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Mientras el gobierno expresa solidaridad con Palestina y condena la violencia en Gaza, existe un dato que difícilmente aparecerá en la “mañanera”: durante 2025, Israel se convirtió en el principal proveedor de armas de fuego del Estado mexicano, por encima incluso de Estados Unidos (EE. UU.). Este hecho no procede de ninguna filtración ni de un documento clasificado, es información oficial que el propio Gobierno de México reportó ante el Tratado sobre el Comercio de Armas (Arms Trade Treaty, ATT en inglés). ¿Cómo se explica que un gobierno que asegura solidarizarse con Palestina incremente, al mismo tiempo, la compra de armamento al Estado invasor y genocida de Israel?
Las cifras reflejan la gravedad del asunto. Según los informes que México entregó al ATT, las importaciones de armamento israelí pasaron de mil 572 unidades en 2024 a siete mil 649 en 2025: un incremento de más del 380 por ciento en un solo año. En el rubro específico de armas de fuego, Israel desplazó por primera vez a EE. UU. como principal proveedor de nuestro país. No se trata de un repunte aislado, sino de una tendencia sostenida que crece; además, en el mismo momento en que la invasión a Gaza se recrudece.
Alguien podría pensar que se trata simplemente de la compra rutinaria de equipo para las corporaciones mexicanas de seguridad. Sin embargo, la adquisición de armamento, del tipo que sea, nunca es una decisión políticamente neutra. Cada contrato de los gobiernos no sólo incorpora bienes al inventario de un Estado, en este caso fusiles, pistolas o municiones; también fortalece económicamente a las empresas que los fabrican y compromete las relaciones comerciales y estratégicas con el país que los produce. En otras palabras, cuando el gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T) decide comprar armas a Israel, también está decidiendo que el dinero de los mexicanos llegue a un gobierno al que la Corte Internacional de Justicia investiga por genocidio. Por eso, el debate no consiste únicamente en el aspecto administrativo, sino también en la coherencia política.
Conviene recordar, además, el tamaño del negocio. La industria militar israelí es una de las más desarrolladas y rentables del mundo. Durante décadas, y con el respaldo financiero, tecnológico y bélico de EE. UU., Israel ha construido un poderoso complejo militar-industrial que hoy exporta sistemas de defensa, misiles, radares y drones a decenas de países. Tan solo en 2024, sus exportaciones de armamento alcanzaron el récord de 14 mil 795 millones de dólares, más del doble que los cinco años anteriores y el cuarto año consecutivo en que esta cifra rompe su propio techo. Es más, buena parte de esas armas se comercializan, incluso, como “probadas en combate”, es decir, ensayadas sobre la población de Gaza antes de ofrecerse al mundo. Por ello, cada compra realizada por gobiernos como el mexicano representa ingresos que fortalecen esta industria de muerte y guerra israelí.
Y es aquí donde aparece una de las principales contradicciones de la 4T. Mientras condena la violencia en Gaza y expresa solidaridad con Palestina, el gobierno financia directa e indirectamente los crímenes cometidos por Israel en Gaza con total impunidad. Ante los cuestionamientos, la respuesta se ha repetido: minimizar. La Presidenta aseguró que no se trataba de nuevas adquisiciones, sino de refacciones y componentes para equipo ya existente, comprados a solicitud de los estados. Sin embargo, la distinción no toca el fondo del asunto, pues sea una cosa u otra, cada peso pagado a Israel, sea por un fusil o por una refacción, el resultado es el mismo. Y frente a ello surge una pregunta que el gobierno morenista debería responder: si la compra de armas fortalece económicamente a la industria militar israelí, ¿hasta dónde y en qué medida la 4T contribuye a sostener una guerra que ha dejado más de 73 mil muertos, cerca de 174 mil heridos y la destrucción masiva de hospitales, escuelas y viviendas en Gaza?
Por eso, conviene no perder de vista que las invasiones y los genocidios no se reducen a soldados y bombardeos, también encuentran soporte en oficinas de gobierno, contratos comerciales y decisiones presupuestales firmadas a miles de kilómetros de Palestina. Ahí, en ese terreno menos visible, México ha tomado partido. La compra de armas no explica por sí sola la tragedia en Gaza, pero coloca al Estado mexicano dentro de la maquinaria que la hace posible. Mientras esos contratos sigan firmándose, la 4T seguirá siendo cómplice de los crímenes cometidos contra un pueblo inocente.
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Escrito por Dante Montaño Brito
Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM.