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Kavya: veinte epigramas
"Kavya" es un poema corto de la poesía lírica sánscrita del periodo clásico, enfatiza el ánimo en que fue escrito. En 1995, Octavio Paz publicó la traducción del inglés al español de 20 epigramas de la India del Siglo IV al XII.
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El sánscrito clásico fue una lengua hablada por una minoría culta, al lado de las hablas y dialectos populares (prakrit). Kavya es un poema corto de la poesía lírica sánscrita del periodo clásico, enfatiza el ánimo en que fue escrito. Se han llegado a identificar nueve tipos de temperamento poético: excitación sexual, risa, pena, ira, energía, miedo, asco, deslumbramiento y paz. La extensión de los poemas oscila entre los dos y seis versos acomodados en cuatro líneas de versos impersonales, es decir, respondían a la necesidad de abolir al individuo en pro del colectivo.

El 26 de enero de 1995, Octavio Paz publicó en la revista Letras Libres la traducción del inglés al español de 20 epigramas de la India del Siglo IV al XII seleccionados previamente en una antología de Daniel H. H. Ingalls. En las notas previas de sus traducciones explicaba detalles de los versos: “algunos de los poemas que he traducido son pasionales y otros ingeniosos, unos risueños y otros sarcásticos como el número 18, Paz, pesimista negación tanto de la liberación (moksha) que nos ofrece el hinduismo de la iluminación budista (nirvana)… el número seis, La lámpara ruborosa, hay un juego levemente blasfemo: la palabra nirvana quiere decir extinción y asimismo la beatitud de aquel que ha roto la cadena de las transmigraciones. En el número cinco, El tallo, hay una palabra que necesita una explicación: romavali significa la delgada línea de vello que sale del pubis y llega unas pulgadas antes del ombligo. Era una marca de belleza y el signo del tránsito de la adolescente a la madurez sexual” (Paz, Letras Libres, 1995).

Además, aborda un amplio espectro de similitudes con los poetas alemanes, franceses y españoles del Siglo XIX, sobre todo con Baudelaire y el Marqués de Sade y ofrece esta selección como una deuda pagada con el país, luego de su renuncia a la embajada.

 

1. Las dos vías

¿Para qué toda esta hueca palabrería?
Solo dos mundos valen la devoción de un hombre:
la juventud de una mujer de pechos generosos,
inflamada por el vino del ardiente deseo,
o la selva del anacoreta.

Bhartrihari

 

2. Amor

Admira el arte del arquero:
no toca el cuerpo y rompe corazones.

 

3. Aparición en el arroyo

Sacude la melena
y entre el desorden de sus rizos
brillan límpidas gotas.
Cruza los brazos y comprueba
la novedad creciente de sus senos.
A sus muslos se pega, translúcida, una tela.
Levemente se inclina, lanzando una mirada,
y sale de las aguas a la orilla.

 

4. Primera cita

El deseo la empuja hacia el encuentro,
la retiene el recelo; entre contrarios,
estandarte de seda, quieta, ondea
y se pliega y despliega contra el viento.

Kalidasa

 

5. La nueva ciudadela

Hacia arriba, apenas una línea,
asciende y brilla el romavali,
asta de la bandera que ha plantado
el amor en su nueva ciudadela.

Ladahacandra

 

6. La lámpara ruborosa

La lámpara de amor ya alcanzaba el nirvana
pero quiso mirar lo que esos dos harían
a la hora del acto: curiosa, estiró el cuello
y al ver lo que veía, exhaló un humo negro.

 

7. Confidencia: confusión

Al lado de la cama
el nudo se deshizo por sí solo
y apenas detenido por la faja
se deslizó el vestido hasta mis ancas.
Querida, no sé más: llegué a sus brazos
y no recuerdo ya quién era quién,
lo que hicimos ni cómo.

¿Vikatanitamba? ¿Amaru?

 

8. Ecuación

Si las ajorcas del tobillo callan,
aretes y collares tintinean;
si se fatiga el hombre
su pareja, briosa, lo releva.

 

9. Sus pechos

Dos monarcas hermanos, iguales en nobleza,
en la misma eminencia se miran, lado a lado,
soberanos de vastas provincias que han ganado
en guerras fronterizas, desafiante dureza.

Bhavakadevi

 

10. El tallo

El romavali, tallo firme, sostiene
altos, dos lotos: sus senos apretados,
casa de dos abejas: sus pezones obscuros.
Estas flores delatan el tesoro
bajo el monte del pubis escondido.

 

11. Arriba y abajo

Todavía hoy recuerdo sus aretes de oro,
círculos de fulgores, rozando sus mejillas
–¡era tanto su ardor al cambiar posiciones! –
mientras que su meneo, rítmico en el comienzo,
al galope después, en perlas
convertía las gotas de sudor que su piel constelaban.

Bilhana

 

12. El sello

¿Cuándo veré de nuevo, firmes, plenos, tus muslos

que en defensa se cierran el uno contra el otro
para después abrirse, al deseo obedientes,
y al caer de las sedas súbito revelarme,
como sello de lacre sobre un secreto obscuro,
húmeda todavía, la marca de mis uñas?

Kishitisa

 

13. La invitación oblicua

Viajero, apresura tus pasos, sigue tu camino,
los bosques están infestados de fieras,
serpientes, elefantes, tigres y jabalíes,
el sol se oculta ya y tú, tan joven, andas solo.
Yo no puedo hospedarte:
soy una muchacha y no hay nadie en casa.

 

14. Otra invitación, menos oblicua

Aquí duerme mi anciana madre,
aquí mi padre, el viejo más viejo entre los viejos,
aquí, como una piedra, la esclava
y aquí yo duermo, yo que por no sé qué pecado
merezco estos días de ausencia de mi esposo...

Le decía al viajero la joven casada.

Rudrata

 

15. Edad

Mira este cano pilar de victoria.
Gané: tus flechas, amor, ya no me tocan.

Dharmakirti

 

16. Campeona

Si se trata de zurcir vestidos rotos
yo no tengo rival en este mundo.
También soy maestra en el arte
de hacer rica comida con pobres condimentos.
Soy una esposa.

Vira

 

17. El pedagogo

No llevo cadenas
doradas como la luna de otoño;
no conozco el sabor de los labios
de una muchacha tierna y tímida;
no gané, con la espada o la pluma,
fama en las galerías del tiempo:
gasté mi vida en ruinosos colegios
enseñando a muchachos díscolos y traviesos.

 

18. Paz

Atravesó los ríos del deseo
y ahora, inmune, apena y alegra,
el fin limpio de impuros pensamientos,
la beatitud alcanza, con los ojos cerrados.
–¿Quién y dónde?
–¿No miras, viejo y fofo,
a ese fiambre tendido en su mortaja?

 

19. Sin fantasma

No truena ni graniza,
no dispara relámpagos
ni desata huracanes:
esta gran nube simplemente llueve.

 

20. Sol y sombra

Bajo el sol impiadoso
a otros les da sombra
y para otros da sus frutos.
El hombre bueno es como un árbol.


Escrito por Redacción


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