas como el Pentágono evidencia que la Casa Blanca ya no tiene el mismo control sobre su confidencialidad de Estado; y los ciudadanos se hallan en una faceta nueva del uso de su derecho a la información.

 

 

En febrero de 2022, después de que se iniciara la operación especial rusa en Ucrania, alguien subió información secreta de inteligencia militar a un grupo de chat en la aplicación de Discord, sin que el Pentágono se percatara. Entre marzo y abril de este año, medio centenar de materiales top secret se difundieron por esa App, escandalizando al mundo y causando una crisis política sin precedentes en EE. UU.

Esos documentos clasificados exhibieron el comportamiento sistemático del Pentágono, que es violatorio del derecho internacional porque hacen referencia a cómo auspicia conflictos armados regionales e internacionales y alienta protestas antigubernamentales en países aliados.

Son folios de inteligencia “altamente sensible y altamente clasificada” (protocolos de acción, planes y estrategias militares, reportes de inteligencia, entre otras medidas), que datan de finales de febrero a marzo y analizan lo que sucede en tiempo real.

La mayoría son fotografías y diapositivas de presentaciones y documentos, gran parte de ellos arrugados como si los originales hubieran sido doblados apresuradamente después de haber sido sacados de un sitio seguro para fotografiarlos sobre revistas y bolsas con cierre.

Su forma es consistente con los informes de la Revisión de Inteligencia Mundial de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que se distribuye entre altos funcionarios de la Casa Blanca, el Departamento de Defensa y el Departamento de Estado.

Tal difusión pudo ser mayor de lo que se pensó; ya que quien la hizo utilizó técnicas para evitar sus errores del pasado, reveló Jake Williams, exhacker de la Agencia Nacional de Seguridad y analista de ciberseguridad en IANS Research.

Después de la masiva filtración militar de WikiLeaks (2010), a Washington hoy le alarma que su más sensible información de inteligencia se haya filtrado a unos 200 millones de usuarios en redes sociales como Twitter, correos electrónicos y otras plataformas.

Fuentes del sector avalan su autenticidad y sugieren que serían documentos preparados a finales de 2022 para el presidente del Comité Conjunto de Jefes del Estado Mayor, Mark A. Miller y otros altos funcionarios. Por ello se estima que al menos un ciento de empleados gubernamentales habría accedido a ellos.

 

 

Éste es un aspecto importante, pues cuestiona la capacidad de la superpotencia bélica mundial para resguardar su propia información confidencial. El Departamento de Defensa ha admitido que los documentos filtrados son veraces, aunque afirma que sacarlos a la luz supone “un grave riesgo” para la seguridad del país.

Este escándalo evidencia operaciones de hackeo y filtración (hack and leak) en tiempo real, usuales en campañas políticas o diálogos entre altos funcionarios. Pero ahora son más precisas, y difunden datos sustraídos de agencias gubernamentales y empresas.

 

Geopolítica y mentiras

Desde su sede en Arlington, Virginia, el Pentágono confirmó que esa información “supone un grave riesgo” para la seguridad del país, en particular la relativa a la ofensiva contra Rusia en Ucrania. Para Washington, la exrepública soviética resulta crucial como “un peón en sus juegos de guerra”, con los que trata de no perder terreno frente a China, Rusia y, potencialmente, Alemania. El objetivo geopolítico de esa ofensiva consiste en mantener el orden neocolonial que encabeza.

Por ello obligó al canciller alemán Olof Scholz a separar Alemania de Rusia. Para lograr este objetivo, la CIA ejecutó un ataque terrorista contra los gasoductos Nord Stream (septiembre 2022), además de que desvió la atención hacia unos “oscuros disidentes” ucranianos y hacia un incompetente yate, como publicó el periodista Seymur Hersh.

Otras acciones de EE. UU. han ido desde cortar a Ucrania de Rusia hasta reconquistar Crimea –operación de blitzkrieg– y el Donbás para que los rusos sufran un cataclismo psicológico y se levanten contra el presidente Vladimir Putin y cambien el régimen.

Pero en esencia, los materiales filtrados revelan que esa “guerra proxy” no ha resultado como desea el Departamento de Defensa. Hasta ahora no se ha concretado la “contraofensiva de primavera” de Ucrania, la que habría comenzado a mediados de abril siempre que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) avanzara hacia el este.

 

 

Y más paradójico resulta que la mayoría de esos análisis reconozcan que Rusia lleva ventaja en el conflicto. Los debates al respecto coinciden en la comunidad de inteligencia anglosajona, conocida como Cinco Ojos o FVEY e integrada por EE. UU., Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda.

 

Revelaciones incómodas

Una primera conclusión que emerge de esta difusión radica en que EE. UU. está en estado de guerra contra Rusia. Y así como suministra municiones y equipos bélicos a Ucrania, nutre a sus puestos de comando con información de alto valor estratégico, como el de señalar los puntos nodales de las líneas militares rusas.

La segunda conclusión es que EE. UU. ejerce control total y absoluto sobre la participación de Ucrania en el conflicto. Pese a las mentiras del Pentágono y la OTAN, de que son ajenos a la conducción de las operaciones y que Kiev tiene el rol decisivo, la información filtrada lo desmiente.

EE. UU. actúa como el jefe de comando central con operadores en el terreno y puestos de avanzada como el búnker secreto de Lviv, que alojaba a asesores extranjeros y altos operativos de la OTAN, al que Rusia atacó con su misil Khinzal. La única gran certeza que brindan los documentos sobre sus agencias de inteligencia, es que EE. UU. persiste frenética y furiosamente en minar a sus adversarios en el conflicto de Ucrania.

 

Incompetente, la inteligencia de EE. UU.

 

 

Hoy, el mundo habla de “la incompetencia del Pentágono” en Ucrania. Un documento del Comando del Ejército de EE. UU. en Europa (EUCOM) refiere que obtuvo su inteligencia de fuentes abiertas. Eso significa que el Pentágono no tiene idea de cuántas armas, cuánto equipo y cuánta gente tienen ahora los ucranianos.

Otro material explica que la inteligencia de EE. UU. en Artemovsk vigila cómo los rusos calibran su defensa estratégica, y lo que califican como abandono “muy ordenado” de Kherson. De igual modo, hay informes que insisten en “reequipar” la defensa aérea ucraniana con misiles, aunque no explican de dónde procederían esos sistemas.

En general, los reportes filtrados sobre las hostilidades en Ucrania confirman que el Pentágono está absolutamente despistado sobre el terreno: qué pasa, cuál es el modus operandi y qué planes tiene para lograr sus objetivos, refiere Martyanov.

Al hablar de los NASAMS –sistemas de defensa aire-tierra de medio rango, que desarrolló el Pentágono con Raytheon– los oficiales ucranianos siempre escriben mal esos nombres en los documentos. Por ello, los expertos critican que falta uniformidad entre EE. UU y la OTAN en el uso de códigos y armas. Tal incompetencia en inteligencia y desafortunada mezcla de códigos oficiales con transliteraciones del ruso al inglés, “es como una Casa de la risa”, concluyó Martyanov.

 

Hay documentos que descubren la mentira de que EE. UU. ha evitado una guerra nuclear con Rusia, pues Washington mantiene activos –y abundantes– sus programas de ataque nuclear. A la vez, confirman que el Pentágono tiene acceso directo a las comunicaciones del Ministerio de Defensa ruso.

Otro hallazgo relevante es la falsificación de cifras de víctimas mortales para encubrir lo que realmente está ocurriendo en Ucrania. Según el Pentágono, Rusia ha perdido decenas de miles de tropas; en tanto que uno de los textos filtrados indica que Ucrania ya suma 71 mil 500 muertos en acción (KIA, en inglés), contra 17 mil 500 rusos.

El exmiembro de la CIA y actual activista antibélico, Ray McGovern, confirma estos números y sostiene que el Departamento de Defensa miente “tal como hizo en Vietnam, cuando constató que no ganaría ahí”. Otros textos revelan que, en Bakhmut y Armovsk, el ejército ruso ha asegurado su radio de acción con una mayoría de tropas de 10 a uno, y que utiliza una técnica de desplazamiento de caracol, combinada con su formidable maquinaria bélica.

Las incómodas revelaciones semejan el guión Espías contra Espías de la legendaria revista cómica MAD, parodia el politólogo Pepe Escobar. Parece una tremenda ironía que los documentos secretos del Pentágono cayeran en manos de la “maligna Rusia” y ahora los conocen por Internet millones de personas.


Para el régimen sionista de Israel habrá resultado intolerable conocer que EE. UU. lo espía y que el mundo conozca las oscuras maniobras políticas del Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales de Israel (Mossad) contra el propio primer ministro Benjamín Netanyahu.

En su control de daños, los secretarios de Estado, Antony Blinken, y de Defensa, Lloyd Austin, contactaron a sus aliados y socios para darles satisfacciones diplomáticas y tranquilizarlos. Blinken dialogó con su homólogo ucraniano, Dmitro Kuleba y Austin con su homólogo surcoreano, Lee Jog-sup. Se deslizó la posibilidad de que los documentos hubieran sido manipulados.

Al interior de EE. UU. las comisiones de Inteligencia del Senado y la Cámara de Representantes exigieron respuestas al gobierno de Joseph Biden por esa filtración que los pone de espaldas a la pared. Entre los investigadores privados, el bufete Tully Rinckey, informa que fue una piratería de documentos con resultados imprevistos.

 

Lejos del escándalo

Para la Federación Rusa, responder a las insinuaciones o acusaciones de EE. UU. por esa filtración implicaría otra batalla dentro de la ya declarada y caliente guerra híbrida. El presidente ruso Vladimir Putin ha insistido en la “coexistencia pacífica con EE. UU. y en establecer un balance de intereses”, dado su estatus de las dos mayores superpotencias nucleares del planeta.

Por otra parte, y aunque no guste a Occidente, los materiales filtrados refieren que el de Rusia es un sistema de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR) extremadamente complejo, con agentes en el terreno, guerra electrónica y constelaciones satelitales.

Para el experto militar ruso Andrei Martyanov, algunos textos filtrados tienen información seria y de inteligencia muy secreta. Sin embargo, en conjunto dan la impresión de haberse redactado con datos no recientes, fuentes abiertas y “todo empacado en un trabajo de mala calidad”.

Medios estadounidenses como CNN, The New York Times, The Washington Post, Fox News, entre otras fuentes, han ampliado la cobertura de los materiales sobre Rusia, e insisten en que los reportes difundidos sugieren luchas internas entre funcionarios del Kremlin, del Servicio de Seguridad Federal (FSB) y del Ministerio de Defensa sobre el conflicto en Ucrania.

Unas 27 páginas filtradas indican que, para resolver la disputa, el 22 de febrero, Putin se reunió con el Ministro de Defensa, Sergei Shoigu y el jefe del Grupo Wagner, Yevgeny Prigozhin. Éste habría acusado a Shoigu de crear problemas a esa organización por no dotar con municiones a sus tropas y no ayudar con transporte aéreo.

 

 

Al responder a una pregunta al respecto, el vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo que esa afirmación no tenía bases sólidas, pues su autor desconoce la esencia de lo que sucede en el interior de Rusia. En síntesis, declaró: “No tenemos la menor duda del involucramiento –directo o indirecto– de EE. UU. y la OTAN; pero no influirá en el resultado final de la operación especial”.

 

El soplón

La Oficina Federal de Investigación (FBI) señala como autor de la filtración a Jack Teixeira, de 21 años y miembro del Ala de Inteligencia de la Guardia Nacional Aérea de Massachussetts. Se le detuvo sin mayor resistencia en una residencia de North Dighton.

Se le cita como líder de un grupo en Discord al que envió decenas de materiales de información clasificada del Departamento de Defensa durante meses. Sus amigos lo describen como una “figura paternal” o “como un tío” que les impuso la orden de no reenviar ese material confidencial de inteligencia al que accedió por su trabajo.

Fue identificado por las autoridades digitales al comparar su fotografía con las que envió, lo que propició la detección irrefutable de semejanzas. Lo acusan bajo la Ley de Espionaje de 1917 que considera como delito la sustracción, retención o transmisión de información de defensa nacional. El sitio Discord notificó que coopera con la investigación.

 

 

Fuentes de The Washington Post describen al joven como ultraderechista, antisemita, racista y amante de las armas. El diario accedió a un video donde Teixeira está en un campo de tiro y profiere insultos antes de disparar al blanco.

Teixeira no se ha declarado culpable ni inocente; su proceso se efectuará en un Tribunal Federal de Boston; y su abogado de oficio ha pedido tiempo para responder a los cargos. La Fuerza Aérea le quitó su misión en la 102ª Ala de inteligencia, con base en Cape Cod donde servía. Cuando preguntaron al vocero del Kremlin si Rusia tendría algún reclamo sobre Teixeira, Peskov respondió: “esto debería ser una preocupación para los servicios especiales de EE. UU.; nuestra tarea es analizar esos datos”. 


Escrito por Nydia Egremy .

Internacionalista mexicana y periodista especializada en investigaciones sobre seguridad nacional, inteligencia y conflictos armados.


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